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Prueba de amor

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Prueba de amor

Mensaje por Geneviev el Miér 22 Ago - 21:05


Es el primer Fan Fic de Versailles que escribo.
La historia esta basada en un cuento que mi madre me contaba cuando era pequeña.

Lo hice de KamijoxHizaki, por que eran los que mejor cuadraban en la trama *-* Pero,
quizás y hayan sorpresas >.<

Espero y os guste ♥




Capítulo 1 - Detrás del muro



Suspiró apoyado en aquel muro de piedra oscura. Sus hermosos ojos reflejaban una luz sumamente impactante, capaz de hipnotizar a cualquiera que se atreviera a mirarlos. Aquella luz era brillante como los rayos del sol que, sobre el caían, y hermosa como los pequeños pétalos de la flor del cerezo japonés que, a su alrededor llovían. Bañando también algunos de sus hermosas ondulaciones rubias, como la miel y suaves como la seda.

Todo aquel gran valle que se encontraba a su frente, era capaz de dejar sin palabras a cualquiera. Todos los árboles de este, eran bañados por el color esperanza, dejando ver algún que otro pajarillo volar a sus alrededores. Las flores, vestían sus hermosos colores de amarillas a violetas, sin olvidar los magentas y los celestes, eran visitas por mil abejas, dejando a oír el zumbido de sus alas al batir en el vuelo. Algún que otro conejillo travieso brincaba los prados mas verdes, haciendo que su pelaje gris brillase con la apacible luz del sol.

Todo era sumamente hermoso a su alrededor, pero como el, no podía haber absolutamente nada. Su rostro, el más angelical que podía haber en toda la faz de la Tierra. Una piel clara y suave, como el mismo algodón. Sus ojos, dos diamantes oscuros pero brillantez, con una mira llena de paz y sinceridad, decorados con unas bellas pestañas negras, largas y delicadas. Las cuales le hacían tener una mirada coqueta al pestañear. Su nariz una obra de arte, pequeña y sumamente perfecta. Y sus labios… finos pero gruesos, carecían de carnosidad pero eran la perdición para todo el que los mirara. Siempre sin estar completamente cerrados, dejando ver una pequeña parte de sus blancos dientes. Los cuales parecían perlas, envueltos en los olorosos pétalos de la rosa más roja y hermosa.

Pero, ¿De que le servía toda aquella belleza, si el hombre al cuál amaba en silencio ni siquiera sabía de su existencia?

Todas las mañanas, cuando el gallo entonaba su saludo al comenzar el día, salía corriendo de su pequeña casa hasta el muro. Bajo el, había un viejo tronco de roble, gastado y castigado por el paso de los años en la misma circunstancia. Subía en el y apoyaba sus sedosas y largas manos decoradas con unas uñas de tono carmín sobre el muro. Cruzando después sus brazos y recostando su cabeza sobre uno de ellos, mientras que en su angelical rostro, una sonrisa sincera se dibujaba mientras lo miraba a él.

Sobre un caballo, de blanco pelaje como la nieve, y de largos cabellos como hilos de plata, se encontraba él. El ladrón de sus sueños.

ÉL era el hombre mas deseado por las doncellas del reino.

El príncipe Kamijo.

Un hombre alto y esbelto. Su rostro varonil dejaba a sus espaldas una brisa de suspiros y desmayos interminables. Sus ojos, pura agua cristalina. Dotados de un tono azul casi transparentes. Con una mirada penetrante, casi como si dejara tu ser desnudo y viera tu alma. Claros espejos del mar. Su nariz, la cual parecía tallada en marfil y su boca, de labios finos y tenuemente rojizos. Todo ellos, hacia que el príncipe diese a ver un semblante serio, pero, seductor.

Sumido en sus pensamientos, mientras lo miraba y suspiraba, el hermoso muchacho de cabellos dorados no se dio cuenta de que poco a poco, la madera del roble comenzaba a estallarse y que pronto rompería.

Dando un gran grito de susto, cuando se oyó como la madera estallaba y se partía haciéndole caer de espaldas sobre el pasto verde dándose un buen golpe en su espalda. Su madre, quien lo había visto todo desde la pequeña ventana de madera de su cocina, salió de inmediato a donde su hijo se encontraba. Lo encontró tumbado de espaldas, y poco a poco intentando levantarse lo cual era inútil. Lo intentó ayudar y cuando el muchacho se encontraba casi completamente de pie, oyó alguien llamando al portón de madera que mantenía la pequeña casita y su granja aislada del valle.

La mujer de cabellos blancos se acercó a la puerta dejando a su hijo sentado en un pequeño banco de piedra cerca del cerezo.

- Oh, alteza ¿se le ofrece algo?

Hizaki, que estaba sumido en sus pensamientos, y en la imagen de su amado sobre su caballo no se dio cuenta con quien hablaba su madre hasta que la voz del príncipe fue captada por sus oídos.

- Buenos días señora. Disculpadme el atrevimiento, pero he oído un grito, y me ha parecido que venía de este lugar. Y me ha parecido correcto el preocuparme por si todo iba bien.

Las pupilas del rubio se dilataron al escuchar aquella voz tan seria llegando a sus oídos y rápidamente se levantó, olvidando consigo el dolor de su cuerpo tras la brutal caída. Caminó con miedo hacia la puerta. Sus piernas temblaban y los nervios recorrían su cuerpo sin parar. Lo quería ver. No le importaba lo espantoso que estuviera después de su caída. El tenerlo cerca por primera vez en su vida, el poderlo ver sin un muro de por medio… Eso era lo que llevaba añorando toda su vida.

Cuando dejo que su cuerpo asomase por la puerta, su mirada chocó con la de su príncipe. Jamás había visto unos ojos tan sumamente hermosos como aquellos. Claras gotas de lluvia. Kamijo sintió como su corazón comenzó a bombardear su sangre mucho más rápido de lo normal. Al igual que él, Hizaki estaba totalmente atónico su boca no podía ni siquiera expresar un simple “Buenos días”.

Su madre, se percató de cómo los dos chicos se miraban totalmente perdidos el uno en el otro. Sabía que el motivo por el que su hijo cada mañana se subía en el tronco del roble, era simplemente el poder ver al príncipe paseando en su caballo.

- El es mi hijo Hizaki – Rompió el hielo, y los dos muchachos volvieron en si. – Ha caído mientras arreglaba unas cosas. Le he dicho que tuviese cuidado, pero no me hizo caso. – Pellizcó la mejilla del de cabellos dorados, haciendo que se sonrojara en el acto y sonriera. Sonrisa que cautivo al príncipe Kamijo por completo.
- Buenos… días. Alteza. – Dijo cabizbajo he hizo una reverencia ante el príncipe.

Kamijo, no emitía ninguna señal de vida. Estaba atónico viendo aquellos ojos oscuros pero bellos, sonrisa tan coqueta y las mejillas totalmente teñidas de un magenta claro, que tenia aquel muchacho. Un ángel.

- Buenos días, Hizaki. – Como aquella voz pronunció su nombre, hizo que el rubio se sintiera volar. – Me alegra saber que todo esta bien. – Sonrió esta vez el, sin sacarle la vista al otro muchacho, que de nuevo lo miraba perdido en el. – Si me disculpan debo de retirarme.

Tomo la mano de la señora y dio un beso en ella, como todo un caballero. Ella simplemente sonrió, sonrisa que le fue devuelta.

- Hizaki – Susurró tomando la mano del chico lo cual hizo que ha ambos les diera un vuelco el corazón al sentir la piel del otro. Sin apartar sus miradas besó con suavidad aquella piel desnuda con aroma a vainilla. La cual deseó seguir besando por una eternidad si era posible.

El rubio, estaba a punto de sucumbir.

La mujer cerró el gran portón de madera mientras que Hizaki seguía mirando como el príncipe se alejaba hasta llegar a su caballo blanco y subir en el. Pudo ver como Kamijo miró hacia atrás aun sonriendo antes de partir.

Pronto su mente se nublo y cayó al suelo inconsciente. Dejando a su madre riendo, ya que ella esperaba un desmallo. Si no era delante del príncipe, seria después.

En las profundidades del bosque, por un sendero cubierto por los pétalos de las flores iba Kamijo. Sonriendo, perdido en el recuerdo de la belleza que había acabado de conocer.

- Hizaki… - Susurró con su amarga voz, pero sus ojos brillaron como la luna en una noche sin nubes.

Tenía en mente una idea para poderlo volver a ver pronto. Pero necesitaba descansar primero, luego ya habría tiempo para pensar en su idea.

El siguió su camino hasta el palacio, preguntándose… ¿Cómo era posible que aquel muro de piedra, escondiera la belleza más reluciente del universo?


Última edición por Geneviev el Dom 25 Nov - 9:56, editado 3 veces
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Re: Prueba de amor

Mensaje por Ritsuka Teru el Jue 23 Ago - 20:32

me encanto esta muy bonito y también interesante :Clapping:
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Re: Prueba de amor

Mensaje por Geneviev el Vie 24 Ago - 19:20

Ritsuka Teru escribió:me encanto esta muy bonito y también interesante :Clapping:

Muchas gracias por comentar ♥️ Me alegra el que te haya gustado ^^
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Re: Prueba de amor

Mensaje por Geneviev el Vie 24 Ago - 19:31


Gracias a Ritsuka Teru por su comentario (=^.^=)

Aquí traigo el capítulo dos, espero que les guste ♥




Capítulo 2 - Rosa de espinas

Sus altas botas de cuero resonaban en los peldaños de mármol del gran palacio. Hacia la entrada principal, se dirigía el príncipe con una impecable sonrisa que nadie conseguiría borrar fácilmente. En su mente, la imagen del hermoso joven se repetía cientos de veces, haciéndole creer que, en vez de suelo caminaba en nubes. Que en vez de luces veía estrellas, y que al final de aquel camino recubierto de sueños, su hermoso ángel lo esperaba con sus alas abiertas.

