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Bewitched Rose

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Bewitched Rose

Mensaje por Geneviev el Mar 2 Abr - 19:52

Este es mi nuevo Fic. Sera algo mas oscuro que el que actualmente termino; será algo así como
la temática de Vampire. Está inspirado en la película de Disney "La bella y la bestia" pero no es como tal.
Espero que les guste, ya que les resulte misterioso, porque en efecto lo es.
Quiero decir que habrá Muerte de un personaje, pero no será de los principales.
Es un kamijo x Hizaki, y la verdad que estoy muy ilusionada con está idea y espero que guste *^*
Espero que lo disfruten ^^


~ ~

Todos decían que el era una monstruo, marcado por la codicia y el odio. Otros decían que él era feroz, capaz de matarte con una simple mirada de aquellos ojos claros casi blancos... Que llevaba oculto en un castillo siglos esperando el momento justo para atacar...

Por que las leyendas son solo leyendas, y el hizo caso de ellas.

Pero poco a poco se fue dando cuenta, que las apariencias engañan, y que la dulzura, el amor y la pasión, pueden estar ocultos tras la mas tenebrosa de las apariencias...


~ ~

Bewitched Rose


Capitulo I – Pesadilla

“La llama tenue y naranja de aquella vela de cera blanca ya con varias lágrimas de su mismo color, se reflejaba en aquellos ojos oscuros y brillantes, parpadeantes cuando la ronca y marchita voz de la mujer mayor sentada en su frente, leía varias líneas espeluznantes de aquel relato al que todos temían fuese real sus palabras. Algunos cabellos lacios y castaños almendrados caían sobre ellos, mientras que con sus pequeñas y blancas manos tercias como la seda apretaba el edredón de tonos morados oscuros y claros, acorralando su cuerpo entre este y el almohadón en colores beige y blancos. Intentando de esta forma, parar el miedo que sentía ante la lectura de aquel cuento narrado, el cual él había pedido ser leído como cuento antes de dormir.

Tanto su madre como su padre, dos panaderos conocidos en el pueblo por su exquisitez en el pan y dulces, le habían prohibido a la mujer de grisáceos cabellos leerle al pequeño semejante leyenda. Sabían que tarde o temprano su hijo se entraría de la famosa leyenda que ocultaba el pueblo en el que había nacido y ahora crecía. Pero no les parecía el momento ni la edad oportuna para que aquel suceso quedase grabado en palabras en la memoria del pequeño. La cual era llamadora de la atención de aquellos extraños sucesos que la gente conocía como terror. El pequeño se consideraba lo suficientemente mayor y valiente para oír aquellas historias que su abuela le contaba, pero ya ansiaba desde hacía varias semanas la tan terrorífica historia que había logrado captar hablaban dos hombres en la panadería. Quería escucharla, y siquiera su padre o madre le impedirían el poder al fin saber cual era el misterio del que todo el mundo, incluso sus amigos hablaban tanto.

Quedó varios minutos mirando a su abuela. Su vista después fue guiada a las manos arrugadas y pálidas de esta, las cuales sostenían un libro el cual parecía ser muy antiguo. De tapa aterciopelada azul y páginas amarillentas. Lo más que al pequeño le llamó la atención, fue el notar que no era escritura de imprenta, sino que aquello era escrito a pluma y mano. Por su mente pasaban miles de ideas del por qué de aquello. Quizás, el escritor había muerto y por eso parecía escrita de aquella forma tan torcida y un poco mediocre. Aunque los años también habían influido bastante en aquella escritura, marchitándola y destiñendo su tinta.

El niño miraba embalsamado los labios rugosos de su abuela, quien pronunciaba con frecuencia la palabra “bestia” según marchaba el curso de la historia. Para el, aquello que escuchaba y que la gente describía y etiquetaba como terror o miedo, no era más que la historia mas fascinante que el pequeño niño de tercia melena había escuchado alguna vez. A sus escasos seis años el pequeño se preguntaba si aquel ser tan espeluznante a palabras de su abuela según la historia, podría existir. Pues el relato hablaba de un ser esbelto y masculino, poseedor de rasgos finos y ojos rozando el blanco en el color de su iris. Según el relato, el escritor contaba que antes de que todo ocurriese era un joven normal, hijo de unos condeses que extrañamente fueron asesinados en su propio castillo poco antes de su diabólica transformación. Contaba que era de tez blanca, pero que el calor vivía en ella, al igual que el negro azabache y brillante de sus ojos que desapareció cambiándose por el azul blanquecino, ojos de demonio. Lo más sorprendente de todo para el pequeño, era la extraña forma de asesinas que la bestia tenía… fueron escasos segundos en los que la mente pequeño proceso todo lo anterior, pero minutos que parecieron pasar debido a su distracción.

- Creo que será mejor seguir mañana. – habló la anciana, colocando una pluma negra brillante en la página actual, cerrando el libro tras de si, usándola como marcador de páginas.

El niño salió de sus pensamientos al oír aquellas palabras dichas por su abuela, mirándola rápidamente y aguando un poco sus preciosos y sinceros ojos, intentado de esta forma convencerla a base de caras llenas de ternura para que la susodicha prosiguiera con la interesante y extraña lectura. La anciana sonrió, levantándose de su sillón morado oscuro con adornos en blanco y plateado, sentándose ahora sobre la pequeña cama, junto al hermoso niño.

- Hizaki, ya es muy tarde. Son pasadas de las once y a esta hora todos los niños de tu edad deben de estar durmiendo. – la mujer sonrió acariciando los bellos cabellos de su hermoso nieto, para luego pellizcar cariñosamente una de sus gorditas y rosaditas mejillas. El niño lo intentó nuevamente, pero su abuela volvió a repetir lo dicho, es más intentó parecer un poco molesta al respecto.

