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Prueba de amor

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Prueba de amor

Mensaje por Geneviev el Miér 22 Ago - 21:05

Recuerdo del primer mensaje :


Es el primer Fan Fic de Versailles que escribo.
La historia esta basada en un cuento que mi madre me contaba cuando era pequeña.

Lo hice de KamijoxHizaki, por que eran los que mejor cuadraban en la trama *-* Pero,
quizás y hayan sorpresas >.<

Espero y os guste ♥




Capítulo 1 - Detrás del muro



Suspiró apoyado en aquel muro de piedra oscura. Sus hermosos ojos reflejaban una luz sumamente impactante, capaz de hipnotizar a cualquiera que se atreviera a mirarlos. Aquella luz era brillante como los rayos del sol que, sobre el caían, y hermosa como los pequeños pétalos de la flor del cerezo japonés que, a su alrededor llovían. Bañando también algunos de sus hermosas ondulaciones rubias, como la miel y suaves como la seda.

Todo aquel gran valle que se encontraba a su frente, era capaz de dejar sin palabras a cualquiera. Todos los árboles de este, eran bañados por el color esperanza, dejando ver algún que otro pajarillo volar a sus alrededores. Las flores, vestían sus hermosos colores de amarillas a violetas, sin olvidar los magentas y los celestes, eran visitas por mil abejas, dejando a oír el zumbido de sus alas al batir en el vuelo. Algún que otro conejillo travieso brincaba los prados mas verdes, haciendo que su pelaje gris brillase con la apacible luz del sol.

Todo era sumamente hermoso a su alrededor, pero como el, no podía haber absolutamente nada. Su rostro, el más angelical que podía haber en toda la faz de la Tierra. Una piel clara y suave, como el mismo algodón. Sus ojos, dos diamantes oscuros pero brillantez, con una mira llena de paz y sinceridad, decorados con unas bellas pestañas negras, largas y delicadas. Las cuales le hacían tener una mirada coqueta al pestañear. Su nariz una obra de arte, pequeña y sumamente perfecta. Y sus labios… finos pero gruesos, carecían de carnosidad pero eran la perdición para todo el que los mirara. Siempre sin estar completamente cerrados, dejando ver una pequeña parte de sus blancos dientes. Los cuales parecían perlas, envueltos en los olorosos pétalos de la rosa más roja y hermosa.

Pero, ¿De que le servía toda aquella belleza, si el hombre al cuál amaba en silencio ni siquiera sabía de su existencia?

Todas las mañanas, cuando el gallo entonaba su saludo al comenzar el día, salía corriendo de su pequeña casa hasta el muro. Bajo el, había un viejo tronco de roble, gastado y castigado por el paso de los años en la misma circunstancia. Subía en el y apoyaba sus sedosas y largas manos decoradas con unas uñas de tono carmín sobre el muro. Cruzando después sus brazos y recostando su cabeza sobre uno de ellos, mientras que en su angelical rostro, una sonrisa sincera se dibujaba mientras lo miraba a él.

Sobre un caballo, de blanco pelaje como la nieve, y de largos cabellos como hilos de plata, se encontraba él. El ladrón de sus sueños.

ÉL era el hombre mas deseado por las doncellas del reino.

El príncipe Kamijo.

Un hombre alto y esbelto. Su rostro varonil dejaba a sus espaldas una brisa de suspiros y desmayos interminables. Sus ojos, pura agua cristalina. Dotados de un tono azul casi transparentes. Con una mirada penetrante, casi como si dejara tu ser desnudo y viera tu alma. Claros espejos del mar. Su nariz, la cual parecía tallada en marfil y su boca, de labios finos y tenuemente rojizos. Todo ellos, hacia que el príncipe diese a ver un semblante serio, pero, seductor.

Sumido en sus pensamientos, mientras lo miraba y suspiraba, el hermoso muchacho de cabellos dorados no se dio cuenta de que poco a poco, la madera del roble comenzaba a estallarse y que pronto rompería.

Dando un gran grito de susto, cuando se oyó como la madera estallaba y se partía haciéndole caer de espaldas sobre el pasto verde dándose un buen golpe en su espalda. Su madre, quien lo había visto todo desde la pequeña ventana de madera de su cocina, salió de inmediato a donde su hijo se encontraba. Lo encontró tumbado de espaldas, y poco a poco intentando levantarse lo cual era inútil. Lo intentó ayudar y cuando el muchacho se encontraba casi completamente de pie, oyó alguien llamando al portón de madera que mantenía la pequeña casita y su granja aislada del valle.

La mujer de cabellos blancos se acercó a la puerta dejando a su hijo sentado en un pequeño banco de piedra cerca del cerezo.

- Oh, alteza ¿se le ofrece algo?

Hizaki, que estaba sumido en sus pensamientos, y en la imagen de su amado sobre su caballo no se dio cuenta con quien hablaba su madre hasta que la voz del príncipe fue captada por sus oídos.

- Buenos días señora. Disculpadme el atrevimiento, pero he oído un grito, y me ha parecido que venía de este lugar. Y me ha parecido correcto el preocuparme por si todo iba bien.

Las pupilas del rubio se dilataron al escuchar aquella voz tan seria llegando a sus oídos y rápidamente se levantó, olvidando consigo el dolor de su cuerpo tras la brutal caída. Caminó con miedo hacia la puerta. Sus piernas temblaban y los nervios recorrían su cuerpo sin parar. Lo quería ver. No le importaba lo espantoso que estuviera después de su caída. El tenerlo cerca por primera vez en su vida, el poderlo ver sin un muro de por medio… Eso era lo que llevaba añorando toda su vida.

Cuando dejo que su cuerpo asomase por la puerta, su mirada chocó con la de su príncipe. Jamás había visto unos ojos tan sumamente hermosos como aquellos. Claras gotas de lluvia. Kamijo sintió como su corazón comenzó a bombardear su sangre mucho más rápido de lo normal. Al igual que él, Hizaki estaba totalmente atónico su boca no podía ni siquiera expresar un simple “Buenos días”.

Su madre, se percató de cómo los dos chicos se miraban totalmente perdidos el uno en el otro. Sabía que el motivo por el que su hijo cada mañana se subía en el tronco del roble, era simplemente el poder ver al príncipe paseando en su caballo.

- El es mi hijo Hizaki – Rompió el hielo, y los dos muchachos volvieron en si. – Ha caído mientras arreglaba unas cosas. Le he dicho que tuviese cuidado, pero no me hizo caso. – Pellizcó la mejilla del de cabellos dorados, haciendo que se sonrojara en el acto y sonriera. Sonrisa que cautivo al príncipe Kamijo por completo.
- Buenos… días. Alteza. – Dijo cabizbajo he hizo una reverencia ante el príncipe.

Kamijo, no emitía ninguna señal de vida. Estaba atónico viendo aquellos ojos oscuros pero bellos, sonrisa tan coqueta y las mejillas totalmente teñidas de un magenta claro, que tenia aquel muchacho. Un ángel.

- Buenos días, Hizaki. – Como aquella voz pronunció su nombre, hizo que el rubio se sintiera volar. – Me alegra saber que todo esta bien. – Sonrió esta vez el, sin sacarle la vista al otro muchacho, que de nuevo lo miraba perdido en el. – Si me disculpan debo de retirarme.

Tomo la mano de la señora y dio un beso en ella, como todo un caballero. Ella simplemente sonrió, sonrisa que le fue devuelta.

- Hizaki – Susurró tomando la mano del chico lo cual hizo que ha ambos les diera un vuelco el corazón al sentir la piel del otro. Sin apartar sus miradas besó con suavidad aquella piel desnuda con aroma a vainilla. La cual deseó seguir besando por una eternidad si era posible.

El rubio, estaba a punto de sucumbir.

La mujer cerró el gran portón de madera mientras que Hizaki seguía mirando como el príncipe se alejaba hasta llegar a su caballo blanco y subir en el. Pudo ver como Kamijo miró hacia atrás aun sonriendo antes de partir.

Pronto su mente se nublo y cayó al suelo inconsciente. Dejando a su madre riendo, ya que ella esperaba un desmallo. Si no era delante del príncipe, seria después.

En las profundidades del bosque, por un sendero cubierto por los pétalos de las flores iba Kamijo. Sonriendo, perdido en el recuerdo de la belleza que había acabado de conocer.

- Hizaki… - Susurró con su amarga voz, pero sus ojos brillaron como la luna en una noche sin nubes.

Tenía en mente una idea para poderlo volver a ver pronto. Pero necesitaba descansar primero, luego ya habría tiempo para pensar en su idea.

El siguió su camino hasta el palacio, preguntándose… ¿Cómo era posible que aquel muro de piedra, escondiera la belleza más reluciente del universo?


Última edición por Geneviev el Dom 25 Nov - 9:56, editado 3 veces
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Re: Prueba de amor

Mensaje por Arkangel el Sáb 2 Feb - 3:54

espero a leerlo seguro que es tan bueno como el anterior
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Re: Prueba de amor

Mensaje por Eternal Rose el Sáb 2 Feb - 17:06

KYAAAAAAA!!!!!!!!! otro fic + segunda temporada awww!!! que emcion. Lo espero con ansias, Gene-chan :=^.^=:
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Re: Prueba de amor

Mensaje por Geneviev el Vie 8 Feb - 16:33


(Ya lo había subido el domingo, pero fui a ponerle la imagen de aquí arriba y le di a X en vez de Editar... =.=)

Siento muchísimo la demora, tuve que estudiar ya que tuve recuperaciones de materias, y mi mamá tuvo un pequeño accidente, ella estaba bien, pero estos días he tenido que hacer mas tareas en la casa de las normales...

En este capítulo se viene una nueva historia de amor. Uno de los personajes recordará un gran secreto que prometió guardar en su memoria, debido a un amor que no tuvo futuro... u.u

Sin más, ¡A LEER! (es largo :P)




Capítulo 25 - Es ahora o nunca


El viento que se formaba debido a la gran velocidad de aquel caballo oscuro, el cual corría asfixiadamente en dirección a la pequeña villa, movía su capa oscura rápidamente, haciéndolo parecer un fugitivo de algún crimen el cual había acabado de realizar. Su respiración, comenzaba a ser agitada como la del fuerte animal negro de ojos brillantes. El sudor frío bajaba por su frente, la cual era acaricida con maltrato po el fuerte viento y aire caliente de la noche. Su cuerpo no rozaba la silla plateada y cobre que el animal llevaba en su lomo, preparándose para saltar de este cuando estuviera lo más próximo al portón que recordaba mantenía la pequeña casa al otro lado del bosque de cerezos.

Durante todo el recorrido no podía sacar de su cabeza a su primo. Jamás imaginó que este se enamorada de aquella manera tan dada por alguien, logrando maravillarse con esa persona a la cual el llamaba princesa, Hizaki. Aun con su mirada fija en el caminó, no podía dejar de hacerse la idea de que Kamijo intentara algo con tal de sacarse la vida si él no lograba llevar a Hizaki frente a el, y que ambos arreglar el conflicto del cual Yuki sabía sus causas y consecuencias, aunque uno de los anteriores no entendiera absolutamente nada de lo que pasaba, o sí, pero visto desde otros ojos todo es diferente a como el lo sabía. Comenzó a percibir el aroma de aquellas diminutas pero hermosas flores rosadas y blancas, dándole a entender que la villa ya estaba muy próxima. Pronto se encontró rodeado de cerezos por doquier, viendo al final del largo sendero de hierbas el portón, y como la luz de la casa era notoria al otro lado de este.

Tiró fuertemente de las riendas negras de su caballo, haciendo que este se parara sobre dos patas levantando las delanteras del suelo y quedando apoyado con las traseras. Yuki siquiera esperó a que el animal pusiera sus dos primeras patas en el suelo para lanzarse el a este, cayendo de pie y evitando cualquier tipo de caída o golpe. Corrió uno pocos metros, quedando a poco del portón, levantando sus puños y estampándolos en este, causando un fuerte ruido capaz de ser oído desde dentro de la pequeña casa. Esperó unos momentos, pero nadie parecía oírle, así que comenzó a tocar repetidamente hasta que un ruido al otro lado de la puerta lo hizo parar en seco.

Oyó como alguien sacaba la seguridad, y el manillar de madera giraba bajo su mirada. Por una rendija, logró divisar a la madre de Hizaki, la cual traía en su rostro marcada al expresión del horror y la pena. Temió lo peor. La mujer lo miro cabizbaja, sin saber que hacer o que decir, así que el duque tuvo que ser el primero en hablar.

- Señora, disculpadme la molestia a tardías horas de la noche, pero el príncipe Kamijo solicita la presencia de Hizaki en palacio. – Mintió. Su voz entrecortada y asmática hizo despertar a Sakura del trance en el cual ella se encontraba.
- Hizaki… El no está. – Yuki levantó su rostro, encontrándose con la señora llorando descontroladamente. Al ver aquello, nada bueno se pudo imaginar. ¿A caso Hizaki realmente se había sacado la vida? – Él… - La mujer comenzó a llorar mas fuerte, Yuki no tardo en procesar aquello, haciéndole ver que el muchacho de rubias ondulaciones se había suicidado.

Yuki abrazó protectoramente a la señora que lloraba del dolor que aquello le había causado, cristalizándose así sus ojos también.