Pero no fue así. Al incorporarse en uno de los tantos pacillos del palacio, siguió caminando por el hasta chocar con su padre, quien caminaba tranquilamente con su esposa de la mano. Le había hablado a su hijo si, pero Kamijo no tenia ninguno de sus cinco sentidos puestos en el momento, por lo cual no oyó a su padre hablarle hasta dicho choque.

- ¿Cuántas veces debo decirte, que vayas con mas cuidado? – El rey lo miró confundido por un momento. Kamijo solo se había limitado a mirarle y sonreírle.

El rey no comprendía nada de lo que pasaba, pero la reina, como toda mujer a su hijo, puedo leer aquellos ojos celestes y ver el brillo que los llenaba. Sonrío para si misma. Sabía perfectamente en que clases de épocas de la vida se presentaba ese brillo. Ella lo había visto ya, en los ojos de su marido cuando la miró por primera vez. Comprendía que su hijo había visto a alguien que le había llamado la atención, y quizás de una manera muy fuerte.

- Déjalo Takuyou. Creo que yo se lo que le pasa. – El hombre confuso la miró, y bufó. Ella en cambio le dio una mirada cómplice a su hijo la cual el entendió.

Kamijo siguió su camino hasta sus aposentos, mientras que oía en la lejanía la voz de su padre diciendo mil y una quejas del reciente comportamiento de su hijo. A las cual el príncipe no les tomó importancia.

Una vez en su alcoba, se dedicó a cambiar su ajustada ropa por algo más cómodo. Vistiendo una camisa de manga larga blanca, sencilla pero holgada. Dejando ver parte de su pecho, debido a que no gustaba de abrocharla. Se puso un pantalón sencillo también de color marrón pálido, y dejó sus pies descalzos.

Llegada la tarde, en su puerta se oyeron unos golpes procedentes del otro lado.

- Adelante

Cuando la puerta se abrió, apareció un hombre un poco mas bajo que el príncipe. Su piel era pálida, llevaba el pelo castaño, cortado de forma dispareja. Sus ojos eran oscuros. Y su rostro de un gran atractivo. Su ropa daba a entender que era un miembro más de la familia real.

- ¿Me buscabas? – El hombre pasó a la alcoba de Kamijo y cerró la puerta tras de si.
- Dirígete a mí con más respeto. – El príncipe miró al otro con burla.
- Quizás, algún día… - Rió

Kamijo se levantó de su cama y se dirigió a una pequeña mesa de tea tallada en con dibujos en plata, donde se encontraban una serie de whiskies de distintos países y sirvió dos copas.

Se encaminó hacia el otro chico y le tendió una de las copas.

- Hare un baile. – El otro que estaba dando un sorbo a su copa se atraganto y comenzó a reírse.
- ¿Tú? Pero si no sabes bailar. – Kamijo lo miró de reojo.
- ¿Y acaso tú si? Yuki.
- Eres tu el que va ha organizar el baile. Así que a mi no me mires. – Mostró una sonrisa burlona la cual hizo que Kamijo también riera. – Y, ¿a qué se debe dicho baile? Si tienes ganas de ver mujeres, podemos ir a una taberna que hay… - Se quedó con la palabra en la boca ya que Kamijo interrumpió.
- He visto a alguien. - Al recordar a Hizaki, sus ojos volvieron a brillar.
- Mi primo enamorado… Quién lo iba a decir.
- No estoy enamorado. Simplemente me resulto de gran atractivo, nada más. – Eso era lo que el quería creer. Sabía que si sus padres se enteraban de que Hizaki era un hombre, jamás podría volver a verlo, por muy príncipe que fuera.
- ¿Y cuál es su nombre? – Volvió a interrumpir sus pensamientos Yuki.
- No lo se. – Habló rápido y con nerviosismo.
- Entonces, quieres hacer el baile para ver si la vez de nuevo. – Le sonrió moviendo sus cejas.
- Exacto, y, ahí entras tu. – Lo miró divertido. – Quiero que vayas casa por casa llevando las invitaciones. Quiero ver a todas las mujeres en el baile.

Recordaba, que Hizaki vestía un traje sencillo el día que lo vio. Un vestido corto de altura, pero tampoco mucho, dejando ver parte de aquellas piernas tan bonitas. Así que si la invitación le llagaba sus sospechas de verlo vestido de mujer en el baile serían reales. Y así todo sería mucho más fácil. Pero claro estaba una cosa, que al príncipe le aterraba, y era, el si Hizaki no llegaba. ¿Qué haría entonces?

- Todas… ¿incluso las que no son de familias ricas? – Volvió a interrumpir de nuevo su primo.
- Si… Todas. Desde los alrededores del castillo, hasta el principio del reino. Sin que te falte ni una casa. Por que, de lo contrario, como no la vea en el baile, atente a las consecuencias. Será en dos días.
- Vaya… que miedo. – Se burló Yuki levantándose. – Te informaré de cómo me fue el paseo. – Abrió la puerta de la alcoba del príncipe y se fue cerrando tras de si.

Kamijo, se levantó de su cama y se acercó a su balcón, apoyándose en una de las columnas de mármol. Su balcón estaba enredado de un rosal de rosas profundamente rojas. Tomó una de ellas sin importar las heridas que hacían las púas en sus dedos y la olió. Miro al horizonte, y pudo divisar la pequeña finca donde vivía su hermoso Hizaki. Tenía, muchísimas ganas de verlo, y deseaba con ansias el verlo en el palacio el día del baile.

La primera parte de su plan, ya estaba en marcha.

- Tu mirada es hermosa, tu rostro angelical, pero… debo de averiguar si tu corazón es igual y sincero, Hizaki. – Olió la rosa de nuevo y sonrió…

Deseaba con ansias que pasaran los dos días ya.


Después de que se hubiese despertado acostado en aquel sillón ocre, su madre le había hecho una serie de preguntas que le había resultado molesta y pesada. Ella le pregunto sobre el príncipe y el no puedo negar el sentirse bastante atraído por el.

Le gustaba Kamijo desde que era un niño. Recordaba que la primera vez que lo vio fue tomando cerezas de los cerezos que había al otro lado del muro. Lo había visto a través de las separaciones que habían en las maderas del portón y se sintió muy atraído por el. Vio a un niño de mas o menos su misma edad. Rondaba los once años, y era de tez blanca y mejillas teñidas de un ligero rojizo debido al calor. Su pelo color miel caía en capaz hasta tocas la mitad de su cuello, y algunos mechones los llevaba por delante de sus ojos azules, los cuales habían enamorado a Hizaki nada mas verlos. Ya era alto, mas que el. Se mostraba elegante en cualquier lugar, y en todo el reino se hablaba de los buenos modales del joven príncipe.

Desde ese día, Hizaki observó su crecimiento día por día. Año por año. De la noche a la mañana aquel niño ya era un adolescente, que en un abrir y cerrar de ojos se había convertido en un hombre.

Hizaki, por su lado… crecía con gran belleza. Su cuerpo no se tornó nunca a ser marcado o ancho. Sus manos no se pusieron gruesa ni su piel tampoco. Y su rostro no reflejaba un hombre del todo. Pero al eso le gustaba, ya que se mostraba distinto a lo demás. Simplemente único. Vestía con vestidos por que se sentía mas ligero, y jamás había entendido el por que se veía mal que una hombre llevase vestido o una mujer pantalones.

- Hizaki, saldré al mercado. – Habló su madre desde la pequeña cocina. – Necesito algunas frutas y verduras, si viene alguien…
- Se amable, y compórtate como todo un señorito. Dile que he salido si me buscan y no olvides cerrar el portón una vez que se haya ido. – Habló Hizaki. – Ya me lo se cabeza Sakura.
- Buen niño. – Se acerco a el y le dio un beso en la cabeza. – No tardare.

Al estar seguro de que su madre ya estaba lejos, subió corriendo ha su habitación. No era grande. Tenía una pequeña cama cerca de la ventana, un armario y una mesa de noche. Sus paredes eran de piedra beige y sobre su mesa de noche tenia un pequeño candelabro.

Se puso de rodillas en su cama y miró por su ventana. Desde allí miró el gran palacio. Sonrió al recordar lo sucedido por la mañana. Y volvió a perderse en sus pensamientos. Volviendo a ver la imagen del príncipe allí, a poco espacio de el.

Se pregunto, si cabría la posibilidad de que Kamijo pensara en el.


Última edición por Geneviev el Lun 12 Nov - 17:56, editado 1 vez
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Re: Prueba de amor

Mensaje por Ritsuka Teru el Vie 24 Ago - 20:08

me encanta esta muy bonito :Clapping:
me encanta como escribes
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Re: Prueba de amor

Mensaje por Eternal Rose el Vie 24 Ago - 20:26

:Clapping: tu fic me emociona mucho
escribes muy bien, continuala :Flower_For_You:
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Re: Prueba de amor

Mensaje por Geneviev el Sáb 25 Ago - 15:26

Ritsuka Teru escribió:me encanta esta muy bonito :Clapping:
me encanta como escribes

Gracias por comentarme ^^ :Clapping:
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Re: Prueba de amor

Mensaje por Geneviev el Sáb 25 Ago - 15:33

eternal rose escribió: :Clapping: tu fic me emociona mucho
escribes muy bien, continuala :Flower_For_You:

Muchas gracias ^^ me alegra que te guste.:Bye:
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Re: Prueba de amor

Mensaje por Angel_cm el Sáb 25 Ago - 23:29

Hdjsdgssrs me fascinaaaaaaaa :3 escribes hermoso :3 continualoo :3
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Re: Prueba de amor

Mensaje por Geneviev el Dom 26 Ago - 23:31


¡¡Sorpresa!! Me salió mas largo!!