El pequeño se cruzó de brazos, bajando su mirada y moviendo sus labios de forma que pareciese que se encontraba a escasos segundos de llorar, pero fallando en su actuación debido a las pequeñas cosquillas que su abuela le había hecho en los costados. Consiguiendo así que se recostase. La mujer se acercó a su rostro, depositando un peso en su frente, y proseguido abrazando el pequeño y cálido cuerpo de Hizaki. El pequeño respondió gustoso al abrazo que su abuela le regalaba, como cada noche. Adoraba aquellos mimos que su madre en ocasiones le negaba, pues según ella, un niño no era lo mismo que una niña, y el cariño debería de ser menor al respecto, para que al crece, fuera lo que llamaban “hombre de verdad” apartando de él todo lo relacionado con las lágrimas y el cariño en gran cantidad.

- Te prometo que mañana continuaré con al lectura, ahora duerme. – la anciana se levantó, depositando un último beso en la frente del pequeño, y acomodando después la esponjosa colcha con la cual cubría el cuerpo del niño, subiéndola hasta la barbilla del menor protegiéndolo del frío. – buenas noches, Hizaki. – tomó la vela, prendiendo con ella la mecha de una lamparita de aceite, bajando la intensidad de la llama para que esta no molestará al pequeño mientras quedaba dormido.
- Buenas noches, abuela. – sonrió el pequeño mirando como su abuela desparecía tras la puerta, cerrando esta tras de sí, dejando una leve rendija por la cual penetraba un poco la luz de las velas que iluminaban el pasillo, pero sin molestar al menor en ningún momento.

Abrazando un pequeño oso de peluche cocido en trapos y con un botón como nariz, el pequeño se acurruco entre la colcha y el colchón buscando la manera más cómoda para conciliar el sueño. Pero lo era imposible, pues el chocar de la lluvia en grueso cristal de su ventana lo estaba asustando un poco, pero el se consideraba valiente, así que sin más, cerró sus pequeños parpados llegando así a los mundos del sueño. Regocijando ante la confortabilidad que su pequeña cama le ofrecía el niño parecía un ángel dentro de aquel sueño, el cual pronto fue interrumpido.

Abrió sus ojos de lleno, cuando un ruido se dejó escuchar. Miró tenebroso hacía su puerta, encontrándola tal y como su abuela la había dejado momentos antes, incluso con la tenue luz de las velas adentrándose por la fina rendija. Miro el reloj de madera y metal que tenía sobre su pequeña mesita de noche, observando como las agujas marcaban la media noche pasada unos minutos.

La lluvia, seguía azotando fuertemente el cristal de la ventana, pero no fue la lluvia lo que al pequeño Hizaki le llamó la atención en ese momento. Allí junto al reloj, había algo que el pequeño no recordaba haber visto antes, incluso en sus pequeñas memorias no divisaba a su abuela dejando aquello tan hermoso allí. Estiró su pequeño brazo, hasta tocas con la yema de sus pequeños deditos aquella hermosura, picándose en la piel de ellos una vez rosaron las peligrosas espinas. El niño hizo retroceder su mano al sentir el dolor que tocar aquello le supuso, pero su curiosidad pudo más, y volvió a acercar su pequeña manita a la bella flor. La tomó con sus pequeñitos dedos, y la observo detenidamente.

Era una rosa magnifica, con un tallo largo y verde, adornad con muchas espinar y alguna que otra hoja salteada por aquí y por allá. La corona de la hermosa flor, donde reposaban los bellos pétalos, era de color carmín con su centro de un rojo mas oscuro casi negro, pero lo que extrañamente dejó perplejo al niño, era el destello de luz que crecía de cada parte de la hermosa flor. Una luz dela cual no se podía especificar el color. Siendo un blanco puro pero a la vez platino, envolviendo con su destello la hermosa flor, haciéndola brillar en el medio de aquella oscuridad que llenaba la habitación del pequeño. El pequeño Hizaki, notó como algo espeso pero líquido a la vez mojaba su mano, apartando la rosa rápidamente para poder apreciar de lo que se trataba, encontrando su mano bañada por sangre que brotaba del centro de la preciosa rosa.

El conocía el olor a sangre, pues cerca de su casa había se encontraba uno de los mataderos de animales custodiado por varios hombres que allí trabajaban, pero aquel olor sele antojaba dulce y aromático. Agradable como el olor que de por si desprendía la bella flor, pero a su vez con algo en su interior que lo hacía ser un aroma casi hipnotizador.

Se podía apreciar en el aire de aquella habitación, el aroma de un fuerte perfume embriagador.

El cristal de su ventana seguía siendo abatido por las gotas de lluvia que ferozmente chocaban contra el, pero algo llamó la atención del pequeño, y eso fue el sentir como también se podía apreciar el sonido de gotas cayendo en el interior de su habitación. Una ráfaga de aire frío y nocturno movió un poco su largo cabello, produciéndole frío y miedo a la vez. Pues miró la ventana, encontrándose con las cortinas malva y blanco moviéndose debido a que la parte inferior de la nombrada ventana, estaba subida. El miedo abatió su cuerpo, pues en ningún momento se había dado cuenta de que su ventana había sido abierta. El pequeño miró para todas las direcciones, encontrando su habitación con solo su presencia. Tomó con sus pequeñas manos el borde la colcha, echándolo hacía un lado y sentándose entonces en el filo de su cama, para después sentir un escalofrió recorrer su cuerpo al sentir el frío suelo en la planta de sus pequeños pies. Decidido se levantó, mientras que aquel camisón infantil rosaba sus tobillos y lo hacía ver mas dulce e indefenso de lo que era, pues su largo pelo rosaba so cintura el cual poseía un fleco cortado de forma recta y perfecta mientras rozaba sus cejas, y en su mano derecha, el osito colgaba sostenido por uno de sus brazos de trapo y arrastrando a la vez por el suelo. Dando a parecer una hermosa niña, la cual parecía una muñeca de porcelana, de aquellas que solo los coleccionistas con buenos fines ponían disponer, debido a su gran precio en aquella época.