- ¿Cuándo sucedió todo? – Preguntó aun dentro del abrazo.
- Hizaki llevaba varios días mal, exactamente el día que había llegado de pasar la noche en el palacio, a partir de ahí cada vez estaba mas triste, hasta que…
- El se suicido. – susurró Yuki, separándose la mujer del abrazo rápidamente mirándolo de manera muy extraña.
- ¡¿Qué?! – Preguntó con miedo… - ¡¿Mi hijo está muerto?!

El duque alzó una ceja sin entender absolutamente nada de lo que pasaba. Por el comportamiento de Sakura, lo mas lógico a pensar a quien ve tal escena es que Hizaki se hubiese sacado la vida, y ella hubiese encontrado su cuerpo muerto. Pero ahora, era Yuki quien no entendía absolutamente nada de lo que estaba sucediendo. Absolutamente nada.

- ¿Dónde esta Hizaki? – respondió con otra pregunta a la mujer la cual se veía peor que en un principio. Está solo limpió las lagrimas con el dorso de su mano para luego proseguir.
- No lo se. – Fue lo único que contesto antes de llevar sus manos a la cara y ocultar esta con ellas. - El desapareció hace poco tiempo. Yo fui ha llamarle cando el carruaje llegó, pensaba que se había arreglado y al final se decidiría a ir, pero cuando llegué a su habitación lo encontré llorando, y mal… El solo me pidió que me disculpara con el chofer y que lo dejara solo. Y así lo hice. Hace un momento subí a su habitación, y había muchas rosas tiradas por doquier. – La mujer se ahogaba en su llanto mientras hablaba velozmente, pero dándole tiempo de entender a Yuki. – Mi hijo ama a vuestro príncipe, y yo… del paradero de Hizaki, solo me puedo imaginar lo peor.

Yuki llevó sus manos a su cabello castaño, jalándolo sin fuerza alguna. Observando a todos los rincones, e intentando divisar todo paisaje entre los cerezos que sus ojos le permitía ver a aquellas horas de la noche. Peo sin ver nada, ni a nadie.

- ¿cuánto tiempo ha transcurrido?
- Cómo una media hora, más o menos. – Contestó la mujer.

El caballero corrió hacia su caballo subiéndose sobre el de un salto ágil y rápido, partiendo entre los cerezos en busca del rubio, pero no sin antes prometerle a Sakura encontrar a su hijo, y decirle que se mantuviese tranquila y en su casa, que si su pequeño aparecía no dudara en llevarlo ante el palacio y que si no volvía Hizaki, de igual forma fuera, pues estaba seguro de que Sakura deseaba decirle a Kamijo que su hijo lo amaba realmente, y pues, Kamijo seguro también desearía hablar con ella.

El oscuro caballo desapareció entre los tantos cerezos a ojos de Sakura, quien rogaba por que encontrara a su hijo sano y salvo.

Yuki achinaba sus rasgados ojos más de lo que podía intentando divisar cualquier movimiento extraño entre los cerezos, si es que lo había. Sakura le había dicho que Hizaki vestía un atuendo morado y beige, lo cual complicaba todavía más su búsqueda, pues aquellos colores en lo oscura que estaba la noche a pesar de que había luna, no ayudaban mucho. El calor del verano hacía todavía mas notorio el olor a cerezo dulce que impregnaba el aire, envolviendo al duque con el, haciendo desaparecer de su persona el olor a perfume francés. El frío ya era un poco mas notorio, pero aun así no le importaba lo mas mínimo, pues encontrar al muchacho era su meta, de la cual poco a poco perdía la esperanza.

Cruzó entre todos los cerezos que le eran posibles dentro de aquel bello bosque rosado y blanco, sin encontrar rastro del muchacho. Arropó su cuerpo con su capa de gala negra y dorada, y hecho un vistazo a la pequeña casita, en la cual sabía bien que aquella mujer de edad elevada estaba sufriendo la ausencia de su hijo. Su vista esta vez, se clavo en el precioso palacio que deslumbraba entre los arboles en aquel entorno oscuro de la noche. Resignada suspiro cansado y adolorido.

- ¿Qué le diré ahora a Kamijo? – susurró dentro de un llanto un poco fuera de control.

Con el tiempo, el también había aprendido a querer a Hizaki. Pues de no a ver sido por el ataque de celos que Teru le dio el día en el que este conoció a la bella Hizaki, todavía tendrían que estar igual de ocultos que antes, o incluso viviendo las consecuencias del dolor de algo sin futuro. Pero no, todo había mejorado gracias a ese hermoso campesino del cual su primo se había enamorado perdidamente. Y el cual el ahora no encontraba.

Resignado, giró las riendas de su caballo tomando nuevamente rumbo al palacio, hasta que un olor muy diferente y más fresco al del cerezo japonés impregno el aire. Conocía ese aroma, sabía de qué flor se trataba. Pero no fue la imagen de la flor blanca y malva lo que reflejo su mente en aquel momento. Fue ese recuerdo que se prometió jamás olvidar el que se reflejo en el espejo de sus memorias.

De nuevo, aquella risa llegó a sus oídos, a pesar de que ya nadie reía de aquella hermosa manera. Pues esa risa tan risueña ya se había apagado. Años atrás.

<< Corría tras el, mientras este reía. Aquella risa suave y divertida, que solo aquella hermosa belleza poseía. Sus ondulaciones largas y castañas se movían a la velocidad en la cual sus largas y bellas piernas corrían. Pronto, aquella silueta tan bella y esbelta se perdió entre los arbustos y zarzamoras ya florecidas, para que cuando menos él se esperara ser sorprendido por su espalda, sintiendo todo el peso de aquella persona sobre el, haciendo que los dos cayeran sobre la hierva aun empapada por el roció, mojando un poco sus ropas en la humedad de sus gotas.

El mayor quedó acostado sobre el otro. La mirada oscura de Yuki se perdió en los ojos almendra y miel del menor, acariciando con sus largos dedos las finas y delgadas mejillas del muchacho portador del largo cabello castaño. Miró por un momento sus labios gruesos y carnosos, los cuales se curvaron en una sonrisa al sentir la caricia de aquellas manos en su mejilla. Se irguió un poco apoyándose sobre sus codos, rozando los labios del duque con los suyos.

Se volvió a echar hacia atrás cuando dejo los labios del estupefacto joven, volviendo a recostarse en la hierba. Yuki salió de su estado de sorpresa poco tiempo después, sonriendo e inclinándose el ahora sobre el muchacho, presando aquellos labios carnosos con los suyos. Sintió como su espalda era acariciada y comenzaba a ser marcada en un camino que las largas y cuidadas uñas del menor hacía en su piel.

Todo iba con calma por parte de ambos, ninguna tenia prisa en lo que hacía. Las manos del mayor acariciaban los suaves muslos del otro con tranquilidad, llevando su vestido blanco y lila hasta su cadera, pues sus piernas estaban ligeramente subidas. Soltó sus labios para comenzar a besar su mandíbula, bajando por sus largo y tercio cuello, mientras que la suave y cariñosa risa del contrario era como música a sus oídos.

Paró en seco cuando aquel ser que tanto anhelaba comenzó a toser, nuevamente.

- De nuevo estas tosiendo… Me dijisteis que estabais mejor. – Reprochó con ternura.
- Es solo un resfriado. – Acarició la mejilla del duque. – Se me pasará. Te lo prometo. – sonrió.

Se volvieron a unir en un beso, pero esta vez el mayor protegía al menor con sus brazos, en un abrazo que parecía no tener fin. >>


El duque abrió sus ojos, los cuales ahora estaban rojos e hinchados. Sus lágrimas de dolor surcaban su mejilla, llegando a su barbilla donde se desprendían de la piel, cayendo en su ropaje oscuro donde se perdían. Llevó una de sus manos a su rostro, limpiando con el dorso de esta aquellas lagrimas que no paraban de salir por sus lagrimales, haciendo borrosa su visión.

- Jasmine… - Susurró.

Llevó las manos a su pecho, ¿por qué un recuerdo tan sangrado y doloroso para el tenía que resurgir ahora? No entendía el porque, pero el aroma de aquella flor lo estaba comenzando a asfixiar, el dulce aroma del jazmín lo estaba embriagando de una manera inexplicable. Por alguna extraña razón, su vista se fijó en el castillo.

Sintió como sus mejillas eran acariciadas, o quizás simplemente era la suave brisa que recorría el lugar. Pero el aroma de aquella flor era su aroma, lo sentía tan cerca. Tenía la necesidad de acorralar aquel olor tan dulce entre sus brazos y no dejarlo escapar nunca más, como si de aquel cuerpo que hace muchos años fue suyo se tratase. Su primer amor. Su Jasmine…

Sin entender el motivo apretó fuertemente las riendas del caballo, azotando al animal de forma brusca, como jamás fue su intención hacerlo. El animal comenzó a correr en dirección al palacio, le urgía por un extraño motivo el llega a allí. Sabía que allí había algo que el anhelaba encontrar. Durante todo el recorrido, su mente no dejaba de procesar lo acabado de suceder. Durante años había mantenido ese recuerdo sagrado oculto en su mente, junto a muchos otros, de igual o mayor importancia para el. En su garganta se formaba un nudo y su pecho a la altura de su corazón comenzaba a doler, por aquel sentimiento que tantos recuerdos prohibidos le estaban causando.

El caballo azotó con fuerza sus pezuñas en los mosaicos de gran patio delantero del palacio, volviendo a dejar muchas miradas sin entender su repentino viaje a fueras del palacio y ahora esa llegada tan frustrada y con rastros de lagrimas a sus espaldas. Pronto giró las riendas del animal, haciendo que este corriera a patios traseros, mientras que los ojos del joven duque buscaban con desespero aquella figura que en su mente se proyectaba.

Desde el balcón, Kamijo miraba sin entender el humor de su primo. El príncipe era todavía abrazado por Teru, quien le había llevado a Kamijo varias cajas de papel, las cuales había robado de los mesones donde el champan y los demás exquisitos aperitivos eran libres para todos, para que el príncipe se limpiara sus lágrimas. Dejando así el suelo del balcón un total desastre de papel arrugado. Fueron varias veces las que ambos miraban sin entender a Yuki, quien iba en su caballo de norte a sur y de este a oeste, haciendo que tanto el príncipe como el duque menor se miraran con la ceja alzada, sin entender nada.

Casando, el duque se dirigió a la caballeriza, donde dejó su caballo, para luego el dejarse caer sobre la avena y alfalfa, oyendo al animal tomando agua como si su vida dependiera de ello, para después al igual que el, dejarse caer, y de esta forma, comer un poco.

Abrió la puerta de madera, cerrándola con seguro tras de si, sacudiéndose todo rastro de alfalfa de su indumentaria real. La rosa que cagaba a la altura de tu pequeño ya no tenía pétalos, tan solo su tallo con espinas. Pasó cerca de una de las tantas fuentes tirando el tallo marchito a las cristalinas aguas. Fue gracias al reflejo que logró captar antes de que aquel cuerpo extraño moviese sus aguas, que tras uno de los aboles había alguien oculto. Tomó un camino diferente, pero el cual le llevaría hacia ese árbol. Se perdió entre los troncos, dejando a varias damas que lo miraban desde las escaleras estupefactas por el comportamiento tan extraño que el duque estaba adoptando esa noche. Desde un roble, logró divisar aquella figura la cual llegó a pensar que era un fantasma. Se acercó sigilosamente, ayudándose de su atuendo negro para camuflarse, y aquella persona no poderlo ver. Justo a pocos centímetros habló.

- ¿Hizaki? – Aquella persona se sobresaltó, girando, confirmando las sospechas del mayor.

El bello muchacho tenía en su rostro escrito el dolor y la pena, acompañado por la tinta de las lágrimas, la rojez de sus ojos y sus labios espigados. Pronto estalló en el llanto, siendo abrazado con cariño por el duque, quien acogió en sus brazos a Hizaki dejando que mojara su ropaje elegante con sus lágrimas.

Las campanas del reloj hizo que tanto a Yuki como al príncipe que se encontraba en el balcón les diera un vuelvo el corazón. Las damas comenzaron a entrar al gran salón real con cuidado de no romper sus hermosas flores, las cuales deslumbraban en las manos de todas y cada una de ellas. Yuki separó a Hizaki rompiendo el abrazo, clavando su mirada en los ojos del mayor.

- Debes de acompañarme a la sala. – Hizaki se atemorizó de eso, y comenzó a negar moviendo su cabeza, mientras que intentaba inhalar oxigeno.
- No… - susurró con su voz quebrada por el llanto.
- Hizaki, por favor. – Suplicó. – Si no lo haces Kamijo se verá en la obligación de contraer matrimonio con alguien a quien el no quiere. – Yuki comenzaba a desesperarse, pues ya no había ninguna mujer a las afueras del palacio.
- No puedo hacer nada. – Temblaba el pequeño tanto del pánico como del frío.
- ¿Por qué? – Preguntó. Estaba seguro de una cosa, Hizaki amaba a Kamijo, al igual que Kamijo amaba a Hizaki. Lo menos que el menor podía hacer era luchar por su primo.
- Porque, yo no tengo ninguna flor. – suspiró cansado.
- ¿Cómo? – el duque estaba estupefacto ante aquello.

Hizaki lo miró sin entender absolutamente nada y fue entonces cuando se fijo en que los ojos del duque brillaban de una forma extraña y emocionante. Tomó aire para volver a contestarle, pero le fue imposible incluso pronunciar la primera palabra, pues Yuki se había agachado tomándolo por lar rodillas y cargándolo al hombro. Hizaki pataleó intentando zafarse, pero lo único que consiguió visualizar aparte de el oscuro ropaje de terciopelo del caballero, fueron los escalones de mármol del palacio.