Muchas gracias a las que han comentando, de verdad ♥
Me he sonreído cuando he leído, que escribo hermoso >.<
Eso ha podido conmigo, muchísimo ^^

Espero que os guste este capítulo!




Capítulo 3 – Belleza por doquier


La sala era espaciosa. Sus paredes eran lujosamente pintadas en todos los colores, reflejando preciosas obras de arte en la pintura. El techo era totalmente tallado en madera color caoba. Dos grandes lámparas de cristal eran el punto perfecto para aquella pared y aquel techo, adornabas con cientos de velas blancas, todas dando su hermosa luz. Todo estaba ordenado, el oro de los retratos brillaba como diamantes. En el suelo color salmón y jade se reflejaba todo como si fuera agua.

En uno de los tantos sillones, se encontraban los reyes con una mirada confusa.

- Así que me complace deciros que, haré un baile. – El príncipe, miraba por un gran ventanal, rodeado por unas hermosas cortinas jade, aterciopeladas y recogidas con dos cintas adornadas en hilo de oro y piedras preciosas.

Dio la vuelta sobre si mismo y miró a sus padres, quienes seguían con la misma cara de confusión que al principio. Si sabían que Kamijo era un chico inquieto. Pero de ahí a que organiza un baile por decisión propia con lo perezoso que era… totalmente desconocido para ellos.

- Se que es lo que pensáis. Que eso no es algo propio de mí. – Sonrió enseñando sus blancos dientes y sus colmillos puntiagudos.

Su sonrisa cautivaba, ver aquellos colmillos en un hombre tan atractivo como el dejaba suspiros por doquier. A las doncellas era una de las cosas que mas le gustaba del príncipe, aparte del titulo. Le daba un misterioso aire vampírico, y mas acompañándolos aquellos preciosos ojos aguamarina. Aunque para su desgracia, no era ningún vampiro.

- No veo convincente tu idea sobre un baile. – Habló su padre mientras cruzaba sus brazos. – Además…
- Yo te apoyo. – Interrumpió la reina. – Como reyes que somos algún baile de vez en cuando no vendría mal a nuestra imagen. ¿No es verdad, Takuyou?

El rey, era el único que no se sentía a gusto con la idea. Le gustaba la tranquilidad, el silencio y tampoco le hacía mucha gracia ver el castillo lleno de gente. Era un hombre desconfiado. Eso no se podía negar.

- ¿Dijiste algo, Sizuka? – La reina quien se encontraba sentada a su lado lo miro de reojo. – ¡Ah! Si, me parece bien. Por esa parte es una gran idea. Pero yo creo que menor no realizar ningún ba…
- Ya esta organizado. – Le interrumpió el príncipe quien volvía a mirar por la ventana. – Yuki esta en este momento leyendo la carta de invitación, a cada una de las doncellas del reino. Por lo cual padre… - Se dio la vuelta y caminó a paso relajado hasta el. Su elegante forma de caminar era sumamente seductora, colocando un pie delante del otro y una gran firmeza acompañada de un gran equilibrio. – No os queda opción. – Mostró un poco sus dienten en una pequeña sonrisa que hizo nacer furia en el rey. – A no ser, que lo suspendáis, pero entonces, quedareis como un rey despreocupado por su reino. – Su sonrisa se agrando, mientras que la cara de su padre seguía roja como el fuego.

El príncipe no quería decirse a los reyes el motivo por el cual había pensado en aquel baile. Sabía que si les contaba algo sobre Hizaki, se vería rodeado de un interrogatorio las veinticuatro horas del día, y eso no era algo que le agradara su persona. Quería que Hizaki fuera un secreto, por el momento.


Sus hermosos párpados seguían cerrados, pensando en el príncipe, cuando un dulce olor a jazmín se adentro por su nariz y sus ojos se abrieron. Coló una de sus manos por dentro del canesú de su sencillo vestido, buscando el accesorio clave del collar que siempre llevaba. Una preciosa rosa tallada en piedra violeta quedo extendida sobre sus dedos. La observó por un momento y una fina y cristalina lágrima vivió de sus ojos haciendo su precioso camino por sus aterciopeladas mejillas hasta chocar con sus dulces labios.

- Jasmine… - Susurró. – Como me gustaría que estuvieras aquí. – Rompió en llanto, mientras cerró su mano apretando la rosa contra su pecho.

Jasmine, era el hermano menor de Hizaki. Era un muchacho encantador, que siempre vestía en colores oscuros, violetas o lilas claros. A diferencia de Hizaki, su rostro era más fino, sus labios más gruesos y sus ojos eran como dos grandes luceros llenos de vida y amor. Para Hizaki no había un mejor hermano ni amigo que el. Lo escuchaba y siempre lo aconsejaba, daba la cara por el fueran las circunstancias que fueran. No podía en el mundo haber un ser más bondadoso que Jasmine. Todo parecía ir bien pero un día enfermo, Hizaki pensaba que pronto se curaría pero no fue así. De la noche a la mañana su hermano y amigo, se convirtió en su ángel de la guardia. El sabía que siempre estaba con el, pero a veces la necesidad de verlo físicamente era muy fuerte.

Se recostó en la madera gastada de la ventana, y cerró su mano con la pequeña rosa dentro de ella. Cerró sus hermosos ojos. Sus parpados pronto brillaron al ser bañados por aquellas saladas aguas que nacían de sus lagrimales. Respiró profundamente el aroma del jazmín, mientras que notaba la presencia de Jasmine cerca. Sentía la paz llenar su delicado cuerpo y una sonría se dibujo en su bella cara empapada por las lagrimas. Sabía que el estaba allí, a su lado.

Un peculiar sonido llegó a sus tímpanos, y se sentó en su cama. Asomó su precioso rostro por la ventana, y pudo divisar un caballo detrás del portón de madera. Era extraño recibir visitas a esas horas de la tarde.

Corrió escaleras abajo mientras sus preciosas ondulaciones doradas se movían de manera graciosa. Mientras que se dirigía a la puerta limpio con la manda de su vestido su cara de los restos de lágrimas. Se miró a un pequeño espejo, sus ojos estaban un poco rojos, pero al ser de noche eso no se notaría tanto.

Salió de su casa, y un poco de frió ataco su cuerpo. Se cubrió con sus brazos y su precioso pelo se movía ligeramente con la fina brisa. Caminó con sus pies descalzos por la fina hierba húmeda del jardín hasta llegar al portón.

Cuando abrió la puerta, un hombre de pelo castaño lo observaba. Vestía un traje verde oscuro con adornos en color dorado, una capa igual. Unos flecos de hilo dorado adornaban sus hombros y unas largas botas negras de corsé sus piernas. Al lado izquierdo de su chaqueta llevaba una preciosa rosa. Hizaki supo rápidamente que se trataba de alguien de la familia real.

- Buenas tardes señorita. – El chico se inclino delante de Hizaki, haciendo el exactamente lo mismo. – Soy Yuki, primo del príncipe Kamijo. – Con solo oír su nombre se sentía en el mismo cielo. – He venido a leeros una invitación al gran baile que se celebrará dentro de dos días en palacio. - Los ojos de Hizaki se abrieron al máximo. – ¿Hay alguna otra doncella en la casa?
- N-no… - No pudo evitar tartamudear. Y en ese instante el que lo tratara de señorita, era lo menos que le importaba.

Yuki sacó un estuche de cuero oscuro de un bolso que colgaba de la silla del caballo. Cuando lo abrió, sacó un papel enrollado en un lazo rojo. Al deshacer el lazo y se convirtió en una gran hoja en de tonos sepia, con el escudo real en una esquina.

“En nombre de los reyes y del príncipe Kamijo, se le hace saber que está invitada al baile que se celebrara en palacio dentro de dos días. El que dará comienzo a las diez de la noche, en la gran sala real. Esperamos su presencia. El príncipe Kamijo.”

Cuando el muchacho acabó de leer, volvió a guardar la hoja en el estuche volviéndola a enrollar primero. Hizaki estaba en una situación realmente emocionante.

- Hermosa doncella, el carruaje estará aquí el viernes a las diez menos diez de la noche. Espero verla por allí, mi vida correría peligro si no fuera. – El chico rió al recordar la amenaza de su primo antes de salir de su habitación.
- Por supuesto que iré. – El de melena dorada no cabía en la felicidad. Yuki simplemente sonrió.

¿Qué veían todas las doncella en Kamijo que no tuviera el? - pensó.

- Pase buena noche joven señorita. – Tomó la mano de Hizaki y le dio un rápido beso en ella, como todo un caballero.

Hizo una reverencia ante el, al igual que Yuki.

El hombre subió a su caballo y marchó para el palacio. Esa, era la última casa que visitaba. Debía de informarle al príncipe que ya había terminado con su deber.
Hizaki entró a su casa corriendo y feliz. Todavía no creía lo que le había acabado de pasar.

Su madre se había tardado un poco en regresar. Le contó la noticia rápidamente a lo cual ella también se sorprendió. Entendía que a su hijo le gustaba el príncipe, pero en el fondo le daba un poco de miedo el propósito de ese baile. El solo pensar que sería un baile para buscar esposa la asustaba, ya que eso pondría demasiado mal a su preciado niño.