Se acercó a la ventana, evitando pisar el charco de agua que se estaba formando en el suelo de madera, apoyando sus dos manitas en la madera inferior de la ventana y poniéndose de puntillas. Logrando así ver hacía el exterior, cayéndole algunas de las gotas de lluvia en su rostro y pelo.

La bruma era espesa y densa en las afueras. Podía observar como entre ella se notaban los faroles encendidos ligeramente por unas velas, volviendo la niebla de su alrededor anaranjada. Las calles estaban totalmente mojadas, y la fuente de la plaza se encontraba abarrotada de hojas secas que el viento llevaba consigo, formando montañas con ellas en las partes inferiores de las puertas delas demás casas y al pie de la gran fuente. Así pues, y debido al tiempo, las callen e encontraban solitarias, sin nadie que las pasease, siquiera un indefenso minino. La vista del niño seguía perdida por todo aquello que miraba desde la ventana, siendo así azotado un poco por el frío y por el viento. Un relámpago que iluminó todo lo que se podía apreciar a su vista, lo asustó produciéndole un ligero escalofrío a la vez que daba un brinco debido al fuerte sonido de aquel suceso natural.

Bajó con cuidado su ventana sin hacer ruido y a pasos cortitos pero ligeros, debido a su largo camisón, consiguió llegar rápidamente a su cama, adentrándose en ella y subiendo su colcha hasta dejar su rostro totalmente oculto.

Seguía escuchando los relámpagos nuevamente, apretando la acolchada colcha con sus manitas intentando de esta manera soportar el miedo que el fuerte ruido le producía. El pequeño pronto comenzó a percibir el sonido de un cierre dándose vuelta, comenzando a ponerse el bello de su pequeño cuerpo de punta. Pronto sintió como nuevamente el viento azotaba las cortinas, y de nuevo aquel perfume embriagado invadió el ambiente. Esto hizo que su pequeña boca comenzara a temblar junto con su barbilla, y que sus bellos ojos comenzaran a ser sometidos al llanto. El pequeño recordaba la historia que su abuela le había contado una hora y un poco más antes, aumentando de esta forma el miedo en su pacifico cuerpo.

Sentía como alguien se aproximaba a su cama, cerrando sus ojos fuertemente y apretando sus parpados lo más que se podía permitir. Comenzó a encoger su cuerpo bajo las cobijas, intentando mantenerse tranquilo. Las pisadas se detuvieron a escasos centímetros de tocar su pequeña cama. Hizaki notaba como el aire que envolvía el ambiente aparte de estar cargada por ese perfume tan perturbador y elegante, se comenzaba a tornar frío, según aquella persona se acercaba a el. Sintió un suave carraspeó de garganta, seguido por un suspiro el cual parecía lleno de dolor y cansancio. El niño fue valiente y abrió sus ojos, los cuales miraron fijamente la pared junto a la puerta, pues no conseguía poder moverlos debido al miedo. Fue entonces cuando un relámpago iluminó toda la habitación, reflejando en la pared la espelta y elegante figura.

El niño comenzó a gritar aterrado por los hechos que estaba presenciando. Poco a poco, veía como la sombra avanzaba hasta quedar cerca de él, pero poco a poco, sus horrorosos gritos, se iban apagando. Cada vez mas lejanos, cada vez más vacios…”

- ¡Ahh!

El grito invadió toda la habitación, mientras que la persona responsable de ello abría sus ojos de par en par y se erguía rápidamente, apoyando su cuerpo con sus codos, semi hundidos en el colchón. Su respiración entrecortada hacía que su pecho subiese y bajase rápidamente, mientras que el sudor invadía toda su piel. Su vista se fijó en la ventana la cual estaba cerrada. No sabía cuantas veces esa pesadilla se había repetido. Daba gracias a que no fuera algo constante que cada noche estuviese presente. Pero cuando la soñaba, era algo horroroso. Mirando su habitación de lado a lado, techo y suelo, deshizo la fuerza de sus codos cayendo de nuevo sobre el colchón, esparciendo sus rulos castaños por el almohadón, el cual ahora era de un color esmeralda pastel. Llevó sus manos a su rostro, limpiando el sudor que hacía picar su rostro. La colcha también en verdes pasteles estaba esparcida de forma desigual y desordenada por la cama, dejando pare de una de sus piernas desnudas al aire.

Giró su rostro mirando el pequeño reloj, el mismo que había visto en su pesadilla, sus agujas marcaba exactamente las siete en punto de la mañana, de un frío lunes debido al invierno y la nieve que yacía en las calles. Ese día le tocaba ir a la panadería, como los próximos cuatro días también. Así era su rutina, trabajar de lunes a viernes y descansar el fin de semana. Aunque cuando su pesadilla se manifestaba era imposible descansar y tener una noche cómoda y pacifica.

Se levantó de mala gana dirigiéndose a una pequeña puerta que quedaba al otro costado de su habitación, justo enfrente de la puerta que daba al pasillo. Giró su manillar de hierro y se adentró en un bonito baño rústico. Caminó cansada y tambaleantemente hasta una pequeña mesita sobre la cual tenía una especie de bandeja junto a una jarra de porcelana. Derramó de forma cansina el agua dentro de la bandeja, para luego cerrar sus manos y sumergirlas, hundiendo su sudado rostro en ambas manos, dejando que el agua borrara cualquier rastro de sudor. Tomó una toalla y se secó la cara, después apoyó sus manos en la mesita, levantando el rostro y mirando fijamente el espejo que a su frente se encontraba.