Teru lo había intentado todo con tal de que Kamijo no cruzara las cortinas de seda blanca, pero nada había resultado. Miraba desde la puerta principal como aun con todo el dolor que cargaba en su ser, Kamijo paseaba coqueteando con odas las mujeres, observando las flores de cada una, ahogándose en al agonía de aquello. Se paraba a conversar alegremente con algunas, las cuales a pesar de ver la mala cara del príncipe se sentían sucumbir ante la presencia de tan apuesto y seductor hombre.

- Disculpadme. – Tomó la mano de una hermosa mujer con la cual mantenía una conversación, besando su dorso para después soltar esta y perderse entre la multitud dejando a la dama estupefacta.

Los reyes estaban más que preocupados, pues Teru le había comentado a Sizuka lo sucedido, ya que a ella le resultaba extraño no ver a Hizaki por ningún lado, luego Takuyou se enteró por ella, y hora eran ambos los que temían la elección equivocada de su hijo, por la futura reina. El príncipe, tomo el aire suficiente, y aun con el pesar de su cuerpo, y el dolor de su corazón comenzó a hablar.

- Como bien sabéis todos, esta noche escogeré a la que será mi futuro esposa y reina de Versailles. – Todas se alteraron y el murmullo pronto comenzó. – Las he observado a todas, y ya me he decido por la flor mas hermosa y grande de todas. – Las damas se miraban con odio entre ellas, sabiendo que quizás la más próxima tendría al príncipe como premio.

Mientras que el príncipe seguía dando su discurso, a oídos de Teru no pudieron evitar llegar, ciertos murmullos del comportamiento extraño que había tenido el duque Yuki hacia unos minutos atrás. Escucho atentamente, lo que comentaban las damas mas allegadas a la puerta, comenzando a sentir celos de lo que escuchaba.

- Se encaminó entre los arboles y se perdió entre ellos. – Hablaba la del vestido azul.
- Estoy totalmente segura que fue a un encuentro amoroso con alguna mujer. Además, todo ahí que decirlo, el duque es muy apuesto. – Mencionó la del vestido blanco y azabache.
- Lástima que solo sea eso, duque. – Comenzó a reír una mujer con un hermoso mantón esmeralda y rojizo mientras tapaba su sonrisa con un abanico en los mismos tonos.

Los ojos de Teru se entrecerraron volviendo su mirada más oscura y diabólica. La furia que sentía era tanta que siquiera sus oídos prestaban atención a lo que el príncipe decía. Odiaba que las mujeres se regocijaran hablando de su amado de aquella forma, pero peor todavía era que rieran por los comentarios estúpidos e inusuales que algunas se atrevían a decir. Cerró su puño apretando este con fuerza, dispuesto a sacarle aquella sonrisa a la mujer como siguiera riendo por tan estúpido comentario.

Pero fue entonces cuando logró divisar a Yuki entrando por una de las puertas “secretas” tocándole después de esto un hombro a Sizuka, quien se vio disculpándose con Takuyou para luego salir por aquella puerta con Yuki. Lo más que a Teru le había extraño, fue el rostro de emoción que la reina había adoptado en pocos segundos. Le estaban ocultando ando, y eso le comenzaba a molestar también.

- Entonces, por estos motivos y demás, solo hay en este salón una flor, que me halla resultado tan hermosa y majestuosa, tal y como yo la deseaba… Mi elección esta tomada. – Lo más divertido para todas las mujeres que allí se encontraban, era el no haber visto, a la doncella que había bailado con el príncipe tan solo tres semanas atrás. Eso para todas, era un punto en su favor. – por favor. – Bajo de la pequeña plataforma encaminándose entre las damas, hasta llegar a una en singular, la cual sostenía entre sus manos una gran azucena blanca y extrañamente morada. La mujer lo miró victoriosa.

Teru presenciaba que Kamijo la iba ha elegir a ella. Vio como sus labios se abrían, estaba completamente seguro de que diría su nombre o señalizaría su flor. Sentía que debía hacer algo, y aquel momento gritar era lo único que se le ocurría.

- ¡Kamijo no! – gritó Teru.

Aquel grito por parte del mayor no llegó a ser escuchado por los oídos del príncipe, pues junto en ese momento la gran puerta principal se abrió a gran velocidad, tirando varios metros a un lado al duque el cual estaba apoyado en la parte que había sido abierta. Kamijo rodó su vista de la mujer, la cual estuvo a punto de gritarle que era lo que le iba ha decir, mirando por última vez con esperanza aquella puerta, abriendo sus ojos al máximo al ver a un Yuki sonriente, sudado y asfixiado, recargado en la puerta, aun sosteniendo el manillar.

- Kamijo, ahí alguien que deseaba hablar contigo.

Aquellas palabras, fue lo único que bastó para volver al cuerpo del príncipe la ilusión que ya daba por perdida. Una ilusión que giraba entorno, a su bella princesa.

- - -

Siento mucho si asuste a alguien al pensar que Hizaki si se había suicidado. Pero lo escribí con toda la intención de que pareciese que eso fue lo que había pasado. mil disculpas (xD)

Lo de Yuki, se que nadie lo esperaba *O* he de confesar, que sentí mis ojos húmedos cuando escribía esa parte, siempre que pienso o escribo sobre Jasmine me sucede u.u Además, estaba lloviendo hacía frío y el viento lo movía todo por que tenía la ventana abierta y fue algo muy muy... extraño ♥

- - -
Miren esto.... y traumencen xD

Spoiler:

- - -

Intentaré actualizar el próximo capítulo mas pronto *^* Muchisimas gracias a todos por sus comentarios y por leer... lo quiero mucho :3


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Re: Prueba de amor

Mensaje por Angel_cm el Mar 19 Feb - 17:39

AWWWNN DISCULPA QUE TE HE DEJADO ABANDONADAAAAAAAAA <333
AQUI ESTOY Y TE AMOOO!! OKNO xxdd
pues que me dejaste con el alma en un hilo con lo de Hizaki x__x
Te queria contar que en mi colegio me piden que haga horas sociales para poder graduarme, entonces escojí hacer libros de cuentos para las escuelitas pobres de mi cuidad :3 y te cuento que esta semana me toco hacer actividades sobre "el emperador y las semillas de flores" ES LA HISTORIA QUE BASASTE TU FIC SKDSKJASKDAJSDSJDKA
Y me agarro mi risa nerviosa en clases al acordarme de eso :3
Y de Hizaki y Kamijo 1313 <3 te amo mami <3<3
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Re: Prueba de amor

Mensaje por Geneviev el Jue 28 Feb - 20:05

Realmente siento muchísimo haber dejado esto abandonado, pero realmente y no se por qué pensaba que ya había actualizado hasta el 27 D: y cuando miré me di cuenta de que solo estaba hasta el 25 ._. siento mucho eso, de verdad T_T

Angel, si... Esa era la historia que me contó mi mamá cuando yo era una niña y en la que me inspiré para escribir el Fic ^^ pero de todas las versiones que han hecho sobre ella, yo me quedo con la mía :3 adoro demasiado este fic ♥

los números que aparecen entre paréntesis, indican en que capitulo apareció lo que esta antes ^^

Sin más, espero que les guste ^^


Capítulo 26 – La flor

Por las penumbras de aquel pasillo con escasa luz, solo se oía el chocar de la suela de sus botas con el mármol gris del suelo, y el sonido de su respiración agitada y nerviosa. Su frente era perlada por pequeñas y cristalinas gotas de sudor frio, y sus manos eran apretadas por ellas mismas intentando controlar su nerviosismo. Sus ojos azules miraban a través de los ventanales con dibujos góticos en sus finalidades, pues aquella zona del gran palacio era la mas antigua y menos frecuentada de todas. No entendía quien era la semejante persona que para decirle una cosa sin interés según Yuki, debía de estar esperándolo en el jardín mas antiguo y mas espeso en frió y arboles, incluyendo rosas y flores nocturnas, a aquellas horas de la noche. Llevaba caminando casi veinte minutos, pero su semblante no era feliz. Pues entendía que si de su princesa se tratase, el duque se lo hubiese dicho, y claramente lo habría llevado al salón desde un principio., sabiendo tanto como el anhelaba al bello joven.

En aquel oscuro recorrido, su mente afligida como su corazón pensaba en que era lo que había estado a punto de hacer. Aunque la respuesta era simple; sacrificar su vida. Algo en su interior, le gritaba que si no era con Hizaki, no sería nunca feliz. Pero entonces su cerebro intentaba aferrarse con fuerza a la idea, de que quizás, Hizaki no era a quien el esperaba, aunque sabía que estaba completamente equivocado si pensaba en eso. En el lo había visto todo, era una persona hermosa y excelente, sencilla pero muy educada. Y luego estaba ese carácter tan suave y cambiante que lo enamoraba cada vez más. Le encantaba lo dulce que era su princesa, pero recordaba la noche en la que permanecieron perdidos en el bosque y, en su entristecido y pálido rostro, se dibujaba una tenue sonrisa. Pues el carácter de su princesa aquella ocasión fue de lo más hermoso. Una mezcla de salvajismo, nerviosismo y ternura. Algo inigualable a ojos del príncipe.

Suspiró resignado mirando de nuevo al frente, con algunos mechones rubios delante de sus ojos claros y profundos. En los cuales las palabras dolor y pena eran escritas con creces. Fijó su vista en el frente, divisando los dos rosetones que le indicaban la finalidad del largo pasillo frió, colocados a ambos lados de una puerta tallada en hierro con curvas y cristales de colores.

Justo pasando el ultimo ventanal de cortinas polvorientas, sintió un bulto en su bolsillo llevando hasta allí su mano y sintiendo la forma cuadrada y pequeña de la caja donde reposaba el anillo de su difunta abuela. Lo sacó de su bolsillo aterciopelado y abrió la cajita negra, aguándose así sus ojos azules al observar como los diamantes brillaban con la luz de la luna. En su pecho sintió una fuerte puñalada, al imaginarse aquella preciosa y preciada joya en el anular de su hermoso Hizaki. Había estado tan convencido y decidido de verlo aquella noche, que en aquel momento y a partir de aquellas circunstancias no sabría como tener que vivir. Se había enamorado, como nunca pensó hacerlo. Y ahora sobrevivir sin su bello amado sería imposible e insoportable. Guardó de nuevo el anillo, el cual solo sujetaba con la yema de sus dedos, ocultándolo en el bolsillo de su casaca roja, para después limpiar con sus dedos las gotas saladas que rondaban sus varoniles mejillas, ya que si no era en la hermosa mano del muchacho, no sería en ninguna otra.

Rosó el manillar de hierro con sus manos, girándolo, oyendo como el sonido al hierro oxidado al girarse le hizo sentir un pequeño escalofrió e irritación. Pues aquella puerta llevaba sin ser abierta bastantes años. Asomó su cabeza por una rendija, observando como las enredaderas y zarzamoras ya incluso cubrían parte del suelo. Mandaría a limpiar aquel jardín en cuando pudiese, y así sembraría todo de hermosas rosas, en memoria a un amor puro pero sobretodo doloroso. Observó como por el extremo exterior de la puerta, varias hiedras posiblemente venenosas trepaban por ella enredándose en la pared de aquella zona tan húmeda y fría.

Caminó por un camino sellado a los lados por varios arbustos y arboles extraños, los cuales le impedían poder ver a ambos lados, esquivando a la vez pisar cualquier planta que hubiese por el suelo, del cual la piedra con el cual estaba hecho ya no se veía debido a las enredaderas silvestres que allí habían nacido salvajemente. Antes de terminar el pasillo de extraña vegetación, se percató del peculiar sonido que hacia el chapuceo del agua de una fuente. Sabía que allí había una muy grande, pero que aquella fuente llevaba bastantes años sin funcionar, a pesar de que el agua todavía permanecía intacta en ella, pero la cual seguro estaba dominada por el moho y plantas húmedos. Incluso pensó en la posibilidad de peces.

Apoyó su mano en el tronco marchito de un roble que se encontraba al final del camino, acariciando su rugoso corcho, entreviendo sus ramas mas bajas, observando como en efecto, la fuente estaba funcionando y varios faroles cubiertos por algunas telarañas estaban encendidos, atrayendo a las polillas de la noche hacia su tenue luz.

Salió de su escondite y miró la fuente por unos instantes, contemplándola. Su muró estaba cubierto por un rosal el cual se había enredado en el, incluso llegando a sumergirse en el interior dentro de sus aguas sin siquiera marchitarse por el exceso de humedad. Sus flores eran rojas, las cuales permanecían abiertas y envolvían el ambiente con su sutil y embriagador aroma. En el centro de la fuente, yacía la escultura de una mujer semidesnuda tallada en roca y mármol, con dibujos en cristal y con uno de sus brazos estirados, saliendo por la palma de su mano agua, perdiéndose entre sus dedos estirados y luego cayendo al agua en su ya reconocido chapuceo. La mujer señalaba el lugar por el cual la luna se ocultaba, dándose la espalda a la salida del sol. Kamijo se fijó en el rostro de la estatua, viendo como la tristeza también rondaba su ser de piedra, cargador de dos grandes alas las cuales permanecían extendidas, y por las cuales las flores silvestres eran también enredadas. Luego su vista se fijó en el cielo tan claro y estrellado. Todo era tan sumamente extraño y hermoso a la vez. Haciendo incluso nacer el miedo en su ser.