Subió rápidamente a su habitación y se asomo por la ventana de nuevo, Otra vez, el aroma de aquella dulce flor se adentro en el. Miró al cielo y una estrella fugaz lo cruzó dejando un rastro de una luz preciosamente brillante a su paso. Sonrió dejando ver sus hermosas perlas y de nuevo una lagrima camino su suave mejilla.

- Gracias… - Susurró pensando en Jasmine.

Se quedo allí por un momento. Dejó caer su cuerpo en su cama y mirando el estrellado cielo, cayó en los brazos de Morfeo.


El aire frió de la noche no lograba crear sensación en su perfecto cuerpo. Caminaba a paso lento por el jardín. El aroma a rosas daba un toque más romántico al ambiente. Aunque era triste el no tener con quien compartirlo.

Ya le habían informado de que todo el reino había recibido el mensaje. Se sentía feliz, pero tenía miedo de no ver a Hizaki en el baile.

Se sentó en el borde de una gran fuente que estaba rodeada de rosas. Muchos colores y muchos aromas juntos. Toda una maravilla para la vista y el olfato del príncipe quien era un fiel amante de las rosas.

Para el, la vida era como una rosa. Naces lleno de color y ternura. Mientras que te vas abriendo al mundo muchas miradas de envidia o de amor te observan. Al camino de la vida vas perdiendo algunos valores, como pétalos de rosa… y al final todo acaba. La rosa se marchita. Pero hay algunas rosas que tienen la suerte de tener un buen guardián… Las guarda, y cada vez que las ve, un amor de su pasado revive. Entonces es ahí cuando no importa los años que hayan pasado. Si tu corazón es cálido, te mantendrás vivo durante toda la eternidad, por que alguien te recordara, y desde ese momento, desenredan muchas mas rosas…

Kamijo acaricio las rosas de sus alrededores con sus varoniles manos y suspiró.

- Haré un precioso ramo. Y te lo entregaré dentro de dos días, mi hermosa princesa. – Sonrió y las siguió acariciando. Mientras que en cielo, una preciosa estrella fugaz vivió y murió, reflejando su preciosa luz, en el agua de la fuente.

La miró y sonrió… Cuando pensaba en Hizaki, todo a su alrededor era hermoso.

No dos esperanzas de que en el próximo capítulo sea el baile!
Ya que nuestro hermoso Hizaki necesita un preciosos vestido
y algún que otro accesorio!! ♥


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Re: Prueba de amor

Mensaje por Geneviev el Lun 27 Ago - 22:23

Angel_cm escribió:Hdjsdgssrs me fascinaaaaaaaa :3 escribes hermoso :3 continualoo :3

No había visto el tuyo >.< Muchas gracias ♥!!
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Re: Prueba de amor

Mensaje por Geneviev el Vie 31 Ago - 12:23


¡Sorpresa! Este es más grande todavía
He decidido ponerle un poquito de acción también
Ya me dirán que les pareció –mueve las cejas-


Capitulo 4 – El hombre encapuchado


El colorido ruiseñor entonaba su precioso canto posado en la madera gastada de su ventana. Los rayos del sol ya caían sobre las tierras, y las mariposas revoleteaban libremente sobre las flores. El zumbido de las abejas se hacia presentes, las cuales tomaban su polen de las flores de cerezo.

Abrazó su almohada y se removió en su pequeña cama mientras que una mano acariciaba su espalda por encima de su ropa. Se dio la vuelta al notar los rayos del sol en su rostro. Molesto por la mano que lo movía abrió los ojos y miró. Su madre mostraba una gran sonrisa.

- Es hora de levantarse Hizaki, tu vestido no vendrá solo.
- ¿Qué vestido? – Su hermosa voz estaba totalmente adormilada.
- El que te pondrás para el baile de mañana. – Sus ojos se abrieron.
- ¡EL BAILE! – Gritó levantándose de la cama con rapidez.

Se dirigió a su pequeño armario de madera y lo abrió de par en par. Lo miró todo de forma muy revoltosa y muy graciosa a los ojos de su madre. Después de un rato, suspiró.

- No tengo ningún vestido elegante. – Con su cabeza gacha, se sentó en el borde de su cama. Su madre lo imitó, y paso un brazo por sobre sus hombros.
- Pero se quien tiene y nos puede dejar uno a un buen precio.

Los ojos del muchacho de cabellos dorados se iluminaron como el sol en lo alto del cielo, y sus preciosos dientes se vieron a atreves de una preciosa sonrisa. Sabía perfectamente bien a donde lo iba a llevar su madre.

Después de darse un baño, ropa limpia y desayunar. Se dirigieron a la pequeña cuadra que se ocultaba tras su casa. Allí tanto su madre como el, tomaron cada uno su caballo. Aunque la mujer ya era un poco mayor no había perdido la agilidad en su cuerpo. Así salieron de la pequeña villa. Hizaki tenía la esperanza de ver a Kamijo en su caballo dando su mañanero paseo como todos los días entre los cerezos, pero no fue así. Entristecido llegó al centro del pueblo.

El olor a pan recién hecho llenó su olfato. Amaba ese olor. Todas las calles estaban llenas de gente. En especial de mujeres. Tenía una idea de lo que a todas le pasaban ya que correteaban tienda por tienda, sobre todo las de vestidos y accesorios. Su mirada, se entristeció al recordar que no sería el único en ese baile. Que Kamijo no lo miraría a el ya que estaría rodeado de mujeres hermosas.

Dejaron sus caballos amarrados a una baranda de madera gastada. Al frente una pequeña tienda dejada en el olvido. Al poner su mano en el picaporte sintió una mirada sobre el, se giró sin que su madre se diera cuenta pero no vio a nadie, y pensando en que debía de ser alguna alucinación abrió la puerta. Al entrar, una minúscula campanita hizo sonar todo el lugar, y se oyeron pasos procedentes del piso superior.

Ambos subieron. Había un largo pasillo lleno de cuadros antiguos, pinturas de otras personas seguramente ya fallecidas por las fechas de sus firmas. Llegaron al final, donde una puerta los esperaba. Al abrirla los ojos de Hizaki volvieron a brillar.

Todo estaba lleno de tela por doquier. Hermosas joyas yacían por cualquier lugar, y preciosos vestidos se exponían en un lado, todos en maniquís. La habitación estaba muy iluminada, dejando que los adornos de las telas brillaran con la luz, como si de un tesoro se tratase. Un ligero suspiro se escapó de sus labios.

- Bienvenidos. – Un hombre casi de la misma edad de su madre salió de detrás de una montaña de tela. – Sakura, Hizaki que alegría me da volver a veros. – Los abrazó a ambos a la vez. – Ha pasado mucho tiempo desde la última vez.
- Si, demasiado. – Habló Sakura. – Necesito un vestido. El más hermoso que tengas.
- ¿Con corsé? – Ella negó.
- Es para Hizaki. – El señor abrió los ojos al máximo. “¿Un hombre con un vestido?” pensó.

Conocía a Hizaki desde que era un niño, y sabía de su feminidad, pero nunca pensó que alguien como el necesitaría alguna vez un vestido de porte elegante. Lo veía un muchacho muy sencillo. Pero sabía que detrás de sobre como era Hizaki, tan puro como el agua, así que el mismo se encargaría de que quedara como una joya.

Tomó una cinta y midió su cintura, después sus brazos y por ultimo su pecho. Anotó sus medidas en una hoja vieja y arrugada con una pluma gastada. El hombre comenzó a rebuscar en unas estanterías llenas de cajas delgadas y alargadas. Mientras que Hizaki miraba por la ventana. Entonces se asustó.

Había un persona totalmente encapuchada oculta tras una pared mirando hacía el lugar por el cual el había entrado. No podía distinguir quien era, ya que su túnica impedía ver si era hombre o mujer. Tampoco podía ver su cuerpo entero, ya que gran parte de el se ocultaba tras la pared, y su cabeza era tapada por una capucha, negra al igual que el resto de la túnica. Ahora entendía lo que había sentido antes de entrar al lugar. Seguramente lo estaría espiando a saber desde cuando.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por el hombre el cual volvió con una caja de cartón, marchitada por el paso del tiempo. La colocó sobre una mesa llena de papeles con patrones de costura y la abrió.

- Pruébatelo. – Dijo mientras sacaba el vestido de la caja.

Tras unas cortinas un poco rotas, Hizaki se desnudo, dejando solo su ropa interior. Jamás en su vida se había puesto un vestido así. Y nunca pensó que se presentaría la ocasión en la que se lo tuviera que poner.

Cuando por fin logró ponérselo, se miro en un espejo que pie que había en el pequeño probador. Su vestido era perfecto.

La tela en lo principal era un precioso estampado floral en colores violetas. Sus mangas estaban adornadas por preciosos volantes que caían de ellas al llegar al codo. Tenía un precioso lazo en la parte superior del vestido, bajo de este, un pequeño corsé en hilos rojos. Todo su vestido estaba lleno de diminutos pero preciosos adornos, entre encajes y lazos. La parte de su falda era abierta por delante, dejando ver una preciosa tela blanca, llena de encargues también. Le encantaba aquel vestido.

Salió de allí dejando a un sastre y a su madre con la boca abierta.

- Es perfecto. – Dijo sonrojado, y acariciando el vestido por la parte de su vientre.
- Y te queda perfecto. – El hombre se acerco a el, tomándolo por una mano, y lo obligó a dar una vuelta, como si de danza se tratase. – Sólo hay un pequeño problema. – Miró el final de su falda. – El vestido arrastra un poco. ¿Sabes caminar con tacones? – Hizaki negó con la cabeza.