El joven era sin duda alguna hermoso. Su cara era de finos rasgos, acompañados de unos finos pero coquetos labios ligeramente rosados. Resaltando sus bellos ojos en todo el contorno de su rostro, los cuales eran rodeados por una serie de pestañas envidiables, negras y largas. Su cabello, también largo, caía en perfectas ondulaciones castañas hasta tocar su cintura. Aunque en aquel momento, estaban delicadamente estropeadas debido al sudor y al acabar de levantarse.

Volvió a sumergir sus manos, esta vez tomando un poco de agua, pues sentía su garganta rasposa y seca, más su respiración todavía era agitada, pues tardaba mucho volver a su ritmo habitual. Dejó la toalla a un lado, y se dispuso a salir del pequeño baño. Cuando llegó nuevamente a su cama, colocó de mejor forma la colcha esmeralda, sentándose en el borde de su cama, sacudiendo un poco sus ondulaciones con sus manos de uñas largas y pintadas estilo francesa. Se acostó nuevamente hacía atrás, acomodándose mejor en aquella cama, la cual ahora era más grande y espaciosa.

A su mente, llegó la leyenda que mantenía aterrado al pueblo en el cual vivía desde su nacimiento. Pensó por varios segundos en su pesadilla, la cual jamás había vivido. Pues la noche en la que su abuela le había contado la historia, no se había despertado, y era más, no estaba lloviendo. Por unos momentos, el perfil de la sombra que siempre veía llegó a su mente, intentado descifrar si aquella sombra se parecía a alguien de sus alrededores, pero que extrañamente jamás había visto. Sabía que la sombra poseía un cabello largo, quizás más que el suyo, pues se movían cuando caminaba hacía el. Pero nada más. De igual forma, el libro tampoco lo había vuelto a ver, pues su abuela jamás termino de contársela, ya que su madre lo había aventado a una de las chimeneas. Entonces pensó que si quizás le hubiesen contado toda la historia, no tenía aquella horrorosa pesadilla.

Se acurró más entre su almohadón y la colcha, intentado buscar aquel punto exacto de comodidad, el cual le podía llevar varios minutos hasta dar con el. Volvió a mirar el reloj, tan solo habían pasado cinto minutos. La noche anterior, uno de los muchachos del pueblo le había invitado a pasear y a comer, y debido a que a sus padres le parecía un joven que era un buen partido para su hijo habían aceptado la invitación por el. A pesar de sus refunfuños, no pudo hacer nada para lograr escapar de la invitación, pues el muchacho le parecía bastante exigente y molesto para una persona como el. Sin más, sacudió su cabeza, olvidando cualquier cosa que tuviese que ver con su cita, pero sobre todo que tuviese que ver con la pesadilla.

Se acomodó aun más en su cama, y miró hacía la ventana. En sol no tardaría en salir, pero el todavía tenía un poco de tiempo, para recuperar de la terrible pesadilla que había tenido. Subió la colcha hasta su barbilla y se dispuso a cerrar sus parpados para intentar conciliar el sueño una vez más. Debía de por lo menos tener buena cara en la panadería, o sus padres le darían un buen sermón, ya que seguramente pensarían que se debería su cita. Aunque en parte así era… Pero ahora eso no importaba.

Descansar era lo principal, el resto… llegaría en un par de horas.

- - -

¿Qué les parece? ¿Prometedor? ¿Aburrido? ... Si se fijan es una temática totalmente diferente a mi otro Fics (Para aquellos que lo leen) pero me gusta, y los personajes también serán totalmente diferentes; dejaré la dulzura un poco de lado.

Espero que les haya gustado, y ¡nos vemos en el próximo!
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Re: Bewitched Rose

Mensaje por JanG ♪♫♪ el Mar 2 Abr - 23:21


wow creo que si es prometedor :=^.^=: e interesante también!
ami me ha gustado :3
ya quiero leer más! :jojoi:

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Re: Bewitched Rose

Mensaje por Geneviev el Mar 7 Mayo - 13:57

Siento mucho la tardanza, ya lo tenía escrito hace bastante, pero estoy con un desafío para amor Yaoi que me deja respirar de milagro >.< Si se quieren pasar a leerlo su nombre es "Delirium" y no es de Versailles, elegí una pareja poco vista, pero en lo general me gusta ^^ Mi nombre de allí es Geneviev, por si gustan leerlo :P

Gracias a Jang, por tu comentario. Un placer que te haya gustado ♥

~ ~

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Capitulo II – Modales

Con cuidado y protegiendo sus manos, sacó de aquel horno de leña una bandeja de metal en la cual reposaban algunas barras de pan y dulces caseros. Los colocó con cuidado sobre una mesa de madera, para después pasar los dulces a otra y comenzar a adornarlos con cerezas, nata entre otras cosas… podía estar haciendo aquello durante horas sin cansarse o sentirse muy agotado. Para Hizaki, aquello era como un juego de niños. Primero se amasaba la masa, como niños juegan con tierra, después se pasaba a dar la forma y por ultimo se horneaba. Poder los adornos y darle al dulce un aspecto más delicioso y tentador, era lo más difícil y divertido de todo aquello.

Se podría decir que desde que era un niño se había criado entre harina y azúcar, correteando con vasos de agua para todos lados y con un poco de masa para por su propia cuenta hacer el también ese tipo de pasteles y dulces que veía a sus padres hacer desde que tenía memoria. Aunque muy pocas veces se salía con la suya. O bien, su padre o atrapaba cuando ya se dirigía a salirse la panadería y pastelería con sus brazos cargados de lo que necesitaba, o su madre lo arrestaba por robarle las cosas sin permiso. Pero el siempre, con un poco de llanto y un entrecejo que daba cariño ver los convencía para que lo dejasen salir, aunque primero debía colocar todo tal y donde estaba cuando lo había cogido. Ahora que por fin había crecido, y se podría decir que casi siempre tenía la zona pastelera del lugar para el solo, se sentía feliz con aquello tan humilde como era, el crear cosas dulces.