Bajó su vista de aquel manto resplandecientes volviendo a fijar su vista en la fuente, y fue entonces, cuando se dio cuenta que aquella estatua, ocultaba a alguien que yacía de pie en el otro extremo de la fuente.

Movió sus pies de forma lenta, comenzando a rodear la gran y majestuosa fuente gótica, observando como tras las alas de la bella mujer de piedra alguien lo esperaba, dándole la espalda. Llevaba un lardo vestido blanco, el cual relucía en toda aquella oscuridad. Desde la altura de sus hombros, caía hacia atrás una capa blanca al igual de pura en su tono de blancura, haciendo que su hermoso vestido tuviese una pequeña cola. En toda la tela que los azules ojos lograban ver según iba caminando, miles de piedras brillantes hacían su efecto gracias a la escasa pero perfecta luz, haciendo ver aquel vestido como la prenda de un ángel. Pero fue cuando consiguió ver su cabello, cuando el corazón dolorido y afligido comenzó a bombear rápidamente.

Los hermosos rulos de aquel dorado oscuro debido a la poca luz, eran sujetos en un hermoso peinado alto y elegante, dejando que algunas ondulaciones cayesen hasta toar su espalda. Por todo el precioso pelo, se podía apreciar pequeñas piedras brillantes, y como una cinta de perlar sujetaba todo el conjunto de rulos, impidiendo la caída de este. El príncipe reconocido rápidamente ese hermoso cabello, solo alguien tenía un pelo tan bello según su parecer y realidad en todo el reino.

Sus ojos se comenzaron a humedecer de felicidad, estaba seguro de que sabía de quien se trataba, pero todavía no hallaba la manera de romper la barrera que separaba la realidad del sueño que el pensaba estaba viviendo. Era imposible que aquella persona fuese su hermosa princesa, o quizás no. Asustado, y por medio de que aquello simplemente fuese una alucinación, elevó lentamente su brazo derecho, recostando su mano pálida y de venas mascadas en el hombro ajeno, sintiendo el hueso y el calor que su piel desprendía. Sonriendo dentro de sus lágrimas al poder comprobar que todo era real. Sintiendo como bajo su tacto, aquella persona se dio la vuelta, quedando frente a el. Cara a cara.

- Hizaki… - Susurró contemplando aquella hermosa belleza a su frente, sin creer todavía que el dueño de su corazón estuviese parado frente a el.
- Kamijo, yo… - De sus ojos comenzaron a surcar varias lagrimas. Se sentía tan miserable, que incluso hablar le costaba en aquel momento. Sabía que estaba perdiendo todo aquello que siempre había amado, pero que de nada servía tener miedo a aquella altura. Debía de enfrentar su miedo a sufrir de una vez por todas.
- No tienes que decir nada. – susurró y sonrió al darse cuenta que las manos del joven estaban vacías. Pero Hizaki negó con su cabeza, bajando su mirada.
– No… yo no tengo ninguna flor, hermosa como tú querías. – Suspiró resignado entre lágrimas. – Tampoco soy bello, como todas esas hermosas mujeres entre las cuales te has de decidir por una, pero… mis sentimientos hacía ti son sinceros y verdaderos. Yo realmente te amo. – Bajó todavía más su rostro avergonzado, sintiendo como las lágrimas eran cada vez más descontroladas, volviéndose difícil incluso la tarea de respirar. Sintiendo como su pecho se inflaba buscando el contacto del aire que rondaba aquel jardín silvestre.

Su barbilla fue elevada por la mano ajena, encontrándose así los castaños ojos de Hizaki en las bellas pupilas azules de Kamijo, quien movió su mano desde el hombro contrario, acariciando el cuello y la mandíbula ajena, para después pasar su dorso por la caliente y tersa mejilla del muchacho, dejando que las lágrimas ajenas mojaran su mano, empapándola en su salinidad. La suave mano del menor, acaricio su dorso, recostando su mano sobre la del príncipe, girando su rostro levemente hasta acariciar la palma del mayor con sus finos y rojizos labios, depositando un beso en esta, entrecerrando sus ojos. Esa mínima caricia, ese pequeño beso hizo remover todo el cuerpo del mayor en un sinfín de emociones, todavía sin creer lo vivido.

Rápidamente, tomó a Hizaki de la cintura, atrayéndolo hacia el, atrapando los labios de su princesa entre los suyos en un ansiado beso. Lo abrazó posesivamente, mientras una de sus manos reposaba en el hombro del contrario y la otra en medio de su espalda. Apretándolo contra el por medio de su costado derecho. La bella princesa, sujetaba su príncipe por los extremos de la nuca del susodicho, enredando su cabello rubio en sus dedos largos y finos de uñas blancas. Ambos labios se masajeaban en contra del otro, mientras Kamijo se encargaba de succionar y morder el inferior de su princesa, Hizaki hacía lo mismo con el superior de su príncipe. Los dos sentían como las lágrimas eran mescladas cuando caían por sus labios entreabiertos, pero ninguno tenía la intención de romper el beso, pues ambos lo ansiaban. Hizaki rompió aquel beso, para dar comienzo a uno mas profundo, en donde el fue el primero en adentrarse en la caliente cavidad bucal del mayor, profundizando el beso. Kamijo bajó ambos brazos, enredándolos en la cintura del contrario, apretándolo más contra su cuerpo y elevándolo en el aire, quedando Hizaki a mayor altura que él. Reposando sus manos esta vez en la mandíbula del mayor.

Por falta de aire el beso fue cortado, atrapando el mayor de forma cariñosa los labios del menor en pequeños besos, los cuales hacían un ruidito cariñoso cada vez que eran cortados y comenzados nuevamente. Depositó con cuidado a Hizaki nuevamente en el suelo, uniendo sus frentes sin romper el abrazo que los mantenía unidos.

- Kamijo… - Suspiró el menor dentro del llanto que todavía surcaba su rostro.
- Shh… - El príncipe movió cariñosamente su nariz contra la de su Hizaki, notando la punta de esta fría, pero graciosamente un poco roja. – Ya os dije, que no tenéis que decir absolutamente nada. – susurró contra el rostro de su amor. – Os amo.
- Pero… no lo comprendo. – buscó la mirada azul de Kamijo con sus ojos marrones y brillantes. - ¿Qué sucede con la flor? – Kamijo besó fugazmente sus labios, y luego una sonrisa acompañada de una risa bajita se hizo presente en el ambiente.
- Desde aquella mañana, desde el primer instante que os vi, lo supe. Supe que eras aquella persona que tanto anhelaba. Odié el pensamiento de que de no ser por aquel muro yo os podría a ver visto antes, y el sufrimiento que he sentido todo este tiempo ya pasarlo y ser feliz a vuestro lado. No necesitó ninguna flor que se marchite en un instante, si puedo poseer una que embellezca todos los días con su bella presencia. – Buscó en aquellos ojos algún tipo de emoción o expresión, encontrando simplemente la duda en ellos. Sonrió. - ¿No lo comprendéis aún? – Hizaki negó, embrujado por el intenso brillo que reflejaban aquellos ojos puros y azules como el mar.

Kamijo lo abrazo, ocultando su rostro en su cuello, haciendo un peculiar recorrido por la tersa piel, produciéndole un tenue cosquilleo al menor, hasta llegar a su fría oreja. Entreabriendo los labios y acariciándola con ellas, notando como la temperatura aumentaba y el tono rojo también.

- Dear princess, dearest flower… - Susurró moviendo su lóbulo y el pendiente dorado que lo adornaba.

Los ojos del menor se abrieron de inmediato, y tras escuchar esa simple frase, algunos recuerdos vividos con su amado príncipe comenzaron a manifestarse en sus memorias.

<< - Vuestra piel es tan suave, como los pétalos de una rosa. Mi rosa… (13)

– Eres igual que mi princesa, adorable por fuera, con tu defecto de cerdito pero adorable… pero por dentro, eres testaruda. Como una rosa con espinas. (16)

- Dear princess, dearest flower… You are my piece, therefore be in the side. From now on, inside my arms. You will trust me, therefore be in my eyes… (17)

– Lo mejor es que mi primer y segundo tesoro se asemejan. El segundo es un hermoso rosal que trepó toda la pared del palacio y se enrolló en mi balcón, cubriéndolo con sus finas espinas y hermosas rosas, y mi primer tesoro, es una rosa también. Pero esta rosa es mas delicada, mas hermosa y cálida, desprende belleza por doquier y creo que este tesoro si estoy logrando conquistarlo. Esa rosa, eres tú. (18) >>


Aquellos diálogos llegaron de forma rápida a la mente del menor, quien parpadeó varias veces agitando sus preciosas y largas pestañas. ¿Acaso había sufrido tanto, por algo tan obvio?

- Tú eres la única flor, que realmente deseo.

Los parpados de Hizaki se dilataron mucho más. Sintió una ráfaga de alegría imposible de explicar, abrazando aun más a Kamijo después de aquello, llorando ahora de felicidad, pues de algo estaba convencido. Y ese “algo” era el no volver a derramar ni una diminuta lagrima por dolor nunca más. Kamijo lo abrazó fuertemente, besando su cuello varias veces y después seguir acariciando su oreja con sus labios, sintiendo como el aroma que desprendía la bella y suave piel del cuello ajeno lo embriagaba. Era extraño, pues el juraba reconocer ese aroma en alguien muy cercano. Comenzaba ha hacer memoria para hallar a esa persona, pero por más que lo pensaba nadie le parecía un sospechoso de tal fragancias. Por otro lado el menor no salía de su felicidad ni asombro, se sentía un verdadero estúpido, cuando recordó que esa noche había deseado acabar con su vida, pero que de nuevo el aroma a jazmín lo había embriagado, depositando únicamente sus hermosos y oscuros ojos en el palacio, caminando hasta el sin rumbo fijo.

-

Semi agachados observaban como la bella pareja de enamorados disfrutaban aquel ansiado beso llegado con amor y cariño por parte de ambos. El mayor de los duques elevó su mano izquierda, mientras que a su lado, la reina elevaba su derecha, y ambos la chocaban en nombre a al perfecto trabajo que había hecho en una escasa media hora. Sizuka quedó más que exhausta cuando vistió, peino y maquillo al bello joven en escasos diez minutos como si de la hija que siempre deseó tener se tratase, mientras que Yuki enredaba en palabras y cosas sin sentido a Kamijo, convenciéndole de que su elección debía de ser pospuesta para unos momentos mas adelantados ya que se según él el asunto carecía de importancia, pero que al tratarse de alguien tan honorable debía de ir sin oponerse ni rechistar. Dándole así tiempo a la reina para convencer a Hizaki de que debía hablar con su hijo, mientras lo arreglaba y lo aromatizaba con uno de sus caros pero preferidos perfumes franceses aromatizado en vainilla y rosa. Una vez Hizaki listo y temblando de los nervios, la reina lo condujo hacía el jardín más poco frecuentado del gran palacio. Ya que según ella, este era el único lugar en el cual mas privacidad tendrían.

Ya en el exótico jardín, hizo funcionar la antigua fuente lo cual se le dificulto un poco, ya que su hermoso y elegante vestido se trababa en las enredaderas salvajes. Luego, dio comienzo a encender algunos de los farolillos, dando suerte a no tener miedo a las repelentes arañas que se encontraban cómodamente en su tela, y las cuales corrían cuando veían la cerilla encendida prendiendo la mecha de su interior. Ya todo listo, se dirigió a Hizaki. Le hizo saber que ella sabía de su real sexo, y que entendía que eso no era un inconveniente, pues conocía lo que ambos jóvenes sentían por el otro, a pesar de ser los dos varones. También le habló de sus esperanzas a que si debía dejarle el trono a alguien, ese alguien fuera el bello muchacho que tenía enfrente. Y por ultimo y no menos importante, le dijo que si se quería ir, estaba en todo su deber, pero que si no hacía un último esfuerzo, nunca conocería cuales eran los verdaderos sentimientos del príncipe. Teniendo claro, el que ya ellos dos habían tenido intimidad.

Salió del jardín por otra puerta y se encaminó por un pasadizo hacia la sala donde el bullicio se oía en la lejanía, pues Kamijo estaba gritando con su primo, pues este no hacía más que confundir todo. Asomó su rostro donde Yuki la pudiese ver, y le hizo unas señas para que dejara ir a Kamijo hacía el lugar donde solo ellos dos sabían que Hizaki esperaba. Aunque ella se tapo fuertemente los oídos cuando oyó el gran grito que su hijo dio cuento el lugar de su reunión fue dicho por el duque, oyéndose de fondo los pleitos del rey hacia su falta de educación. Después fue simple, Yuki y ella se encaminaron por el mismo pasadizo que la reina había usado, llegando mucho antes al lugar, ocultándose tras una ventana que quedaba justamente encima de la fuente, observándolo todo, oyendo como Teru los llamaba informándoles del gran revuelto que las damas estaban haciendo en el gran salón. Pero ninguno de los dos no prestaron atención, mirando perplejos como el príncipe y el bello muchacho, disfrutaban de un cariño único, el cual ambos presentes, ya habían conocido antes. Sonriendo al unisonó, y chocando sus palmas, por el perfecto resultado, que habían logrado.