Se volvió a perder en uno de sus pequeños cuartos y apareció con unas botas de cuero blanco.

- Póntelas, y dime si he acertado en la talla.

Hizaki se las puso no muy convencido ya que nunca había caminado con tacones. Le daba vergüenza el pensar que podría resbalarse delante de toda la multitud, incluyendo a Kamijo, y hacer un espectáculo. Caminó un par de pasos y se dio cuenta de que no eran del todo incomodas. Su altura había aumentado unos centímetros, pero se sentía muy elegante.

- No son tan incomodas. – Sonrió.
- Estate con ellas el mayor tiempo que puedas para que tus pies se adapten.

Al ser alguien conocido, Hizaki tuvo que aceptar el vestido y las botas como un regalo.

Salieron de la tienda y se encaminaron a los caballos. Antes de subir, Hizaki hecho vista atrás, y pudo ver detrás de una de las tantas paredes al encapuchado. Ahora estaba más que seguro que era un hombre, ya que a pesar de estar oculto su altura lo decía todo.

El encapuchado se dio cuenta de que Hizaki lo había visto y dio la vuelta rápidamente para intentar disimular. Cosa que no le resulto.

- Espera aquí. – Dijo el chico de cabellos dorados entregándole las cosas a su madre.

A paso ligero llegó a donde el encapuchado se escondía.

- ¡Oiga! – Su voz era elevada, en el fondo estaba molesto. - ¡¿Se puede saber porque usted me espía desde antes?! – Antes de recibir siquiera un simple murmullo, aquella persona de túnica oscura salió corriendo. Pero Hizaki tampoco se quedó quieto.

Comenzó a correr detrás de aquel sujeto. Su furia no podía ser escondida.

- ¡QUE SEPAIS QUE SOIS UN MALDITO INDECENTE! – Gritaba el bello joven, al que todo el mundo miraba aterrado. Otros simplemente miraban aquella escena y reían. Podía oír la risa del hombre encapuchado a varios metros delante, todavía corriendo. - ¡Y ADEMÁS TENÉIS LA POCA VERGÜENZA DE REÍOS!

No supo cuanto tiempo estuvo persiguiéndolo, ni por cuantas calles paso. Pero estaba completamente seguro de que jamás lo alcanzaría. Paro por falta de aire. El sujeto siguió su camino a paso ligero y Hizaki vio como doblaba en una esquina. Ni siquiera sabia en que parte del reino estaba, ni que tan lejos se hallaba su madre. Pero lo que estaba claro era que le costaba mucho respirar.

A paso lento logró llegar a la esquina donde aquel hombre había doblado. Exhausto, se apoyo en una pared intentando conseguir la respiración de nuevo, pero su sorpresa fue, cuando una preciosa rosa se interpuso ante su vista, sujetada por una mano de piel blanca y con algunos anillos de grandes piedras en algunos de sus dedos. A su lado, el encapuchado al igual que el apoyado.

- Hizaki... – Aquella voz le resultaba muy familiar. Ese tono serio y ronco. Se sobresalto al saber que el sujeto sabía su nombre.

Tenía la posibilidad de quitarle la capucha y ver quien era, pero su cuerpo estaba totalmente bloqueado, más cuando la preciosa rosa blanca acaricio su mejilla siendo guiada por aquel hombre misterioso.

Su mano izquierda fue tomada por la ajena a la que sujetaba la rosa y fue llevada hasta quedar dentro de aquella capucha aterciopelada azabache, allí, unos suaves labio acariciaron su pálida piel y con el pulgar, el hombre acaricio sus dedos. Sintió el calor de la mano de Hizaki la cual beso. El delicioso aroma dulce del muchacho llegó al hombre el cual no se pudo contener más y saco su mano a la luz de nuevo. De ella tiró de Hizaki y lo atrajo hacía el, fundiéndolo en un abrazo con cuidado de no romper la rosa.

Respiró el dulce olor de aquellos tirabuzones rubios que brillaban con la luz del sol. Podía sentir que Hizaki estaba petrificado, pero no le importaba con tal de lograr tenerlo cerca por unos segundos lo cual estaba resultando. Su emoción fue notada al abrazarlo mas fuerte, con cuidado de no asfixiar a su bella presa. Una vez satisfecho, a su pesar lo soltó dejándolo totalmente congelado. Tomó una de sus manos y dejo la rosa en ella. Cerrando los dedos de Hizaki con los suyos.

Se giró rápidamente y desapareció entre la multitud.

Caminó a paso ligero hasta llegar a uno de los extremos del reino. Entró por una estrecha calle alejada de cualquier persona, con mal olor y sucia. Al final de aquel callejón había una pequeña puerta de metal de la cual tiró y abrió. Había salido del reino, aun con la capucha tapando su rostro.

Llegó a un pequeño arbusto, donde detrás de este se encontraba un caballo totalmente negro con una mancha blanca en el hocico.

Sacó su capucha debido al calor y sonrió.

Aquellos afilados colmillos y sus preciosos ojos azules solo los podía tener un hombre en todo el reino.

Terminó de desabrocharse la túnica y se la quitó. Su cuerpo estaba cubierto de sudor, su pelo rubio estaba totalmente mojado y su cara roja por el calor que había pasado.

Había tenido suerte, pero no todo salió tal y como el lo hubiera planeado. En realidad no hubo plan pero tuvo la suerte de ver a su precioso Hizaki en una de las calles por las que el pasaba desapercibido, ya que si se hubieras llegado a dar cuenta de que era el, llegaría a oídos reales. El solo se había hecho la idea de vigilarlo un momento, necesitaba ver su belleza. Pero no contó con que Hizaki se diera cuenta.

De cualquier forma el resultado final le había encantado.


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Re: Prueba de amor

Mensaje por Angel_cm el Vie 31 Ago - 18:29

T.T que te puedo decir... ME FASCINAAA por favor continualooooo :3
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Re: Prueba de amor

Mensaje por Eternal Rose el Vie 31 Ago - 19:39

*-* Quiero otro capii!!!!! :Flower_For_You:
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Re: Prueba de amor

Mensaje por Geneviev el Mar 4 Sep - 20:51


Primero que nada, muchas gracias por los comentarios *^*
Este capi va un poco así para conocer un poquito mejor a cerca de nuestro hermoso Hizaki
¡¡En el próximo, ya vendrá lo que muchos quieres!!
Empezaré a preparar el baile *^*
Espero y disfruten este capi <3



Capitulo 5 – Recuerdos dolorosos

Sus parpados ligeramente cerrados. Una brisa rebelde, movía sus sedosos cabellos rubios revolviéndolo un poco. Aquellas manos, adornadas con grandes anillos descansaban apoyadas en el frio mármol, y, su cuerpo descansaba ligeramente sobre una de las columnas de su balcón.

En la brisa, intentaba buscar el dulce aroma del muchacho de ondulaciones doradas, sin hallarlo pero sin olvidarlo. Su cuerpo necesitaba la calidez que había sentido aquella mañana en la que lo abrazaba. Ahora, frente al crepúsculo, se sentía frió. En el fondo de su corazón algo dolía, ya que sabía que si Hizaki no le demostraba la sinceridad de su interior, ningún futuro le esperaba con su compañía, ni siquiera una amistad.

Perdido en sus pensamientos, una preciosa gota salada desfiló por su clara tez hasta llegar a su cuello donde se perdió empapándose con su pelo. Abrió sus ojos dejando ver sus preciosas pupilas azules y con su mano se limpió las próximas lágrimas que se disponían a salir. Sin darse cuenta de que a su lado había alguien.

- ¿A se deben esas lagrimas? – aquella voz femenina lo saco de sus pensamientos, y dio un pequeño brinco sin moverse de su sitio. – Se que estas ocultando algo, Kamijo. Una madre, sabe cuando su hijo necesita ayuda, o simplemente un consejo.

Con un ligero pañuelo de seda color crema, Sizuka limpió con suma suavidad las mejillas de su hijo.

- Hay alguien que te esta causando esas lagrimas ¿verdad? – Su hijo asintió. – Lo sé, desde ayer, cuando llegaste de dar tu paseo habitual, y de hay, el motivo del baile. ¿La conozco? – El artículo que su madre había empleado para dirigirse a su hermoso Hizaki, lo hirió más.
- Ni siquiera yo se quien es. Nunca hemos cruzado palabras, solo se quien es de vista. – Lo mejor era mentir en esta situación. Sabía perfectamente que el que Hizaki fuese hombre podría complicar las cosas en muchos sentidos. – Quiero organizar el baile para poderle ver.
- Entonces, no veo el motivo por el cual llorar. Estoy segura de que siendo tú, cualquier muchacha del reino estará a tus pies. Pero, Kamijo… elige correctamente, no quiero que solo juzgues su exterior. – Miró a su madre la cual le mostró una leve sonrisa, y recordó su plan.
-De eso, podéis estar completamente segura madre. Yo me encargaré personalmente de conocer su interior.

Sizuka tenía toda su confianza puesta en su hijo. Sabía que cuando se trataba de amor, Kamijo era capaz de amar de una forma muy profunda, como el mismo océano. Jamás había tenido una novia, aunque muchos reyes vecinos le entregaban la mano de sus hijas, el nunca acepto. Desde edades tempranas la reina sabía perfectamente que para su hijo solo podía haber una persona en el mundo, solo tendría que esperar a la correcta.

El reloj de la torre oeste del castillo, hizo saber que eran las once de la noche gracias a sus notorias campanas.