Toda las mañanas se levantaba entre las siete y las ocho, o un poco antes o poco después. Se vestía con un corto vestido dejando ver sus piernas, casi siempre en tonos pastel, haciendo referencia a su trabajo de pastelero. Usaba unos zapatos bajos, que cubrían su pie pero dejaban ver la zona superior de ellos, no usaba medias puesto que no las necesitaba y además con el calor del horno si quiera usaba un algo abrigado. Antes de salir peinaba sus ondulaciones castañas de manera coqueta, y ponía un poco de maquillaje en sus ojos, a pesar de las riñas de su madre a lo largo de los años por este mismo motivo. Cuando salía de su hogar todo el mundo lo saludaba y le sonreía, y a su pesar y molestia muchas veces oía algún que otro piropo debido a lo hermoso que estaba, aunque otro eran de mas mal gusto. Al llegar a la panadería saludaba a su madre con dos besos, aunque esta le respondiera con riñas por su maquillaje, pero el solo sonreía. Su padre siempre salía de allí temprano, antes de él llegar. Se encargaba de repartir el pan en aquel pequeño pueblo de montaña donde el vivía, así que debido a esto solo lo veía por las tardes y las noches, pues no salía de su zona pastelera en todo el día.

El de esta forma se sentía tan feliz. Sentía que tenía todo cuando el podía querer, y que el oro y las ambiciones por suerte no estaban en sus interesen. No quería otra forma de vida, y nadie con quien compartirla, no al menos por ahora. Pero como siempre sucede, detrás de cada vida feliz, hay alguien que la quiere arruinar, o no, pero su comportamiento decía todo lo contrarío. Y para Hizaki, aquel sonido del cascabel que se oía al ser abierta la puerta de la pastelería, y al alzar la vista y ver aquella figura, no hacía mas que fastidiar su feliz mañana.

- Hermoso como siempre. – piropeó aquella persona, a la cual el muchacho de ondulaciones castañas solo se limito a observar, mirándolo con fastidio y con el ceño fruncido.

A su frente y junto a la puerta, todavía sosteniendo el manillar, un hombre alto y esbelto. Su pelo era lacio y oscuro, con un corte fino en la cara y de buen ver. Su piel era pálida, con cejas igualmente finas y oscuras. De sus labios no se podía decir que fuesen del todo carnosos. Sus ojos eran azules, bastante claros y luminosos. Vestía un atuendo negro, y de su cuello brotaba un pañuelo en volantes, blanco, y adornado con una piedra violeta oscura. Se notaba a sola vista que se trataba de alguien proveniente de familia adinerada, todo un buen partido para un simple pastelero según los padres de Hizaki.

- ¿Qué hacéis aquí? – se giró rápidamente, siguiendo con su trabajo y colocando un poco de nata en cada dulce. Intentado ser lo suficientemente cortante para que aquella persona lo dejase trabajar en paz, y se fuese lo más pronto posible.
- ¿Qué forma de saludar a vuestro más fiel pretendiente es esa? - Hizaki no contestó a dicha pregunta, y prefirió seguir en lo suyo. Ignorándolo. Sabía que si le contestaba sería peor, pues estaba seguro de que aquel sujeto lo intentaría cortejar fuese de la manera que fuese, y bastante tenía con tenerlo que soportar toda la tarde de ese día.

A sus espaldas oyó los pasos que se aproximaban hacía su lugar. Estaba seguro que aquel sujeto se había molestado por no contestar a su pregunta, pero le daba exactamente igual. Pronto oyó los pasos a sus mismas espaldas, sabía que estaba detrás de él. Se comenzó a sentir incómodamente observado, podía jurar que aquel hombre le estaba mirando las piernas, y a saber quién sabe qué… Se sentía asqueado por aquello. Odiaba sentir la mirada de los demás sobre su persona, y mucho más cuando las miradas no eran del todo buenas. Por así decirlo.

Aun poniendo nata en uno de tantos dulces, sintió como rápidamente su cintura fue enrollada por los brazos de aquel sujeto, quien pegó su pecho a la espalda del castaño, y movió sus manos por los muslos ajenos, elevando así un poco la tela de su vestido. Hizaki se tensó ante el contacto, y rápidamente intentó buscar la manera de zafarse de aquella embarazosa situación. Se movían en busca de romper el contacto, pero le era imposible debido a que aquel hombre tenía mas fuerza que el.

- Sólo venía a recordaos la cita que tendremos esta tarde. – susurró contra su oreja, mientras que Hizaki podía apreciar en su aliento el olor a whisky y tabaco que desde temprano este tenía.

Una pisada certera en uno de los pies del hombre logró que Hizaki se zafara de aquello, poniéndose rápidamente al otro extremo de la mesa. Sabía que cuanto más lejos estuviese del otro, mejor.

- Podéis estar tranquilo, para mi desgracia no lo he olvidado. – sonrió con ironía y sarcasmo, mientras que el contrario todavía se quejaba del dolor en uno de sus pies.
- Debía de asegurarme de que así fuera, y no intentarais huir. – habló recobrando su postura erguida ya que su dolor había casi pasado del todo. – O de lo contrario…

Ante de que el sujeto pudiese terminar la frase, de nuevo el cascabel de la puerta sonó. Esta vez entró una mujer, con un parecido muy similar al de Hizaki. Su cabello era también en ondulaciones, solo que ya tenía algún rastro de canas en ellas, pero por el contrarió también se notaba su color castaño. Sus ojos a diferencia eran verdes turquesa con un poco de marrones en ellos también. Su nariz y labios eran finos, y era un poco más alta que el. En efecto, aquella hermosa mujer era la madre del muchacho. Sus ojos se pasearon con sorpresa sobre el hombre que se encontraba al otro extremo de la mesa donde su hijo colocaba la nata a los dulces. Ella rápidamente corrió a su lado con una gran y hermosa sonrisa.