- - -

No quedé convencida con este capítulo ._. Pero tampoco lo he intentado arreglar x.x De cualquier forma, creo que ha llegado lo que he querido expresar, así que posiblemente no lo retoque :P

Muchas gracias por leer, y de nuevo discúlpenme por mi descuido... no se como me pudo pasar algo así >.<

Los quiero ♥
Mamá~
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Re: Prueba de amor

Mensaje por Angel_cm el Vie 1 Mar - 0:03

Fuiste la responsable que me sonrojara frente a toda la clase!!! >w<
Que va que te quedo genial!!!!!! :Clapping:
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Re: Prueba de amor

Mensaje por Eternal Rose el Sáb 2 Mar - 17:39

Al fin se dio cuenta Hizaki, no crei que fuera tan despistado. Awwwww espero el sigiente.
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Re: Prueba de amor

Mensaje por Eien no bara el Vie 8 Mar - 8:37

Siento mucho no haberme pasado antes Gene-chan
pero es que tenia un monton de examenes.

El capitulo te quedo genial,
por fin Hizaki se entero,
y no lo retoques que esta perfecto.
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Re: Prueba de amor

Mensaje por Geneviev el Sáb 9 Mar - 17:36

¡ATENCIÓN ESTE CAPÍTULO REQUIERE PAÑUELOS!

Jamás en mi vida me pude imaginar que lloraría tanto al escribir un capítulo, y menos de este Fic, pero es realmente triste... no os engañaré, yo casi no lo pude terminar debido a las lágrimas y como que me daba hipo a la vez y me temblaba... yo lo escribí mientras escuchaba una canción de Versailles que no recuerdo cuando era, pero que me hacía llorar mas.

Gracias a todas por los comentarios *^* y por no haberlos podido contestar, pero; estoy en los últimos exámenes del 2º trimestre, tengo un problema en una pierna que me duele a cada rato x.x y no he podido dormir lo suficiente estos días. Anoche por suerte dormí 14 horas sin despertarme, pero he tenido noches en las que ni a 3 llego u.u



Capítulo 27 - amor, por encima de todo


Con sus manos entrelazadas, la feliz pareja corría por el penumbroso pasillo gótico por el que el príncipe había pasado momentos antes en estado de puro nervio. El menor, sujetaba en su mano libre gran parte de la tela del bello vestido blanco, el cual se movía libremente debido al correr de quien lo vestía, haciendo verse en la lejanía como una bella luz. El príncipe por su parte corría rápidamente mientras reía, atacando de manera rápida la cintura del otro, enrollando su brazo izquierda en esta y jalándolo hacia su persona, besando sus dulces labios. El mayor todavía no podía creer lo que estaba viviendo. Hacía escasos momentos recordaba estar en su balcón, llorando con un Teru que lo consolaba mientras que Yuki había salido a un lugar el cual ni el menor de los duques ni el sabía. Ahora, sin duda alguna su primo mayor le parecía una persona fascinante en sentido emocional. Pues jamás se había parado a pensar que hiciera algo así por el, aunque tampoco imaginó vivir algo como aquello nunca. Pero dentro de todo, lo más imposible de creer para el, era el llevar a su princesa de la mano, por un pasillo poco frecuentado y corriendo al limite de la asfixia, con un solo objetivo, llegar al gran salón donde lo presentaría ante todos como su futura espeso. Sin olvidar los términos femeninos para hablar de su persona, pues ahora que por fin estaba feliz, no quería que nada ni nadie arruinara esa felicidad, más no lo iba ha permitir. Por un momento, pensó en la mujer que llevaba la gran azucena con manchas moradas y se recriminó por la semejante estupidez que había estado a punto de cometer. Iba a sacrificar su vida y el reino por una mujer que le estaba mintiendo, simplemente para saciar el dolor que sentía en su interior, aunque sabía perfectamente bien que de nada hubiese servido, pues amaba a Hizaki, y el amor es algo que no se apaga de la noche a la mañana.

Hizaki por su parte, intentaba correr lo mejor que podía, aunque sus altos zapatos de tacón se lo impedían un poco. Se oía su taconeo por todo el pasillo, para mas resonaba entre las paredes de piedra su bella risa. Pensó en todo pero en nada, y fue entonces cuando a su memoria llegó la idea, de que quizás, a esas horas ya estaría muerto. No entendía como había sido posible que llegara ha haber pensado en eso, como lo más natural del mundo. Aunque la respuesta era fácil, simplemente temía a sufrir. Ahora lo pensaba y sentía terror ante la idea que en su momento, fue para el la única salida. Todavía no podía ni lograba comprender del todo el asunto de la flor, pues Kamijo le había dicho que solo se lo revelaría en el salón, ante todos. Por su mente pasaban alguna que otra idea, pero no se atrevía a escoger cual sería la más sensata de todas.

Entre risas y besos, llegaron al pasillo principal del palacio, por el que hacía unos días Yuki había encaminado a la bella princesa hasta la sala donde conoció personalmente a los reyes, y por el cual minutos después Kamijo lo había llevado al hombre a pesar de sus riñas y quejas.

Miró maravillado todo aquel enorme pasillo. Como todas las estatuas doradas que levantaban el candelabro del mismo color, eran las responsables de iluminar todo aquel espacio con sus velas encendidas. La luz de la gran luna que ya no se encontraba en la misma posición, ayudaba con sus rayos plateados en la iluminación de aquella parte del palacio. Según iban cruzando el gran pasillo, la guardia real iba siendo mas frecuente, quedando muchos de ellos boquiabiertos al ver la dama que su príncipe llevaba de la mano. Otros, simplemente se miraron cómplices, imaginando que estarían haciendo y de que lugar vendrían.

Los nervios de Hizaki se comenzaron a poner en flor de miel cuando se dio cuenta de lo que vendría a continuación. No sabría como reaccionar delante de tantas mujeres las cuales seguro lo desearían liquidar, pero sobretodo, no sabría como actuar ante los reyes. A pesar de haber sido la reina quien lo había ayudado a prepararse para la ocasión, quien lo había convencido de mostrarse ante Kamijo tan y como era y quien tenía puesta en él toda su fe. Sin duda alguna, después de aquello, Hizaki había decidido aprovechar aquella oportunidad, y no menospreciar el respeto y cariño que Sizuka le estaba ofreciendo. Si alguien le haría daño a Kamijo, estaba seguro de dos cosas, que no sería el y que el culpable de ese dolor, se las vería con el.

Suspiró con nerviosismo al ver la puerta la cual tendría que atravesar y la cual escondía en su interior bastantes mujeres celosas y rabiosas. Sin duda Hizaki se sentiría como meterse en un lago de pirañas. Kamijo, notó su nerviosismo. Tomó sus manos entre las suyas, elevándolas tranquilamente hasta la altura de sus labios, donde las beso, para después soltarlas y dar un pequeño beso, un simple rose, en su frente, haciendo que bajo este acto el menor cerrar sus ojos. Su príncipe le transmitía confianza y seguridad. Simplemente bastó con mirar fijamente los hermosos y brillantes ojos aguamarina del mayor, para sentirse lo suficientemente fuerte para enfrentar lo que venía. Sin más, el príncipe tomó el manillar.

La puerta se abrió de manera sutil y tranquilamente. Todo el murmullo y los gritos del rey pararon en seco, aunque el sonido de fondo fueron los refunfuños del rey sobre la actitud de su heredero, el cual según el, ya debería de estar durmiendo y con esposa escogida.

Kamijo puso un pie dentro de la sala, mirando a todas las direcciones. Los rostros de las mujeres transcurrían tranquilos, pues Hizaki estaba justamente detrás de el, y esto impedía que lo lograsen ver. Dio otro recorrido con su mirada azul al salón, y solo bastó un momento de miradas conectadas para que tanto Yuki como Teru fuesen a su lado, colocándose uno a su izquierda y otro a su derecha. El menor de los duques no se había percatado de que la bella princesa todavía estaba allí, hasta que giró un poco su rostro buscando a Yuki, el cual estaba a la derecha. Ahogo un grito de emoción, y fue la gota que derramó el baso, pues todas la damas se aterraron al ver al duque sonreír a las espaldas de Kamijo, donde se suponía no había nadie. El príncipe dio unos pasos al frente, extendiendo sus manos con su palma hacía atrás, para que los duques entendieran que se quedases allí. Lo menos que quería era que alguna mujer celosa atacase a su más preciado tesoro.

- Ruego sus disculpas por mi pequeño percance. Como había dicho anteriormente, hoy será el día en el que decida quien será mi esposa y futura reina de Versailles. – Kamijo dio la vuelta dándole la espalda a la multitud. Con sus manos hizo señas que ambos duques comprendieron, cerrando la gran puerta, quedando ambos junto a Hizaki al otro lado de ella. – Cuando era un niño, mi abuela me contó una leyenda, la cual me pareció muy divertida en ese entonces. – Giró nuevamente. – La historia trataba sobre un rey, el cual tenía un hijo. Ese hijo debía proseguir con la dinastía y elegir esposa. – Las mujeres miraban sin entender al príncipe, y en algunas de ellas comenzaba brotar el miedo por culpa de aquellas palabras. – En su lecho de muerte, mi abuela me comentó que ese príncipe, había sido mi abuelo y que ella había sido victima de una prueba. – Comenzó a caminar entre ellas elegantemente, asustándolas más de lo que muchas se encontraban al escuchar la palabra “prueba” de los labios del príncipe. – La prueba consistía en dar una semilla a cada dama del reino y aquella que llevase la flor más grande y hermosa, se convertiría en la esposa del príncipe. Pero como toda prueba, hay una trampa. – Sonrió en la cara de las damas al ver sus rostros rojos y morados, algunas de ellas comenzaban a apretar entre sus manos las hermosas flores, manchando con sus colores su piel. - Todas y cada una de las semillas que a todas las hermosas damas que esta noche están aquí con tan hermosas flores, eran estériles. Semillas imposibles de dar a nacer una planta.

Un grito le hizo girar su rostro, encontrando una mujer llorando y tirando su flor al suelo, para luego pisotearla y salir por la puerta corriendo. Extrañamente, aquella flor era una azucena blanca y morada, y aquella mujer era la que hacía unos momentos sonreía victoriosa. A pensar de Kamijo eso había sido una lastima, pues le hubiese gustado que aquella dama hubiese tenido la oportunidad de conocer a quien sería su esposa próximamente. Desde su posición, vio que alguna que otra dama intentaba hacer lo mismo, pero cuando iban ha abrir la puerta para salir, hizo señas a los guardias para que se lo impidiesen.

- Es para mi una desfachatez, que las mujeres de mi futuro reino no sean sinceras. Como príncipe, ninguna de ustedes tendréis mi confianza y respeto a partir de ahora. Desde que salgáis por la puerta de este palacio, seréis vistas por el mundo como embaucadoras. Todas y cada una de vosotras… excepto una. – susurró lo último, provocando que todas las damas que ocupaban el gran salón volviesen a alzar la vista, sin esperanzas.

Levanto con serenidad su brazo, y con elegancia señalo hasta la puerta de cortinas blancas. Por la misma puerta que hacía tres semanas justamente había salido a recorrer los jardines con su princesa. La vista de todas las doncellas paró en la gran belleza del vestido blanco, la cual era escoltada por los duques. Llevaba su cabeza gacha, debido a la vergüenza de aquello, y del miedo que le provocaba el levantarla y ver todas aquellas miradas feroce sobre su cuerpo y persona.

Un peculiar sonido de pisadas conocidas llego a sus oídos, y pronto pudo ver las altas botas negras de corsé del príncipe a su frente. La suave mano del mayor levantó su barbilla en presencia de todos, quienes se esperaban lo que venía a continuación. Se acerco lentamente a aquellos labios con aquella peculiar forma adorable, y los besó con frenesí y calma. Disfrutando de su tacto. Al romperlo, giró de forma ligera, no sin antes contemplar las sonrojadas mejillas de Hizaki.

- Madre, padre… Os presento a la futura princesa de Versailles.

Ambos reyes, amos emocionaron, asintieron con su cabeza dándole la aprobación a su hijo. El rey, había olvidado todo el enfado que tenía hacia escasos minutos, y una lágrima que supo ocultar muy bien rodó por su mejilla derecha. La reina, sonrió emocionada, había logrado que Hizaki le dijera a su hijo todo lo que sentía con la ayuda de Yuki. Ahora por fin podía estar tranquila, pues cuando tuviese que ceder su reinado, sabía que lo dejaría en buenas manos, y su corona enredada en bellos cabellos dorados.

Antes de que nadie se acercase a felicitar a la pareja, Kamijo tomó a Hizaki por la muñeca, jalándolo hacía la puerta por la cual salieron corriendo ante las atentas miradas de todos.

El aire frío de la noche de verano chocó en sus cuerpos, pero el frío era como el dolor en ese momento, vencido por el amor y la felicidad. Los farolillos alumbraban aquel camino de piedra en aquellas horas de la noche. Como era de esperar, el peculiar sonido de los grillos era esencial en aquella escena, igual que las polillas chocándose en el cristal de los faroles. Desde el palacio se podían escuchar sus risas, las cuales llegaron a los oídos de los reyes y de los duques, los cuales salieron al balcón, presenciando así, una adorable imagen, pues el príncipe tomó a la ahora por fin princesa por sus rodillas, cruzando un brazo por su espalda, haciendo que Hizaki lo abrazada por el cuello, para comenzar a darle vueltas en el aire, mientras lo besaba y reía. De esta manera, su hermoso vestido se abrió, dándole a Kamijo una imagen semejante a la que el ya ansiaba y deseaba ver, el día en el que se unieran en sagrado matrimonio.