Seguía sentado en su balcón, observando con aquellos ojos azules las rosas que lo decoraban. El viento se hacía más fuerte, y algunos de los pétalos de aquellas maravillosas flores se convertían en juguetes para la brisa. Volaban en círculos llenando con su maravilloso olor el aire, danzando de forma juguetona en la suave brisa de primavera. Era como si todas bailaran al son de la misma canción.

- No puedo dejar de pensar en ti ni un solo segundo. – Su mirada se centro en la preciosa luna. – ¿Estarás tu pensando en mi?

De un pequeño salto, bajó del balcón. La capa de su largo abrigo negro arrastraba por el suelo, llevando consigo algunos de los pétalos de rosas. Entró en la habitación y miró por unos segundos su cama.

Llevaba muchos años viéndola vacía. Por un momento se imaginó allí el cuerpo del rubio y sonrió. Sin duda alguna, Hizaki allí quedaría maravillosamente perfecto.


Sus pies dolían un poco. Llevaba todo el día con las botas puestas. De vez en cuando se las quitaba, ya que la piel de sus pies se ponía por momentos roja. Se había tropezado un par de veces, pero rápidamente volvía a caminar bien. A muchas horas de práctica le había pillado el truco. Aunque para el, como estar descalzo no había nada.

Llevaba todo el día pensando en el hombre encapuchado que lo había abrazado en la mañana. Aquel comportamiento nadie lo había tenido con el jamás.

A ratos se imaginaba que hubiera pasado si hubiese sido el príncipe quien lo hubiera abrazado de aquella manera tan sobreprotectora. No había duda en que sus tersas mejillas se teñían de un magenta coqueto cuando pensaba en ello. Pero a su vez, sabia que ese pensamiento que se hacía era totalmente falso… Una simple fantasía.

En si toda su vida era eso, una simple fantasía acompañada de algún que otro sueño.

Desde pequeño se adaptó a su vida como plebeyo. Sabia que nadie de la nobleza o de rango superior consentiría que alguien se casara con un plebeyo como el. Por lo cual, toda su vida la había dedicado al campo, los animales y todo aquello que por muy pobre que fuera, lo hacía feliz.

Pero, todo en su vida a veces se volvía oscuro. Muchas veces recordaba a su padre y a su hermoso hermano. Cuando todos eran una familia que se quería y respetaba. Nunca comprendió porque la vida lo había tratado tan mal, tanto a su madre como a el en ese aspecto.

Cuando tenía apenas nueve años, su padre salió temprano como era de costumbre a trabajar. Era un leñador que trabajaba de sol a sol para poder mantener a su esposa e hijos. Aquella mañana iba a un sitio muy peligroso, lleno de altas veredas. Tenía que limpiar un camino de pinos y robles. Aquel mismo día llegó a su casa otro de los leñadores y muy a su pesar le dijo a Sakura que su esposo, había resbalado y caído de una alta vereda provocándole la muerte minutos después.

Aquello había roto a la madre de Hizaki tanto como a ellos. Perder la figura paterna había sido algo muy cruel y duro tanto para el muchacho de ondulaciones doradas como para su hermano.

Los años pasaron y cuando parecía que todo volvía a cobrar vida de nuevo en la familia, Jasmine enfermó gravemente.

El miedo de perder a su único amigo y hermano se acorralo de Hizaki, quien no quería volver a ver sufrir de aquella manera a su madre. Los días pasaron y el hermoso muchacho empeoro, no hubo nada que se pudiera hacer por el.

Hizaki lloraba todas las noches desde su ventana, cuando el aroma a jazmín llegaba a sus fosas nasales.

Nunca comprendió el porque su madre y el tenían que haber sufrido tanto. Primero su madre perdía al hombre que tanto había amado, y ahora su hijo pequeño.

Esos recuerdos azotaron a Hizaki quien se encontraba en el umbral de la puerta de salida tomando aire. A la preciosa luz de la luna, una fina gota cristalina apareció en su cara. Eran recuerdos dolorosos, y quería olvidarlos.

Quería comenzar a formar su vida, al lado de alguien que lo amara y que el amase. A su mente, solo vino una imagen inmediata. Tez clara, ojos azules rostro serio y pelo rubio como la miel, imagen cuyo nombre era Kamijo.

Nunca había entendido porque tenía que sentir algo tan fuerte por alguien tan prohibido.

“Otro acto cruel del destino” pensó.

Ahora el estaba allí, a menos de un día para poder ver su amado príncipe de nuevo. Quería mirarlo y perderse en sus ojos de diamante por toda la eternidad. Tenía claro que su vida iba ha cambiar, para mejor, para peor o simplemente… Seguiría siendo, igual.


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Re: Prueba de amor

Mensaje por saki_gloom el Miér 5 Sep - 20:55

es muy bella...me facina...QUIERO MAS!!!...espero el siguiente con muchas ansias...KISU :Kisses:
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Re: Prueba de amor

Mensaje por Angel_cm el Vie 7 Sep - 19:27

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Re: Prueba de amor

Mensaje por Geneviev el Dom 9 Sep - 1:56


Muchas gracias a Saki_gloom y a Angel_cm por sus comentario :3
Advierto que esté capitulo puede llegar a ser un poco aburrido... xD
Ha sido el que mas he tardado en escribir, por que cuando lo estaba
escribiendo, por mitad mas o menos mi hermana entró sin tocar y
se puso a hacerme un cuestionario de que escribía y se me cortó el
momento de gloria (?) xD

Espero que les guste <3


Capítulo 6 – Cuenta atrás

Desde las primeras horas del día, todo el reino había estado en bullicios. Las bellas y elegantes damas correteaban cada calle de mosaicos gastados en busca de los últimos retoques para las elegantes galas que tenían planeadas de usar esa noche ante el príncipe Kamijo. Todo era un caos de murmullos y comentarios. Nadie sabía que tenía planeado su alteza para aquel anochecer.

De la nada, siguieron los rumores de que el príncipe planeaba casarse y que la idea del baile había sido para seleccionar la esposa adecuada. Las damas de grandes grados nobles, paseaban con su cabeza en alto, creían que mejores esposas que ellas no podía haber. ¿Qué más podía desear Kamijo? Todas ellas mujeres de dinero, rodeadas de lujo y de rica elegancia. Solo, esperaban que no hubiera ninguna Cenicienta que estropear la reputación de un baile de tan alto rango. Sin saber, que no se trataría de ninguna Cenicienta, si no de la única persona que había atrapado el corazón del futuro rey.

A oídos del hermoso Hizaki, llegaron dichos rumores causándole una gran tristeza. Sentía en el fondo de su ser un gran dolor. Las ganas de llorar se apoderaban de su persona cada pocos minutos. Había estado esperando aquella noche durante dos días que parecieron dos años. Pero ahora que el momento había llegado no sabía como afrontarlo.

Su expresión se había mantenido seria todo el día, y ahora que la tarde comenzaba a florecer en el cielo turquesa, seguía exactamente igual. La emoción corría por sus venas junto con su sangre, pero lo que su mente procesaba le daba a entender que no tendría ninguna posibilidad con el príncipe, siempre y cuando los rumores fueran ciertos.

Suspiró y destapó la caja que se encontraba a su lado. Acarició la preciosa seda de la tela del hermoso vestido. Lo sacó de la caja y lo dejó extendido en su cama.

- ¡Hizaki! – Su madre sonó emocionada. – Te ayudare a arreglarte.

Con una sonrisa forzada entró al pequeño baño, donde su madre le había preparado una bañera de agua caliente. Con sus delicadas manos rosó las asillas de su vestido color crema, resbalaron por sus hombros y al no tener donde sujetarse, caer al suelo. Luego, retiró su ropa interior. El agua impactó contra su piel haciendo que el calor que esta tenía consigo relajase al hermoso rubio.


Las velas rodeaban aquel espejo de brillantes reflejos y enmarcado en oro. Dentro de aquella gran habitación todo era silencio, excepto su intranquila respiración. Alrededor de los jarrones los pétalos de las rosas morían a su alrededor. El príncipe había estado muy nervioso durante todo el día, que se había olvidado por completo de cuidar sus niñas.

Los pantalones de cuero hasta su cintura le hacían lucir todo su elegante tipo. Unas altas botas negras de corsé con un poco de tacón hasta la rodilla le daban su incomparable aire de galán. Para su parte superior, se había puesto una camisa holgada, blanca y con encajes al finalizar en sus muñecas. De un precioso perchero de madera y bronce tomó su abrigo. Este era de terciopelo azul marino, con preciosos adornos en hilo dorado. De su cuello, brotaba un precioso pañuelo lleno de volantes hasta la altura de su pecho, adornado con un pequeño rubí justo en el medio de este.

Se volvió a mirar en el espejo por última vez. Había dejado su cabello miel un poco revuelto. Y se había bañado de su exquisito perfume francés. Suspiró y giró sobre si mismo. Se acercó a su balcón y miró al horizonte. En la casa de su anhelado amor la luz era presente.

Se apoyó en la perta y siguió mirando aquella tenue lucecita.

- Os deseo tanto. – Susurró. - Teneros entre mis brazos una vez más… Poder oler el aroma de vuestro pelo, sentir vuestro cálido cuerpo temblar y vuestras mejillas sonrojar. - Su corazón le decía que esa noche lo vería. – Hizaki…

Giró sobre si mismo y con un rápido movimiento cerró las cortinas de terciopelo rojo y de adornos en color oro. Se acerco a su espejo y apagó con un ligero soplo una a una las velas albinas que estaban encendidas dejándolo todo envuelto de oscuridad.