- ¡Gackt! ¡Que sorpresa teneros por aquí! – Una de las manos de la mujer fue atrapada por la del nombrado, quien dio un casto beso en el dorso de esta.
- ¡Akane! Hermosa al igual que vuestro hijo. – mencionó sin soltar todavía su mano. – Sino fuese porque estáis casada, intentaría cortejaros. – el muchacho castaño simplemente rodó sus ojos, sin prestar atención a lo que ese hombre decía a sus espaldas. – Pero, tengo la suerte de que tenéis un hijo que heredó la misma belleza de su madre, y que por suerte, está libre. – si había algo que realmente detestaba Hizaki, era oír las blasfemias que empleaba Gackt para intentar cortejarlo cuando sus padres estaban cerca. Pues a espaldas de estos se podría decir que intentaba aprovecharse de él. Así como había ocurrido hacía escasos momentos, antes de llegar su madre.
- Hizaki, espero que no dejes escapar un hombre como Gackt. – estaba tan concentrado en su labor, que al oír eso la nata se sobresalió del pequeño dulce de vainilla y miel. – Yo que tu, ya me habría ido a mi habitación, y me había puesto mi mejor vestido. – ambos, su madre y el imbécil que estaba al costado de esta, según Hizaki, comenzaron a reír por lo bajo al notar como este ni siquiera se movía y solo observaba con rabia la nata que ya ensuciaba la madera de la mesa.

Tomó con fastidio un paño color celeste limpiando con este la espesa nata que se salía de la tela de dicho paño haciendo que su piel quedase pegajosa al contacto de esta. Pero como era él, no se movería de su sitio, pues el grifo y la pila donde lavaba los utensilios pasteleros quedaba justo al costado izquierdo de Gackt, y por nada del mundo deseaba ni quería permanecer a su lado ni un solo segundo. Sabía que las intenciones de ese hombre con el, no eran nada honradas. Podía engañar a su madre, a su padre, y a todo el pueblo si quería, pero no a él. No a Hizaki.

Aturdido por aquella conversación incomoda, y molesto a su vez, simplemente dejó de lado el paño de mala manera y prosiguió con su labor, esta vez colocando una pequeña cereza en cada uno de los dulces dando así su toque final. Después los fue colocando uno a uno en una bandeja de cristal, más elegante, en la que serían expuestos en la vitrina del pequeño mostrador de la pastelería. Una vez todo lo anterior realizado, tomó con elegancia la bandeja, pasando a paso ligero ante la atenta mirada de su madre y del querido acompañante de esta, colocando la bandeja en su lugar, cambiándola por otra ya vacía de dulces. Volvió a su mismo lugar, tomando algunos utensilios y unos paquetes de harina y sal para hacer nueva masa, esta vez con la intención de hacer unos deliciosos panecillos, blanditos y rellenos.

- En fin, creo que es mejor retirarme. – oyó la voz sarcástica de Gackt, esa que tanto odiaba.
- Sí. Sin duda alguna creo que es lo mejor que podríais hacer. – se entrometió en la conversación sin importar el gran regaño que le esperaría por parte de su madre, una vez ese sujeto se fuese.
- ¡Hizaki! – esta vez Akane fue la que se interpuso. - ¿Crees que son esos modales adecuados para comportarte frente a un caballero como Gackt? – su madre le recriminó con voz imponente.
- Por supuesto que sí. – contestó, para después bufar con fastidio.

Gustó cuando la madre del muchacho iba ha abrir la boca para soltar quién sabe qué, Gackt se interpuso delante de ella, pero sin darle la espalda a Hizaki, quien al final de todo, poco le importaba verle la espalda como la cara. Pero que si podía escoger, prefería no verle absolutamente nada, ni siquiera que tuviese relación con ese hombre.

- Akane, por favor, déjelo así. – Hizaki rodó los ojos al escuchar aquello, pero sobre todo al escuchar el todo de súplica que aquel sujeto utilizaba. Lo revolvía aquello. – Yo solo pasaba para recordarle a vuestro hermoso hijo que no olvide la reunión que tendremos esta tarde. – como si fuese adrede, Hizaki sintió un nudo en al garganta al oír aquello. Estaba más que seguro que Gackt simplemente repetía esas malditas palabras con el afán de molestarlo, pues era mas que obvia que el mayor sabía muy bien que él no quería acompañarlo a ningún lado, y mucho menos comer o salir con el a cualquier sitio.
- Esto me apena mucho Gackt. – ahora, era su madre la que empleaba tono suave, pero según la mente divertida y atroz de Hizaki, eso se debía a que no quería gastar las energías que desaprovecharía cuando Gackt se fuera a bases de gritos con el, hablando con aquel tan “noble” caballero. – No he criado a Hizaki de mala manera, para que el se comporte de esta forma tan insolente frente a las demás personas. – “¿demás personas?” pensó Hizaki. Era únicamente con aquel hombre con quien el se comportaba de aquel modo, y es que ya comenzaba a sentir el estrés de todo aquello, y llorar o mostrarse débil era lo menos que quería. – Espero que puedas disculparlo.
- Ja. – aquellas dos simples letras formando una palabra tan burlesca hizo que el menor se erizara, pues aquello sonaba como una risa sarcástica, pero había odio habladurías a cerca de Gackt, y estaba seguro que detrás de aquel simple “Ja” se encontraba un “Ja” de “¿disculparlo…?” – Puede estar más que segura de eso, querida. No sabe, como ansió el poderla llamar suegra. – aquello había sido la gota que derramó el vaso. Pero aun así y pese a aquello, más lo molestó oír de nuevo las risas de su progenitora y de aquel hombre a su frente, pero a la vez a sus espaldas.