Sizuka suspiró emocionada, recargando su rostro en el hombro de su marido, quien besó su frente y la abrazó por su cintura mientras veían la escena. Tras ellos, un duque grisáceo se recostaba de espaldas sobre el pecho del duque mayor, quien tenía sus manos puestas sobre el vientre plano de Teru, apoyando su barbilla en el hombro del susodicho. Pero a diferencia de los reyes y el grisáceo, Yuki no se encontraba del todo bien. Había algo en Hizaki que le parecía sumamente conocido, no era él, era algo que el poseía. Era su risa. Aquella risa era semejante a otra, tenía algo que devolvía su imagen a su mente. Un mareo lo saco de sus pensamientos, soltándola cintura del mayor y apoyándose en la madera de la puerta, llamando la atención de todos.

- Yuki, ¿te encuentras bien? – Era la voz de Sizuka la que resonó en sus oídos, pero no la podía oír del todo bien. Llevó una mano a su cabeza, notando como en cuestión de minutos su temperatura había aumentado uno o dos grados. – Estas pálido…

Cerró sus ojos, apretándolos con la yema de sus dedos suavemente. Sentía que si los abría las lágrimas comenzarían a salir, y lo menos que quería era que así lo vieran. Apoyado de la puerta, dio la vuelta intentando no caerse debido al mareo y las nauseas que sentía. Hacía tiempo que pensó superar la tragedia que le arrebato a su primer amor, pero en aquel momento se dio cuenta de que no era así. Sin decir nada ni contestar, se adentró de nuevo en el gran y lujoso salón, el cual ya estaba libre de damas. Debía y quería estar a solas. El y sus pensamientos en una misma disputa y guerra.

Teru, intentó contenerse dentro de todo para parecer normal, pero una simple mirada de la reina le hizo entender que debía ir a buscar al duque. Sabía que si se entrometía mucho en su vida acabarían discutiendo, así que simplemente lo observaría desde lejos, y si pensaba que hablarle era apropiado lo haría. A pesar de que sentía que Yuki le estaba ocultando algo, lo menos que quería era pelear con él.

Cuando Teru entró al salón, ya el no se encontraba allí. Caminó con cansancio hasta la puerta de entrada, la cual estaba abierta de par en par. Dobló el pasillo por el cual su primo y Hizaki habían pasado, y antes de llegar a su finalidad subió por unas escaleras. Estaba seguro de que Yuki se debía encontrar en sus aposentos, y lo más seguro llorando, pues algo le decía que las cosas no iban bien. Al finalizar las escaleras, recorrió varios pasillos, pasando por la habitación de Kamijo y la delos reyes. Sus habitaciones quedaban en la otra ala del palacio, así que todavía debía caminar bastante hasta llegar. Desde lo lejos después de casi diez minutos de camino, pudo divisar la puerta con los dos jarrones repletos de hermosas flores. Tenía nervios de alteara a Yuki mas de lo que estaba, así que simplemente, paró en seco ante la puerta.

Acarició la madera de esta, recostándose después en ella, logrando escuchar al otro lado los sollozos del mayor. Bajó su vista con pena, intentando hallar un motivo por el cual el duque estuviera así. Pensó en su relación, el la relación de ambos y en los papeles que cada uno tenía en ella. También pensó en que quizás el era una carga para Yuki, y ese era el motivo por el cual el mayor estaba así, pero llegó a la conclusión de que si esto hubiese sido así, entonces de nada habría valido la pena el haber defendido su relación y a el. Que su discusión de hacía varios días atrás no sirvió para nada, solo tiempo desperdiciado. Pero sabía que no era así. Sabía que tras esos ojos que ahora lloraban había visto el amor que tanto decían sus palabras que por el sentía. Pero quizás, dentro de ellos había un gran sufrimiento, uno que el no había podido ver. O no había querido ver…

Giró el manillar de la puerta, cediendo rápidamente a abrir. Dentro, todo hubiese sido pura oscuridad, de no ser por dos lámparas de aceite encendidas y por que no tenía la cortina pasada y la luz se adentraba también entre las cuatro paredes. Diviso la capa oscura y dorada que Yuki estaba usando en el suelo, enredada y arrugada debido al trato. Miró hacía la cama, cerrando al puerta tras de si, allí se encontraba Yuki, con su rostro hundido entre sus manos, y un sobre ya marquito a su lado.

- Yuki… - Susurró de manera muy tenue, pero el nombrado a pesar de oírlo no se inmutó a moverse.

Caminó dentro de la penumbra que lo rodeaba, pasando al lado de la cama, hasta quedar frente al nombrado. Se agachó, apoyando sus manos en las rodillas ajenas, viendo como las lágrimas ya caían por su cuello. Acerco una de sus manos, rozando con sus dedos sus mejillas mojadas.

- Yuki… - Volvió a llamar.
- Yo… - Intentaba hablar, pero las palabras que quería pronunciar se veían afectadas por todo el dolor y sufrimiento que cargaba en ese momento. Sentía el dolor vivo como en el ayer, como el día en el que se entero de la muerte de aquel ser que tanto amaba. Era como si el tiempo no hubiese pasado, y todavía se encontrase en la misma fecha, en aquel nueve de agosto. – Teru, perdóname… - El menor se alzó enrollándolo con sus brazos, siendo el también abrazado por los brazos del mayor, quien hundió su rostro en el cuello ajeno.
- ¿Qué sucede? – acaricio los castaños cabellos de Yuki, mientras este intentaba tomar aire para decirle aquello que pensó, jamás tener que contar a nadie, soportando todo el dolor.
- Hubo alguien, hace tiempo… - logró decir entre suspiros y asfixias que le producían el llanto.

Teru se echó un poco para atrás y alzo una ceja, mirando los hinchados ojos del contrario. No pudo evitar sentir un poco de celos, ya que cabía la posibilidad de que esa persona hubiese vuelto. Yuki señaló el sobre a su lado, el cual Teru cogió, notando la vejez que ya aquel papel sepia tenía. Jamás había visto ese sobre. Lo abrió con cuidado, sacando una gran lamina de su interior.

En su superficie, el rostro de una hermosa mujer estaba perfectamente dibujado. Sus fracciones eran finas y con cierta forma felina, de mejillas delgadas. Su nariz era la más perfecta que había vista, fina y precisa para la belleza que su rosto poseía. Sus labios eran perfecto y carnosos, tanto el superior como el inferior, y sus ojos tenía unas pestañas exageradamente bellas, con unas pupilas grandes y brillantes, capaz de transmitir a través del papel. Su pelo era totalmente ondulado, y por lo que Teru pudo notar, de un color oscuro. Se veía un poco una de sus orejas, la cual llevaba como accesorio una gran rosa que se mezclaba con sus perfectos rulos. En una esquina del papel, el nombre del duque firmaba el retrato.

El menor se movió un poco, haciendo que también se moviese el sobre, del cual comenzaron a salir cartas, ya con la tinta un poco corrida, pero hubo algo que le llamó la atención.

- Hace años, Sizuka me encomendó la tarea de vigilar a Kamijo… - comentó el mayor. – Una tarde, yo iba de regreso al palacio y en el camino me topé con un hermoso joven, el cual había tropezado y se encontraba recogiendo las manzanas que llevaba en un cesto el cual había caído. – Yuki se levantó de su cama, dejando a Teru en un lado aun con la lámina en sus pálidas manos. – Yo me bajé del caballo por que me di cuenta de que una de sus rodillas estaba sangrando. Cuando me topé con su mirada quedé totalmente hechizado. – Se apoyó en la puerta de su balcón, mirando al horizonte oscuro, recordando aquel momento como si fuera ayer. - Esa tarde pude saber más que su nombre, pero me prometí, buscarlo.

Teru escuchaba atentamente aquello, mientras que miraba el nombre con las que las cartas estaban firmadas. Había escuchado ese nombre en algún lugar.

- Una mañana fui al mercado por simple aburrimiento que sufría en palacio. Entonces, allí estaba, sentado sobre un panel de madera, sujetando entre sus manos un lindo conejito blanco de ojos negros. Yo me quede a varios metros mirándolo, hasta que el se percató y pude ver como sus mejillas se tornaron de un rojo intenso. Al principio lo dude, pero finalmente me acerque. Al principio nuestra conversación fue tímida, pero esa misma tarde le robé el primer beso, recibiendo una bofetada de su parte, pero no me importo. – Sonrió mirando la gran luna, pensando en que quizás, el estaba allí ahora escuchando la historia de ambos. – Durante los próximos días yo fui al puesto en el que el trabajaba, vendiendo manzanas y conejitos. El siempre salía huyendo cuando me veía, pero finalmente todas las tardes al anochecer le robaba un beso, cada una sin olvidar ninguna. Hasta que una tarde, cedió, entregándose a mi.

Las lágrimas ya entraban a su boca, pero no le importaba, era demasiado grande e intenso el dolor que sentía, tan vivo y ardiente. Teru tenía su cabeza gacha, jamás había imaginado que antes que el hubiese habido alguien mas… Pero dentro de aquello, la voz rota del mayor contándole eso, lo hacía sentir mal, logrando comprender un poco su propio dolor.

- Una mañana, el no fue a su puesto y yo me preocupé. Esperé varios días hasta que al fin lo volví a ver. Fui corriendo a abrazarlo y besarle todo su rostro, pero entonces el me detuvo. “Esto no puede seguir…” me dijo, yo no lo comprendí y fue entonces, después de esas palabras, cuando sentí el mundo caerme encima. Pues me había enamorado realmente de el. Le pedí una explicación pero el comenzó a toser de manera ronca y fuerte, un “por favor” salió de sus labios, pero yo no me quedaría con aquella intriga y duda que me estaban matando. Los siguientes días volvía ir, pero nuevamente no estaba allí. – Llevó sus manos a su me lo, enterrándolas en el y jalándolo suavemente. – Yo estaba asustado y dolido al mismo tiempo, no quería que todo acabara allí. Cuando por fin me di por vencido, lo encontré caminando por el mismo camino en el cual lo había encontrado recogiendo las manzanas. El llevaba un traje blanco y malva, entonces me miró y por un momento vi en su mirada algo que jamás había visto, era un brillo extraño y diferente. Ese día el me dijo “Quiero correr” y yo accedí. Lo perseguí, incluso nos adentramos en el bosque, caímos al suelo, paliamos, gritamos, todo era perfecto hasta que comenzó a toser nuevamente, yo simplemente le reñí y el con un “Se me pasará. Te lo prometo” me contestó. Yo creí aquellas palabras… como un iluso. Aquella tarde, le pedí que me dejara dibujarlo. Le dije, que quería ver su rostro cada día de mi vida, que no me importaba lo que los demás pensaran por ambos ser hombres. – Cerró fuertemente sus ojos, recordando como tras aquellas palabras, el rostro de Jasmine se volvió triste, pero que supo ocultarlo bien bajo una sonrisa angelical. – Yo volví a mi caballo y tomé mi carpeta y un lápiz de carbón, luego volví a donde el me esperaba. Las dos siguientes horas examine su rostro como nunca antes lo había hecho, y lo dibujé exactamente tal y como era. Me di cuenta de que tenía un gracioso tic nervioso en la nariz, y que a veces la movía como un conejito. Antes de que la noche callera, le hice el amor en aquel lugar, por ultima vez. Si yo hubiese sabido, que esa era la ultima vez en la que le podría demostrar cuanto lo amaba, se lo hubiese dicho y demostrado una y mil veces, pero mas aun en ningún momento lo hubiese dejado marchar. La última vez que lo vi, fue por aquel camino que lo llevó hacía mí, cuando el siguió su camino a su casa y yo al palacio.
- No lo comprendo… - Oyó el tenue susurró a sus espaldas. - ¿Por qué, no lo fuiste a buscar?

Yuki se giró encontrando a un Teru con el rostro entristecido debido a la historia que había acabado de escuchar.

- El está muerto Teru… La muerte me lo arrebató. – Cerró su puño estampándolo contra la madera de la puerta con todas sus fuerzas, pero aun así, sin sentir dolor. – El estaba enfermo, y yo no pude hacer nada. No te imaginas lo culpable que me siento al pensar de que no pude estar con el en sus últimos momentos, en el momento en el que sus ojos se cerraron por ultima vez. Yo no me pude despedir de el. No le pude decir por última vez cuando lo amaba y lo necesitaba a mi lado. – Cayó de rodillas al suelo, cejado por el dolor y las lagrimas, contagiando de esto al otro muchacho el cual tampoco podía evitar llorar.

Teru se levantó de la cama, dejando con cuidado el dibujo a un lado. Caminó hasta llegar donde Yuki se encontraba, agachándose hasta quedar a su altura. Sin pensárselo lo abrazo fuertemente, besando su castaño cabello, en el cual ahora también caían las lágrimas del grisáceo. Todavía no entendía como era posible que Yuki llevase años guardando todo aquel dolor sin compartirlo, ni desahogarse. Era algo valiente ante los ojos azules del menor.