Llegó al gran salón donde daría comienzo en unos instantes el gran baile. Quedó parado en el medio y lo observo todo. La luz era realmente increíble, como con cientos de velas colgadas de las grandes lámparas de cristal podían iluminar todo de aquella manera tan impresionante. Sobre un pequeño escalón al donde del salón estaban los dos tronos de reyes, estaba vez vestidos de terciopelo blanco y con tallados en oro y piedras preciosas.

Su madre, la reina Sizuka, se había encargado de invitar a todos los músicos más famosos de Europa, y a los mejores cocineros. Había un gran banquete también donde el cristal de las miles de copas lujosas también exportaban luz. Todo era simplemente radiante.

Salió al jardín, las carrozas pronto partirían para recoger a las damas del reino. Sabía de sobra que esa noche debía de soportar grandes coqueteos y como todo príncipe debía de ser cortes y bailar con ellas.

Mientras caminaba por los jardines, dirigiéndose a su sagrado lugar, si imagino como tomaba la hermosa mano de Hizaki y lo invitaba a bailar.

Una vez frente a la fuente de heladas aguas, el aroma de las cientos de rosas lo volvió a perfumar. Tomo unas pequeñas tijeras de hierro y se acerco a ellas.

Las corto con mucho cariño. Cuidando de que no se les cayeran los pétalos. Tenía de tantos colores y tantos tonos, no sabía cuales escoger. Finalmente, optó por un precioso ramo de colores mezclados.

- Es alegre. – Dijo para si mismo. – Como Hizaki. – Sonrió.

Las colocó todas sobre el muro de la fuente y las ató con un lazo dorado.


Sentado frente a su pequeño tocador, se encontraba el hermoso rubio.

Cu cuerpo estaba completamente desnudo, tapado únicamente por una toalla gastada. Sobre sus preciosos ojos cafés, caían algunos rulos provocándole un sinfín de pequeñas cosquillitas por su tersa piel.

Su madre estaba peinando a su pequeño. Se esmeraba en que cada ondulación quedara perfecta. Dejaba algunas sueltas, que cayeran por los hombros de su hijo. El resto las iba dando forma a su peinado. Dejo la parte de su flecho y algunos mechones de pelo liso. Como si de una preciosa muñeca de porcelana se tratase. Cuando su pelo estuvo listo, dio paso al maquillaje.

Con un fino pincel, dio forma a lo finos labios de Hizaki, pintándolos en un tono rosado claro, para luego mezclarlo con un rojo mas intenso. Sus ojos los maquillo con carbón ya marchitado haciendo que sus pestañan fueran el complemento llamativo de ellos.

Cuando Hizaki se miró en el espejo se sintió completamente diferente. Nunca se había maquillado y para ser la primera vez la verdad que lo había dejado sin palabras.

Se puso en pie y se quitó la toalla sin vergüenza de que su madre lo viera. Se colocó un pantalón corto que se usaba como ropa interior y con la ayuda de su madre poco a poco se fue poniendo el vestido.

Sakura le había dejado unas medias hasta medio muslo. No le parecía una agradable idea, pero si no quería que sus pies se hirieran por culpa de las botas lo mejor era ponérselas. Se sintió extraño al tener una de sus piernas estiras, el vestido subido y como aquella media envolvía su piel hasta su muslo donde finalizaba en un encaje blanco.

Se quedo sentado en su cama mientras su madre le colocaba un simpático sombrerito blanco con una rosa rosada a un lado de su flecho. Le puso un collar que formaba un cinturón de perlas alrededor de su cuello, y unos pendientes a juego con el.

En sus manos llevaba uso guantes de tela blanca transparente simulando rosas.

Una vez listo se puso sus botas y se levanto. Caminó despacio hacía el espejo y sus hermoso ojos se abrieron. Estaba perfecto. Se sintió extraño, muy cómodo tal y como se veía.

Bajo a la sala donde se sentó en el sofá esperando alguna señal la cual no tardo en llegar.

El ligero sonido de la campana que quedaba por fuera del portón se dejo oír. Miró un pequeño reloj, el cual marcaba la misma hora que Yuki le había dicho aquel día. Las diez menos diez.

Su madre le coloco un mantón bordado en hilos de seda, simulando pequeñas rosas magenta.

Salió de su casa y el frió chocó en su cuerpo abrigándose lo mas que pudo con su mantón, y sujetando su vestido para que no se ensuciara. Aunque fuese primavera, las noches eran frías en aquella parte del país y debía de resguardarse si no quería acabar con un gran resfriado. Antes de salir por el patón se despidió de su madre con una sonrisa sincera.

Al otro lado, le esperaba una carroza, únicamente para el. Era oscura, pero se podía divisar los colores lilas y plateados que adornaban su interior. El hombre que conducía el carruaje bajo de su sitio y toma de la mano a Hizaki dando un pequeño beso en esta.

- Buenas noches.
- Buenas noches. – Contestó Hizaki con una media sonrisa.

Lo ayudó a subir al carruaje y una vez dentro Hizaki se sintió en un espacio cómodo y caliente. No se podía comprar con el frió que había afuera.

Cuando los caballos comenzaron a trotar y el carruaje se movió, sintió su corazón en su garganta.

Los nervios fluyeron desde lo mas profundo de su ser… y la imagen de su príncipe llenó sus pensamientos. Quería ver aquella sonrisa de la cual se escapaban unos preciosos colmillos, sus ojos azules, sentir sus labios en la piel de su mano, atreves de su guante… Estaba enamorado, y no podía negarlo.

Mientras que miraba como pasaban los arboles por su ventana, sus nervios recorrían su cuerpo cada vez más rápido, hasta que sintió el carruaje curvar y por su ventana vio a menos de lo que pensaba, el gran palacio.

-

No suelo poner nada pero debo decirles que... ¡ME MUERO POR EMPEZAR A ESCRIBIR EL 7 x.x!
Lo empezaría a escribir ahora pero... son las 6.56 AM y como que estoy pal arrastre xD
en fin, buenas noches... O, ¿ debería decir buenos días?

:Bye:


Última edición por Geneviev el Lun 12 Nov - 17:54, editado 1 vez
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Re: Prueba de amor

Mensaje por Angel_cm el Dom 9 Sep - 16:01

No puedo esperar a ver el cap 7!!!
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Re: Prueba de amor

Mensaje por Eternal Rose el Dom 9 Sep - 16:21

Se acerca el gran momento!!! no puedo esperar.... ya quiero lo que sigue
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Re: Prueba de amor

Mensaje por Geneviev el Mar 11 Sep - 23:35


Muchísimas gracias por vuestros comentarios.
Este capítulo realmente me ha movido algo en el interior.
No se que habrá podido ser, pero quede encantada con el.
Espero que cause el mismo sentimiento en vuestros interiores.



Capítulo 7 – Danza de enamorados

En aquel precioso reloj de bolsillo, las agujas ya marcaban la hora pasada de las diez. Rápidamente su tapa de oro fue cerrada por otra y con un ágil movimiento fue guardado en los bolsillos de aquella chaqueta aterciopelada. El príncipe comenzaba a desesperarse, mientras que su primo y un tercer caballero se reían al verlo envuelto en nervios.

Muchas mujeres hermosas ya paseaban el salón, de un lado para otro. Mostrando aquellos tan elegantes vestidos. Envueltas en finas telas y adornadas con precios joyas, de peinados llamativos y abanicos de la más fina seda. Muchos caballeros reales se acercaban a ellas de forma sigilosa para en la más pequeña de las oportunidades invitarlas a bailar.

En la gran entrada del palacio, se encontraba el rey, escoltado por dos de sus caballeros más altos. Le daba un beso en la mano a cada dama que entraba. Debía de ocultar su molestia por aquel capricho de su heredero, o como bien el príncipe había dicho, se vería como un rey poco ejemplar para el reino. Así que muy a su pesar sonreía fingidamente y saludaba a las bellas doncellas, pero esa noche una misteriosa dama dejó sin palabras tanto al rey como a la reina.

Una figura esbelta y elegante se inclinó ante ellos. De preciosos rulos dorados. Al levantar su mirada ante ambos, semi abrieron sus bocas y sus ojos. Era la más pura reliquia de una muñeca de porcelana, portadora de hermosos ojos con mirada profunda, labios carmesí y tez blanca. Se protegía del frío con un mantón bordado en rosas de tonos oscuros pero vivos a la vez. Habían visto muchas doncellas y conocían a la gran mayoría de ellas. Pero se dieron cuanta, de que quien fuera que escondía aquel tesoro lo hacía por una gran razón.

- Bienvenida. – El rey tomó la mano protegida por un sedoso guante de encajes, y depositó un beso sobre esta.

La dama dio unos pasos más y antes de entrar en el palacio unas manos se posaron en sus hombros. Se sobresaltó, pero solo era una muchacha de estatura baja. Con sumo cuidado la muchacha despojó el mantón de los hombros de la dama. Y un vestido estampado en rosas, con mangas de campanas a partir de sus codos, decorado con algunos pequeños lazos rojos se dejó ver.

El ruido de sus tacones resonaron el mármol tallado en clores crema. Los pasos llegaron a su fin, cuando se quedó parada observando toda la belleza de aquel gran salón.

Dos, tres… imposible contar las veces que miraba aquel reloj de bolsillo. Su desesperación estaba llegando a su fin y comenzaban a aparecer unas oscuras ganas de encerrarse en su habitación y dejarlo todo por la mano.