¿De verdad sus padres querían que el estuviera con alguien como aquel grosero que se hacía llamar caballero? Estaban locos si pensaban que él sería juego de aquellas sucias manos. Él no era una marioneta, con la cual jugar, y aunque lo fuera, sabía que había mejores jugadores que aquel hombre que se intentaba aprovechar de él en un mero despiste que tuviera. Antes muerto que con Gackt.

Sin siquiera decir una palabra más, o prestar atención al panorama, Hizaki oyó como de nuevo el cascabel de su puerta sonaba, entrando dos pequeños niños rubios y de ojos verdes directos a la vitrina donde había puesto los dulces, seguidos por una mujer de cabello rubio y vestido malva y gris. Tenía clientes. Y cómo no tenerlos, si era el más famoso pastelero dentro de aquel hermoso y antiguo pueblo de montaña. Pero para el, eso lo hacía verdaderamente feliz. Le encantaba ver como los más pequeños de aquel bello lugar se deleitaban durante momentos en la terrible elección que era, escoger el dulce que comerían esa mañana.

Tras la mujer de elegante ropaje, salió Gackt, sintiéndose irritado y asqueado al ver como este le mandaba un beso volado y le picaba un ojo sonriéndole pícaramente. Hizaki arrugó un poco su cara y sintió un escalofrío recorrer su cuerpo en cuestión de segundos. Realmente detestaba a ese hombre.

Tras unas risas y palabras cariñosas entre él y los niños, los cuales finalmente se decidieron por un pastel de manzana y crema de fresas, quedó nuevamente la pastelería vacía, o eso parecía, pues podía sentir a su madre a sus espaldas, a su frente… siguiéndole con su mirada a todos los lugares a los que el iba dentro de aquel sitio. Le incomodaba de sobremanera tener que soportar aquello, sabía que en cualquier momento Akane le diría algo, lo más seguro recriminando sus actos, pero, ¿qué más podía hacer el? Bastante hacía con tener que soportar ciertos acosos por parte de Gackt cada vez que se le acercaba, desde hacía años, cada vez acosos de mayor intensidad. Ya incluso le había intentado levantar su vestido otra vez, logrando tocar su trasero, pero ganándose un fuerte golpe en una de sus mejillas. Porque el que Hizaki vistiese de mujer, no significaba que no tuviese la fuerza suficiente o el carácter para defenderse y hacerse respetar en esa clase de situaciones. Pero sus padres jamás lo oían cada vez que el le contaba este tipo de cosas, algunas veces le decían que exageraba, otras que aterrizara de una buena vez en la Tierra y dejara de inventar semejantes falacias. No podía hacer nada…

- ¿Te parece justo tu comportamiento? – un casto golpe en la mesa donde el elaboraba la maza del pan se dejo oír, pro siguiente de esa voz que su madre tenía. Una muy molesta a decir verdad. – Tu padre y yo te hemos educado de la mejor manera, te lo hemos dado todo, y a pesar de que nos has el favor ayudándonos en la pastelería, eso no es suficiente para compensarnos, Hizaki.
- Sí, mi comportamiento es el justo y el adecuado para cada tipo de momentos, y ese hombre no se merece otro comportamiento de mi parte que esté. – su voz sonó fastidiosa, y en ella se podía leer el rencor que le tenía hacía el nombrado. – Sé que me lo habéis dado todo y me habéis educado entre ambos de la mejor manera. Por mi no ha habido ningún problema por encargarme de la pastelería, pues este oficio me gusta… - pauso breves momentos sus palabras antes de proseguir. - ¡Pero ni pienses que os daré el gusto a ti y a mi padre de casarme con alguien como Gackt! – más que por sus palabras, Akane se sintió molesta por el tono de odio que su hijo había empleado en esa frase.
- Gackt es un buen partido Hizaki, no hagas las cosas más difíciles. – ahora, era su tono el que también aumentaba cada vez elevándose más y más. – Comportarte como un malcriado con él es lo último que deberías hacer. Creer que haces una gran hazaña al comportarte vulgarmente Hizaki, ¡pero lo que realmente estas haciendo es dejar esta familia, tú familia, por los suelos por culpa de tu grosería!
- ¿¡Mi grosería!? ¿¡Te importa más cómo quede la familia ante mi comportamiento que el qué tu hijo sea sometido a toqueteos por culpa de ese grosero!? – Hizaki dejó la masa a un lado para cruzarse e de brazos con ironía y rabia, manchando las mangas de su vestido de harina pero sin siquiera importarle realmente. Sólo quería dejar las cosas tranquilas de una vez con su mare sobre ese maldito asunto.
- ¡Hizaki basta! No te voy ha permitir que te refieras a un cabello como Gackt lo es de ese modo. Si al menos te parases a pensar un momento, tan sólo un momento, en todo lo que podrías lograr junto a un hombre como él, no hablarías esas calumnias ni lo llamarías de esa forma. – Hizaki rodó sus ojos por milésima vez con fastidio, bufando a su vez. Aquello estaba yendo por mal camino, lo sabía.
- No tengo nada que pararme a pensar, porque realmente no quiero nada con ese hombre. Mi decisión está tomada, y ni tú ni nadie podrá cambiarla. ¡Y lo trato así porque es lo que es, un cerdo! – gritó.

Dentro de aquella pastelería, entre sus paredes de piedra, resonó el sonido de un fuerte golpe, seco pero doloroso. El muchacho de ondulaciones castañas, llevó rápidamente su mano a su mejilla derecha, la cual había sido golpeada con fuerza por una de las manos de su madre. Bajó su vista hacía el suelo mirando nada en realidad, peor sintiendo como una lágrima rosaba la mejilla que había sido dañada segundos atrás. Su rostro se tornaba rojo, y bajo su mano su piel dolía horrores.