- Me siento tan mal Teru. Han pasado tantos años, y todavía no he sido capaz de ir a su tumba, de hablarle, de decirle cuando lo quiero todavía. Al igual que tampoco he sido capaz de ir al mercado. Tan solo estar allí, y recordar aquel puesto con manzanas y con un peculiar conejito blanco en una jaula, y no verlo, me es algo tan tormentoso.
- ¿Sabes dónde está su tumba? – El mayor negó con su cabeza, pero no era algo sorprendente para Teru, pues esperaba una negación como respuesta. – Deberías hablar con Hizaki.
- ¿Qué tiene que ver Hizaki en todo esto? – Preguntó un poco mas calmado.
- Jasmine era su hermano. – Yuki levantó la vista. - Lo oí el día que cenó con nosotros. Pasaba por el pasillo y oí como se lo decía a Sizuka mientras hablaba con los reyes. – Limpio con sus dedos las lágrimas de la mejilla contraría, dando un beso en su nariz rojiza. – Quizás, lo que Jasmine quiere es que tú lo vayas a visitar, y te despidas como no pudiste hacerlo en su día. No creo que haya que decirle que todavía lo quieres, por que eso es algo que se siente, y estoy completamente seguro de que él lo sabe. – Movió el cabello castaño hasta detrás de una de las orejas del mayor, el cual iba ha hablar, pero un dedo en sus labios se lo impidió. – No, no estoy molesto, al contrario. Me siento muy orgulloso por ti. Has guardado en tu corazón el lugar que a Jasmine le pertenece, no lo has sacado de allí para dármelo a mí. Has creado otro lugar en tu corazón donde guardar tus sentimientos hacía mi, sin borrar el inmenso amor que sientes por el. No todas las personas consiguen hacer eso, pero tú lo has logrado, y eso significa que eres una persona fuerte, que no deja que el dolor lo derrumbe y que sigue adelante con todo muy presente. No podía estar menos orgulloso de ti, Yuki.

Después de un gran abrazo, ambos se levantaron rumbo a la cama, debían descansar. Yuki volvió a guardar el dibujo de Jasmine en el gran sobre, no sin antes depositar un beso en la hermosa pintura y desearle buenas noches. Se recostó al lado de Teru, depositando su cabeza sobre el pecho del menor, dejándose llevar por el sueño, oyendo a la lejanía la suave risa resonando en su cabeza, pero eso le causaba paz, reamente estaba allí, cuidando de el, como el ángel que siempre fue.

En otra de las tantas habitaciones del palacio, el príncipe y la princesa también disfrutaban de una hermosa velada en la cama, juntos abrazados y el menor de ellos dormido suspirado dentro de los sueños. Sus muslos eran acariciados paulatinamente por la masculina mano del mayor, quien no podía conciliar el sueño, pero que tampoco podía despegar sus ojos de aquella mano que reposaba sobre su pecho desnudo, el cual era cubierto por muchas ondulaciones rubias, sus ojos estaban clavados en aquel dedo, en aquella joya. En el símbolo de que ahora y siempre, ambos estarían juntos. Hasta el final.

- - -

Siento si os hice llorar, pero reo que en este capítulo he dejado una gran parte de mi dolor por su perdida muy grande ♥

Debo ir a cenar, pero en unos momentos pondré el nuevo fic "Bewitched Rose" espero y lo pasen a leer ^^

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Re: Prueba de amor

Mensaje por Angel_cm el Jue 14 Mar - 1:20

Jasmine y Yuki aiinn :c no pude llorar a gusto por que estaba en publico T_______T y el amor vencio como seimpre <3
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Re: Prueba de amor

Mensaje por Eien no bara el Mar 19 Mar - 15:56

Que capitulo tan lindo,
he llorado como una fuente mientras leia,
pero me encanto.
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Re: Prueba de amor

Mensaje por Geneviev el Mar 2 Abr - 19:38

¡¡¡HOLAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!
Siento la demora u.u pero últimamente ando en otro mundo x.x
Gracias por los comentarios, yo igual lloré como nunca por el capítulo anterior. Si se me habían escapado algunas lagrimillas leyendo algo triste, pero nunca pensé que fuera tan fuerte el escribirlo u.u sentí como me quebraba u.u fue algo horrendo, pero bonito a la vez *^*
¡¡Aquí se debela una nueva pareja!! Una muy sensual y que a mi me encanta <3 Espero que les guste, subiré Bewitched rose ya mismo *^*

¡¡Ya vieron la nueva banda!! Zin me parece sensual :3



Capitulo 28 – Ajuar de bodas

La fragancia de aquellas blancas y frescas sabanas, invadía su tersa piel envolviéndola en el aroma varonil del propietario de aquella gran cama. A pesar de las pequeñas peleas al principio, la princesa había logrado que su príncipe le cediera su lugar, para así poder tener su fragancia en aquel peculiar lugar de la cama, aunque de nada era eficaz, pues cada noche era rodeado por los brazos del mayor, contaminando su cuerpo de su fragancia mucho más que las sabanas de puro color. También ya eras algunas las veces, que aquella cama había presenciado grandes escenas de pasión hasta altas horas de madrugada. Pero eso qué importaba, era obvio que ambos príncipes se anhelaban cada vez más, y en especial Kamijo, quien no hallaba ya la hora de hacer de su princesa su esposa.

Dicha princesa ronroneó y sonrió al sentir como toda su espalda central, era besada en un camino por toda su columna, recta y perfectamente notoria. Los labios del mayor hacían ese trabajo todas las mañanas para despertar a su bella durmiente de sus dulces sueños, pero todas las mañanas pasaba lo mismo, o era tirado de la cama, o conseguía dormir más a Hizaki de lo que ya estaba. Le gustaba aquel carácter rudo que su princesa podía llegar a adquirir rápidamente, pues había comprendido, que despertar no era algo de su agrado. Pero a el no le importaba caer de la cama todas las veces que fueran necesarias cuando el menor se enfadaba e inconscientemente lo tiraba mientras todavía surcaba las mareas de los sueños profundos. Pero aquella mañana era diferente, le tenía una gran noticia a Hizaki, y por nada del mundo permitiría acabar en el suelo, sobre la alfombra, desnudo y entre almohadones.

- Dear princess… - Susurró al llegar al hombro desnudo de la princesa, besando este y luego siguiendo ese camino hasta su oreja, besando su lóbulo. – Dearest flower… - Su canto fue acompañado por la gorda bola de pelo blanco que dormía en los pies de la cama, quien se había levantado y estirado su gordito cuerpo, patitas y cola, para después subir a la altura de las almohadas y acomodarse sobre la del príncipe maullando a su vez. - ¿Hizaki…? – Llamó cantando y lo notó removerse y gruñir bajo su cuerpo, hundiendo más su rostro en el almohadón que estaba vez era de colores blancos y beige. – Sonia me ha robado mi almohada. Nuestra hija es una evacuadora, que detesta a su padre. Sabía que fingía cuando la conocí.

Bajo su cuerpo y contra el elegante almohadón pudo apreciar el sonido de una risa, la cual el conocía muy bien. Él también rió contra el hombro desnudo del menor, para después olfatear su laberinto de bellos y despeinados rulos buscando entre ellos el cuello ajeno, hallándolo y después comenzando a soplar y besar cada centímetro de aquella piel, oyendo a su bella princesa reír, y notando como poco a poco se giraba más dejando su cuello expuesto ante el príncipe, quien no dudo ni un segundo en proseguir con aquello. Con la ayuda de sus manos tomó la cintura del menor, girándolo completamente, besando ahora su clavícula. Hizaki no emitida ningún sonido, pero en su rostro ya sonrojado podía apreciarse el aprobado. Pronto el príncipe dejó lo que hacía atrás para subir a su rostro, y comenzar a besar todo cuando podía. Dejando la huella de su dulce aliento en cada poro de aquel bello rostro de ángel. Haciendo que su ahora pequeña e indefensa princesa sonriera ante aquello, cazando en una lucha rápida sus labios y besándolo con afecto, cariño y pasión. Sujetando con suavidad por las mejillas el rostro del mayor, hundiendo después sus manos en el cabello rubio y alborotado de este al sentirse mas hundido en aquel cómodo almohadón.

Kamijo tenía todo su peso sobre el frágil pero no menos fuerte cuerpo de la princesa, quien emitió un pequeño e indefenso gruñido cuando su príncipe mordió su labio inferior riendo contra este.

- Mi princesa, alguien desea veros. – Dijo contra aquellos finos y bonitos labios rojizos que tanto amaba besar y sentir.

Se fijó en el adorable ceño fruncido con labios de patito que Hizaki hacía, pues había captado que era lo que quería su princesa para buen comienzo del día. Kamijo, hizo una mueca muy parecida, solo que el negaba con la cabeza mientras reía rompiendo sus labios fruncidos y sacados hacía fuera, pues Hizaki pestañeaba coquetamente con aquellas envidiables y largas pestañas que embellecían su mirada, pero en el fondo sabía que no podría convencer a Kamijo de nada aquella mañana.

- No quiero ir. – Su voz sonó infantil y junto con ello tembló su labio inferior, a lo que Kamijo no pudo resistir y besar aquella adorable y cargada de ternura faceta de su princesa.
- Debéis de ir, como la hermosa princesa que sois. – acarició su nariz, para después depositar un pequeño beso en ella. – Mi hermosa, bella, magnifica, maravillosa y sublime princesa.

Kamijo besó su frente, pasando un brazo bajo el cuello de su princesa y dejar su mano reposando en su hombro. Se acomodó en el almohadón y notó como Hizaki lo hacía igualmente en su brazo, girando un poco quedando más pegado contra el pecho del mayor. Con suavidad, los delgados y largos dedos del príncipe acariciaron el rostro ajeno, pasando por sus mejillas, mandíbula y barbilla, fijándose en que no era el maquilla el que hacia de Hizaki una reluciente belleza, sino en que ya lo era por si. Volvió a besar con cariño los bellos labios para después levantarse, y ser el primero en salir de aquella cómoda cama. Sin vergüenza, paseó desnudo ante Hizaki, quien se sonrojó al ver aquella escena, pues todavía dichas cosas lo ponían tímido o lo pillaban por sorpresa. El, a diferencia de Kamijo, se sentó en la cama tapando su entrepierna con las sábanas, para después estirar su brazo derecho y tomar una bata de seda que había dejado en una elegante silla rustica junto a la cama.

- No os pongáis vestido, simplemente la ropa interior. – El menor se quedó petrificado ante aquello y giró su rostro rápidamente encontrándose con un príncipe sonriente.

Por su cabeza pasaron muchas cosas ante tales palabras, pero lo que mas le irritó era ir por palacio simplemente en ropa interior, la cual constaba de unas medias hasta medio muslo, un pantaloncito de encajes y un corsé que era el cual simulaba sus pechos. Se giró automáticamente con su rostro totalmente rojo, agachándose para buscar en el gran armario sus ajuares. Decidiéndose finalmente por uno color rosa pastel, con pequeños encajes blancos y rosa oscuro en toda su superficie.

Aprovechó que Kamijo se encontraba en el baño, que la feliz pareja compartía al igual que la habitación, para deshacerse de su bata blanca de seda y quedar totalmente desnudo, notando como sus bellos rulos tocaban la parte baja de su espalda. Se sentó al borde de la gran cama colocando primero el pantaloncito rosa, el cual tenías muchos encajes en forma de volantes. Tomó una de las medias, adentrando primero su pie para después subirla de forma lenta a lo largo de su bella pierna, sin darse cuenta de que tras el, un príncipe con mirada perdida lo observaba con sumo cuidado. Pues su prometido lo hacía todo con suma sensualidad sin incluso quererla transmitir. Pero eso era otra de las tantas cosas que le gustaban de el.

Cuando por fin tubo ambas piernas cubiertas por aquellas bellas medias color pastel con finalidad en un ancho encaje formando flores rosadas en hilo, se levantó para colocar lo que más odiaba de su indumentaria. Se giró para tomar el atareado corsé descubriendo a Kamijo apoyado en el marco de la puerta, observándolo y sonriéndole. Este solo llevaba puesto un pantalón negro un poco ajustado y unas botas latas de corsé pero sin tacón, con su cabello rubio aun despeinado. Hizaki rápidamente tomó la bata de seda tapándose a la altura del pecho y tornándose su rostro carmesí.

- ¡Kamijo!

A pesar de que el mayor había observado y tocado su cuerpo bastantes veces, la bella princesa todavía se sentía vergonzosa ala hora de estar desnudo o en aquel sensual ropaje a ojos de Kamijo. Muchas veces le huía, y normalmente por las noches se desvestía en el baño, colocaba su hermosa bata de seda y se metía bajo las sabanas con esta, luego, gracias a la escasa luz de las velas su vergüenza poco a poco pasaba, y dejaba que Kamijo lo desnudara y llevará al paraíso.

El mayor sonrió y se acercó a él a paso sigiloso, Hizaki realmente temía que le sacara su bata o algo semejante. Pero no fue así, Kamijo pasó a sus espaldas tomando el corsé y pasándoselo a su prometido, girándose para no verlo. Hizaki amaba la forma de respetarlo que su príncipe tenía. Se giró mientras se ponía el corsé, mientras trataba de ajustarlo con sus manos a la espalda y ya estas doliendo por la complicación que aquello era, sintió como las cintas rosadas eran arrebatadas de sus manos con cuidado y poco a poco iban apretándose sin hacerle daño. Sus mejillas se volvieron a sonrojar, al sentir los labios del mayor en su hombro, seguido del ruido que las cintas hacían cuando llegaba su finalidad y eran ajustados para hacer el lazo final.