- Ya son las diez y cuarto. – Su voz cada vez sonaba más dolorosa e infeliz. – ¡Debí de haberla ido a buscar yo mismo! – Su tono subió y dio un pequeño sorbo a la copa de vino que descansaba en una de sus manos, sin olvidar que debía de usar los adjetivos femeninos.
- Deberías de calmarte. No ha llegado ni la mitad del reino todavía. – Habló su primo.
- Eso es cierto. Tranquilízate y deja de mirar la hora, o acabaras rompiendo el reloj. – Esta vez habló un muchacho de pupilas grandes y azules, con lunar bajo su ojo izquierdo el que era semi tapado por un mechón de cabello grisáceo. Su cara era adorable, como la de un niño.

Estaba vez Yuki rió ante el comentario que había hecho el muchacho sobre el reloj de su primo. Su risa fue pegada rápidamente en el muchacho y los dos reían mientras el príncipe Kamijo se dedicaba a mirarlos por encima de su hombro. Con porte elegante pero con mala cara.

- Reíros todo lo que queráis. – Dejó su copa sobre una mesa de plata y cristal. Y a los dos muchachos atrás.

Todas las damas hacían reverencia a su paso y el agachaba un poco cabeza como respuesta. El sabía, que todas aquellas doncellas morían por bailar con el. A sus espaldas miles de suspiros se dejaban escapar y alguna que otra doncella se sentía sucumbir. Pero ninguna de ellas podía llenar sus pensamientos como lo hacia su precioso Hizaki.

Siguió caminando saludándolas de igual forma a todas. Hasta que sus ojos aguamarina se posaron en dos damas, de porte elegante cabellos oscuros rizados y vestidos color vino. Tapaban su boca con sus abanicos color esmeralda. Entre ellas susurraban cosas, mientras que sus ojos estaban puestos en la puerta. Quieto en su sitio, giró su cabeza hacía donde las damas observaban. El tiempo paró en ese instante.

Sus ojos azules pestañearon un par de veces, mientras frente a el la belleza mas reluciente del mundo caminaba mirándolo todo a su alrededor con adoración. Aquel hermoso ser brillaba con luz propia, más fuerte que rayos de sol y más reluciente que miles de diamantes. Su interior gritaba el nombre de aquella belleza única. Aquellas preciosas ondulaciones rubias solo podían existir en el ángel que había flechado su corazón. Un presentimiento le había dicho que su preciosa princesa vestiría de mujer, pero nunca imaginó que lo dejara sin aliento de aquella forma.

Hizaki miraba todo aquel lujo ante el, los vestidos, los decorados... Aquel mundo tan diferente al suyo sin darse cuenta, de que el príncipe comenzaba ha hacerse un camino entre la multitud acercándose a el por su espalda.

Kamijo reunió suficiente fuerza y consiguió apartar su nerviosismo a un lado. O por lo menos un poco. Estaba a centímetros de rosar su cuerpo con el de Hizaki. Deseaba con todas sus fuerzas rodearlo con sus brazos, pero debía de controlarse.

- Disculpadme. – Sus labios temblaban. Su cuerpo luchaba contra su desesperación.

Quería gritarle lo hermosos que estaba. Las ganas de envolverlo con sus brazos y llenar de caricias su cuerpo, oler aquellos rulos dorados y beber de su dulce boca.

Aquella voz fue reconocible para los oídos de Hizaki, quien se dio la vuelta rápidamente quedando de frente con Kamijo.

- A… alteza. – Sus preciosas mejillas se tiñeron de un rosado tinto. Intento ocultarlas en una reverencia hacía el príncipe, pero cuando volvió a levantar su rostro se descubrieron.

En un impulso Kamijo atrapó una de las manos de su princesa entre las suyas. La subió hasta la altura de sus labios y la beso. Acarició la parte superior de esta por sobre su guante con una de sus manos mientras que con la otra la seguía sujetando. Sin apartarla de su rostro, respirando el aroma que esta desprendía.

- ¿Os gustaría bailar? – Hizaki estaba totalmente sonrojado. Miró los ojos de Kamijo. Eran como el mismo mar. Igual de azules e igual de profundos. ¿Cómo decirle que no?
- Será un honor. – Gachó un poco su cabeza debido a la vergüenza.

El príncipe elevó la mano de Hizaki y caminó a paso lento hasta el centro del salón donde algunas parejas gozaban al bailar.

Soltó su mano y se colocó al frente del rubio poniendo un brazo en su espalda baja y doblando el otro sobre su vientre. Se inclinó. El de cabello dorado abrió un poco la parte inferior de su vestido y se agachó ante el como reverencia.

Con delicadeza subieron sus manos hasta que con máxima suavidad sus dedos se entrelazaron. Controlando sus nervios, Kamijo llevó su mano derecha a la cintura ceñida de Hizaki, quien puso su mano izquierda la cual temblaba sobre el hombro del príncipe.

Una animada melodía de violín, clarinete, arpa y demás instrumentos comenzó a sonar.

Sus cuerpos comenzaron a bailar al ritmo de la música. En un principio con pasos tímidos y casi sin mover sus cuerpos. Pero poco a poco la melodía los iba envolviendo en un ambiente cómodo, como si solo existieran ellos dos. Hizaki intentaba evitar que sus ojos se encontraran con los de Kamijo, mirando a las demás parejas que bailaban. Kamijo, sonreía al ver a Hizaki de aquella forma tan adorable.

Según pasaban los segundos sus cuerpos perdían la vergüenza y la timidez, moviéndose al mismo ritmo de la música. Kamijo soltó la cintura de Hizaki y levanto su brazo. Su princesa paso bajo este dando una vuelta, abriendo su precioso vestido como una copa. Volviendo a los brazos del rubio, quien volvió a tomar su cintura.

Bailaban vivamente en el centro del salón. Muchas parejas se retiraban para dejarlos bailar solo a ellos, quienes se encontraban bailando en el centro de un gran círculo de personas. Ahora se movían de un lado a otro, Hizaki por fin miró aquellos luceros azules y sonrió, sonrisa que fue correspondida por Kamijo.

El ritmo de la melodía comenzó a tornarse suave y romántica.

Kamijo llevó su mano que descansaba en la cintura de Hizaki al medio de su espalda. Acercándolo mas a el. Quería sentirlo cerca, notar la calidez de su cuerpo junto al suyo. Fundirlo con sus brazos.

El ritmo de sus cuerpos había descendido según la melodía se iba apagando dejando solo la romántica armonía de un cavicornio.

Movimientos lentos, casi tenues. Rostros peligrosamente cerca y miles de miradas sobre ellos. La respiración de Kamijo acariciaba el angelical rostro de Hizaki. Sus ojos no se desconectaban ni un momento, hasta que los de Hizaki comenzaron a cerrarse bajo la atenta mirada del príncipe. Con suavidad bajó su cabeza y se acercó mas al cuerpo del príncipe recostándose sobre su pecho. Sus manos seguían unidas y sus cuerpos bailaban las hermosas notas musicales.

Algunas de las damas que estaban presentes miraban a Hizaki con gran furia. Otras comenzaban a llorar de envidia.

Los reyes que todavía estaban dando las bienvenidas a más jóvenes se percataron de que algo pasaba en el salón, ya que desde su sitio se podría apreciar un muro abarrotador de personas en el salón.

Entraron en la sala pero entre tantas personas era imposible conseguir ver algo. Se dirigieron al lugar donde estaban sus tronos vestidos de terciopelo blanco. Subieron dos pequeños escalones y miraron al frente sentándose en sus tronos.

El rey, se impactó al ver que era con la dama misteriosa con quien bailaba su heredero y la reina sonrió complacida. Si esa era la elección de su pequeño la aceptaría gustosa. Había algo en esa joven que le agradaba.

Cuando la melodía termino, muy a su pesar se separaron. Muchos aplaudían apenados, otros simplemente sonreían, y las damas… maquillajes corridos, rostros rojos y ojos llenos de furia en muchas.

- ¿Os gustaría acompañarme en un recorrido por los jardines? – Hizaki simplemente asintió sonriendo.

Kamijo dobló su codo por el cual su princesa metió su brazo, curvándolo.

Caminaron hacía una puerta medio abierta, la que tenía unas preciosas cortinas de seda blanco tapando su salía.

Al pasar las cortinas, las cuales Kamijo abrió para que Hizaki pasara, los abrazó la noche.

-----

Dar las gracias a la canción “Princess” con la cual escribí la gran mayoría.
Y también a “Philia” la que me acompañó a la hora de describir el baile.
Pedirle perdón a “Walt Disney” por robar la escena en la que Bella se recuesta sobe el pecho de la Bestia…
¡Si! Me vi el baile de la Bella y la Bestia y cante la canción ._. xD

Espero que os haya gustadó. Mañana comenzare las clases, pero no os preocupéis
¡SIEMPRE estará el próximo capitulo listo!

<3


Última edición por Geneviev el Lun 12 Nov - 17:54, editado 1 vez
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Re: Prueba de amor

Mensaje por Angel_cm el Miér 12 Sep - 1:16

T.T tu si haces que me emocione!! Como siempre me encanto!!!
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Re: Prueba de amor

Mensaje por Eternal Rose el Miér 12 Sep - 20:37

Me encanta!!!! realmente vivi el capitulo...
espero el proximo!!!
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Re: Prueba de amor

Mensaje por Angel_cm el Lun 17 Sep - 18:21

Cuando actualizaras? Ya me hace falta tu maravillosa historia :3
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Re: Prueba de amor

Mensaje por Geneviev el Lun 17 Sep - 18:43

Angel_cm escribió:Cuando actualizaras? Ya me hace falta tu maravillosa historia :3

Estoy escribiendo en este momento ♥ que con las clases me he tenido que acostar mas
temprano, y yo acostumbro a escribir por la noche, a ver si lo acabo esta noche.

Si lo acabo hoy, en un par de horas estará actualizado. ;)
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Re: Prueba de amor

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