- Listo. – Su lóbulo fue besado.

Como si aquel apuesto príncipe hubiese leído su mente, tomó el cepillo color perla de Hizaki y comenzó a peinar con suavidad sus doradas ondulaciones sin deshacerlas y dejándolas perfectamente perfectas. Luego paso a su fleco, donde lo peino con suavidad acomodando los bellos hilos de oro tal y como su princesa lo hacía.

Tomó una de sus tantas camisas holgadas y blancas y se la puso, para después pasar sus dedos por sus alborotados cabellos rubios y dejarlos aun peor, siento esta vez Hizaki quien lo peinara a el.

Ayudo a su princesa a ponerse de nuevo su bata de seda, para juntos encaminarse a la puerta.

Pasearon grandes pasillos por los cual se adentraba muchísima luz debido a la hora de la mañana que ya era. Los sirvientes y doncellas correteaban de aquí para allá colocándolo todo, sintiéndose de esta manera un poco incomoda la princesa, pues algunos se quedaban mirándola debido a su atuendo, pero pronto Kamijo se interponía con mirada amenazante. A Kamijo no le agradaba absolutamente nada aquello, y prefería que si Hizaki tenía que ir a alguna parte con esa escasez de ropa ir él con el.

Hizaki, pese a su incomodidad, lo miraba todo fascinado, pues a pesar de que ya levaba una semana y pocos días más conviviendo con Kamijo, aquel hermoso palacio guardaba miles de tesoros y secretos que el jamás había visto ni imaginado, así como el adaptarse muchas veces a recorrer pasadizos secretos con Kamijo, pues según el ultimo mientras existieran atajos mas cortos no iba a recorrer pasillos sin sentido. Pero en el fondo todo le resultaba sumamente hermoso y fascinante. Kamijo todos los días lo llevaba a un nuevo lugar o le enseñaba nuevas cosas que el no sabía. Juntos, solían pasar grandes tiempos en la biblioteca, donde el mayor le leía poesías, o incluso le enseñaba cosas sobre la geografía o la pintura. Kamijo era mas perfecto de lo que el había imaginado que lo fuese.

Doblaron hacía la derecha, adentrándose por un pasillo un poco oscuro, donde al final de este había una puerta de madera, bastante grande con un león en cada una de sus partes tallados en la madera, con los ojos, colmillos y garras hechas en piedras y perlas. El príncipe tomó el manillar de hierro y plata girándolo lentamente.

Entraron dentro de aquel tan extraño salón, pues no era como los otros. Tenía una gran chimenea la que extrañamente estaba encendida a pesar de ser tan temprano. A cada lado de ella había dos estatuas de fénix de las cuales las colas eran hechas con plumas autenticas y sus ojos de zafiro brillaban dándoles un toque mas realístico. Los sillones eran tallados en madera, pero su tela era de terciopelo azul, sin siquiera algún dibujo o algo parecido, con los cojines en plata y lentejuelas negras. En el centro de ellos había una mesa de cristal, la cual solo tenía unas velas encendidas y un hermoso jarrón con rosas azules. Las cortinas, igualmente azules, estaban pasadas, pero dejaban ver con claridad todo el entorno. Había un gran espejo en uno de los extremos con un marco de plata. El suelo era cubierto por una gran alfombra en hilos plateados y negros, la cual tenía una rosa azul. Junto al espejo, Hizaki divisó grandes royos de muchos tipos de telas, algunas elegantes, otras con dibujos en su superficie, entre muchas…

Pero no fue, hasta que su vista se fijo en el balcón, cuando se dio cuenta de que en aquella habitación había alguien más.

Su vestido era entre negro y un azul muy fuerte e intenso. Abultaba más que los suyos a los lados, formando un perfecto círculo con su cancán. La tela de su finalidad era en bordados azules, y hacia que el vestido tuviese un poco de cola. Su corsé era negro, con los mismos dibujos que la finalidad de la cola pero esta vez regados en toda su tela, con las cintas negras. Su cabello era muy voluminoso, de ondulaciones negras, recogido en un elegante peinado, cayendo alguno de los rulos por su espalda, tocando la finalidad de su corsé. De su pelo, salían algunas plumas azules y alguna que otra de pavo real. Casi todo su pelo estaba perlado de pequeñas piedras que brillaban. Pero fue entonces cuando esta persona se giro, cuando por fin pudo contemplar aquella belleza embalsamadora y perfecta.

Su rostro tenía un corte perfecto como el de una muñeca. Sus ojos eran azules portadores de unas pestañas mucho más largas que las suyas, y maquillado de una forma sumamente cuidada y perfecta en un degradado de azul, el cual casi rozaba sus finas cejas negras. Su nariz era pequeña y sus labios finos pintados de un rojo intenso casi negro, dibujando unas curvas bellísimas en su labio superior. Llevaba una gran cruz en su cuello la cual era plateada y al igual que su indumentaria, azul. Sus hombros estaban al descubierto, cayendo las mangas hacia abajo rozando la parte superior de su vestido. Sobre su fleco totalmente liso, había una pequeña corona, la cual era hecha con pequeñas rosas azules, y sus manos eran cubiertas por unos guantes negros que se adentraban en sus elegantes mangas, pero sus dedos eran perfectamente decorados con hermosos anillos.

- Hizaki, te presento a Mana Sama. – Los ojos del menor se abrieron a par cuando escucho el nombre de aquella bella “mujer”, pues había odio sobre un conde con ese mismo nombre. – Él se encargará de hacer tu vestido de novia.

Cuando Hizaki escuchó ese “Él” se sintió verdaderamente comprendido por alguien, pues aquella belleza gótica también vestía como una mujer siendo realmente un hombre.

Se acercó hasta donde ellos estaban, agachando un poco su rostro y tomando su hermoso vestido negro y azul para reverenciarse ante los futuros reyes. Hizaki, hizo exactamente lo mismo, aunque gracias a su “elegante indumentaria” en aquellos momentos no pudo hacerla como era debido, y sintió su rostro arden cuando una de sus piernas se salió por la pequeña apertura de su bata.

La puerta se volvió a abrir, entrando esta vez un hombre. Era más alto que Kamijo, pero se parecía mucho en la indumentaria. Su pelo era negro, corto y peinado hacia atrás, pero al mismo tiempo un poco alborotado. Sus ojos eran verdes y tenía una ceja graciosamente alzada, de labio y nariz fina. Su piel era muy pálida, aunque no tanto como la de Mana. Este hombre traía en sus manos, algunas telas de encajes y una cinta métrica con la cual seguramente tomarían sus medidas.

Mana le hizo algunas señas las cuales Hizaki entendió un poco, pero que notó que aquel sujeto había entendido perfectamente, y fue entonces cuando este hombre lo miró y sonrió, acercándose a el.

- Así que los rumores eran ciertos, Kamijo. – El nombrado mostró sus blancos dientes en una sonrisa y asintió con su cabeza. – Permitidme presentarme, mi nombre es Közi, fiel sirviente de su excelencia el conde Mana Sama - Tomó la mano de Hizaki, besando su dorso. – Es un placer conocerlo al fin, majestad. – Sonrió.
- Hizaki, el pacer es todo mío. – Sonrió la princesa.
– Nunca le he echo caso a Kamijo, y cuando nos escribió os nombro como “La rosa mas bella” al principio no le creí, pero estaba en lo cierto. – Bromeó ganándose un tono carmesí y una sonrisa por parte de Hizaki, y una mirada amenazante por parte de Kamijo. Mana simplemente no emitió ningún sonido ni nada parecido.

Közi se acercó ha donde la hermosa muñeca gótica estaba, hablándole de forma baja, casi tenue pero lo suficientemente alto para que el hermoso conde lo entendiese. Este, como respuesta, movió sus manos y un poco su boca, sacándole una sonrisa al otro. Bajó la atenta mirada de los príncipes, Közi besó una de las blancas mejillas, las cuales se tornaron rojas, pero invisibles gracias a su maquillaje, después, tomó su mano y depositó un beso sobre la seda negra de aquel guante.

- Creo que será mejor dejar a las damas a solas. – Bromeó nuevamente, sacando una sonría más notoria en Kamijo, quien no dudo en seguirle la corriente.
- Las mujeres entre ellas se entienden mejor. – Ambos empezaron a reír, pero ambos pararon al unisonó en seco cuando se fijaron en los serios rostros y miradas oscuras de las bellezas exóticas a su frente. – Cualquier cosa estamos en el jardín. – Habló rápidamente Kamijo, desapareciendo tras la puerta junto con Közi, pues aquella mirada de su princesa lo había aterrado.

Una vez conde y princesa a solas, el de ropaje oscuro le hizo señas para que se acercara a donde él estaba. Hizaki simplemente se acercó con un poco de vergüenza pues no sabía como comenzar una conversación con aquella hermosa muñeca. Pero había algo que le extrañaba, y era el que aquella persona no había hablado en todo el tiempo que el llevaba allí, incluso cuando se reverenció, y mucho menos cuando su sirviente le había hablado tenuemente. Si movió sus labios, pero no había estimulado ninguna palabra.

Mana señaló su bata de ceda blanca, y a base de gestos que el menor comprendió le dijo que se le sacara. Hizaki se comenzó a poner nervioso ante aquello y rápidamente negó nerviosamente con su cabeza y sus ojos de par en par. El de oscura apariencia alzó una ceja y se cruzo de brazos, para después acercarse a donde el de cabellos rubios e encontraba, para que en un descuido de Hizaki, tomar el lazo de la bata y jalarlo, haciendo que esta se abriera y cayeran un poco de los hombros del menor, quien se movió con rapidez y susto, agitando más su cuerpo haciendo que su bata cayese al suelo dejándolo simplemente en ropa interior.

El conde se giró en busca de la cinta métrica que Közi había llevado, mientras que la princesa correteaba para todos lados intentando esconderse debido a la vergüenza, pero no resultando ninguno de sus escondites. Apoyado en el escritorio, Mana lo observaba de brazos cruzados con su semblante serio, moviendo simplemente sus bellos y grandes ojos azules sin todavía creer lo que veía. El era un hombre bastante serio y frío al principio, que no emitía ninguna señal de afecto ni nada semejante. Excepto a una persona… Cansado de ver como la pequeña princesa correteaba muerta de la vergüenza, dio un golpe seco en la madera logrando captar por fin la atención de Hizaki, quien se encontraba sorprendido y asustado.

Comenzó a caminar en su dirección, mientras sus zapatos haciendo un elegante suido sobre la hermosa alfombra. Por el sonido de estos, Hizaki pudo deducir que eran bastante altos. Su vestido se movía con elegancia a la vez que el caminaba, enredando entre sus dedos la cinta con la cual tomaría las medidas de la alborotada y nerviosa princesa.

Al llegar a su lado, Hizaki no hizo más que quedarse quieto, y sentir como aquella fina cinta era pasada por detrás de su cuello, para luego apretarla un poco contra este, girando así el de ropaje oscuro y caminando, llevando a Hizaki atado como si de un pequeño perrito se tratarse, aunque en el fondo, a Mana le parecía una autentica mula debido a su comportamiento salvaje. No entendía porque tenía tanta vergüenza, si ni siquiera estaba desnudo. Junto al escritorio, liberó su cuello y pronto bajó su cinta a su cintura, midiendo esta. Apuntaba en un papel sepia todas las medidas, comenzando con su cintura, después su pecho contando con que tenía que darle al traje el aspecto de que tenía pechos. Después bajo a la cadera de Hizaki, donde también tomó medidas aunque el menor no entendía para qué, si se suponía que el vestido solo sería ajustado hasta un poco más debajo de la cintura, pero sin llegar a la cadera. Y por ultimo sus brazos. Según pasaba el tiempo Hizaki iba dejando de ser una mula para Mana, pues debajo de ese carácter fuerte y vergonzoso en ocasiones, se escondía una persona culta, con muchas ganas de saber y aprender.

Mas que fuese un poco, Hizaki entendía mejor la manera de hablar con Mana, mientras que ellos miraban y elegían las telas para el vestido. Había entendido que le gustaba y sabía de música y moda. Que a pesar de ser un conde no se creía como tal, si no como alguien más sencillo en sentido emocional. Lo que ha Hizaki mas le fascinaba de esa persona, era lo capaz de transmitir lo que quería decir a base de símbolos que entendía con facilidad, pues aquella hermosura gótica no podía hablar.

Al principio aquello le pareció bastante cruel. Pero después lo miró y se dio cuenta que se encontraba cómodo tal y como era. Le contaba que gracias a la ayuda que Közi le había brindado a lo largo de toda su vida desde que había nacido, el se había convertido en sus palabras y que nada mas mirarlo sabía lo que el pensaba o quería decir. Hizaki no tardó en deducir, como aquellos ojos azules brillaban hablando por si solos, cuando Mana se refería a su sirviente. Pronto se dio cuenta, de que el beso que le había dado en su mejilla momentos atrás, no era un simple muestra de afecto entre un conde y su sirviente, si no que allí, había algo más.

- - -

Közi y Mana, amo esa pareja ♥ y la forma en la que trato a Hizaki con la cinta de medir me causo gracia xD me lo imagine todo serio y con miedo al pobre xD
Muchas gracias, y el próximo estará aquí el próximo martes ^^ ahora voy corriendo a poner Bewitched rose!!!!!!!!! ^^

Sayonara ~


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Re: Prueba de amor

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