- ¡Que sea la última vez que me levantas el tono de ese modo! – la mujer giró sobre si misma, encaminándose hacia un extremo de la mesa para girar y seguir su camino hacia la salida. - ¡Ah! – exclamó con sorpresa. – No te quiero ver más aquí. Si tú no colaboras con tu comportamiento y tu deber, yo tampoco te daré la oportunidad de colaborar en la pastelería por más que te guste. –el hermoso muchacho se sintió todavía peor, pero contuvo sus ganas de romper a llorar. No le daría esa satisfacción, no fácilmente. – Hasta que yo te vuelva ha dar permiso no quiero que vuelvas a trabajar a aquí ¿ha quedado claro? – Hizaki no emitió ninguna señal, guardó su postura y ni siquiera suspiró o bufó como solía hacerlo. – A no ser, que hagas lo que tienes que hacer. Tu deber. Cumple con lo que se te está pidiendo, y volverás ha trabajar a este lugar. Se hoy un buen hijo y da ejemplos de nuestra familia ante Gackt, en vuestra velada de esta tarde. – la mujer abrió la puerta de la pastelería, y salió, no sin antes girarse nuevamente ha decirlo unas últimas pautas a seguir. – Volveré en cinco minutos. Espero no verte aquí, de lo contrario esto se volverá todo un caos Hizaki. Piensa en lo que te he dicho y no hagas las cosas más difíciles. Arréglate y ponte bello para Gackt, quien tiene buenas intenciones contigo. Queda entre tú y tu conciencia. – suavizó su tono de voz al finalizar sus palabras.
- ¡Es mi vida, y eso no es justo! – gritó, pero la puerta fue cerrada, ignorando sus derechos.

Escondió entre sus bellas pero masculinas manos de uñas largas su rostro, ya cubierto por las silenciosas lágrimas. Él, no era un muchacho de llorar, o de temer, pero lo que había terminado de suceder lo había destrozado realmente. Trabajar preparando dulces era todo lo que realmente le gustaba, y ahora eso se lo habían quitado por un simple capricho, que ni siquiera era suyo. Al igual que el libro que llevaba escrita en sus páginas la leyenda que aterraba al pueblo, ese que su madre había tirado a la chimenea volviéndolo cenizas, al igual que ese libro se había ido su oficio, volviéndolo cenizas la misma persona culpable del primer acto.

Al recordar aquello, dejó todo tal y como estaba, y tapando su rostro con ambas manos corrió hacia la salida de la pastelería. Sin siquiera tomar su abrigado abrigo, se adentro en aquel hermoso contorno de nieve y copos que caían libremente. Pero eso no le importaba, la rabia y la tristeza que tenía, pero más la rabia, eran lo suficientemente altas como para mantener su cuerpo caliente de furia. Sabía que la gente lo observaba en aquel estado deplorable, pero no le importaba. Llegó a su casa y cerró la puerta tras de si, apoyando su espalda en esta, cayendo después lentamente por la madera hasta llegar al suelo. Ahogando sus penas, en un triste llanto.

- - -

¡¿Quién se esperaba a Gackt?! Realmente necesitaba un villano (?) y no se me ocurrió otro ~
También decirles que quién todos quieren que salga aparecerá en el capítulo 4 o 5... Es que no me he decidido todavía >.<

Muchas gracias por leer, y prometo no tardar tanto para la próxima actualización ^^


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Re: Bewitched Rose

Mensaje por Eternal Rose el Sáb 11 Mayo - 0:05

:8O: Oh, cielos... mil perdones, Gene-sempai!!! realmente creí haber dejado un comentario TT-TT oh cielos... desde hace un tiempo ando con la cabeza en la luna, todos tenían razón. Gomen nasai... si leí el anterior capitulo... TT-TT

La trama es genial, sera tan bueno como "Prueba de amor". No hay fanfics que te den la sensasion de estar viendo una pelicula de disney, me encanta. :=^.^=: estaré esperando el próximo capitulo, ahora si va enserio... :Kisses:
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Re: Bewitched Rose

Mensaje por JanG ♪♫♪ el Mar 14 Mayo - 18:49


Gackt omfg wooo no lo esperaba,
owww pobre Hizaki tiene una mamá regañona :C
esperare el siguiente capitulo!

:=^.^=:
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Re: Bewitched Rose

Mensaje por Shizuka Miwa (Queena) el Miér 22 Mayo - 17:31

*0* (maldita escuela) no había podido leer bien tu historia hasta hoy, me facina (la mia es como que muy aburrida en los primeros capitulos, no creo que es aburrida en toda la historia xD no pasa mucho... ash... siempre termino hablando de mi Dx ) muero por el siguiente
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Re: Bewitched Rose

Mensaje por Geneviev el Lun 24 Jun - 7:44

¡¡Por fin salí de clases, y tengo unas merecidas vacaciones!! Realmente, es triste, porque el foro está prácticamente abandonado :/ todavía recuerdo cuando tenía muchas visitas y todo era más vivo... Ojalá algún día se vuelva a poner así... ♥


Aquí les traigo el III capítulo de este Fic, que por lo que veo gusta *^*


~ ~


Bewitched Rose


Capítulo III - Desdicha


Las palabras de su madre habían resonando en su cabeza una y otra vez desde lo sucedido en la mañana. Sentía todavía toda la rabia almenar su ser. No entendía como había sido aquello así de cruel por parte de Akane, realmente el no hacía nada malo, simplemente le decía sus cosas a la cara, cosas ciertas, y le parecía injusto que pusieran aquello que quería y adoraba hacer entre la espada y la pared, liberándolo simplemente al aceptar la propuesta de Gackt. Propuesta que no tenía pensado aceptar, aunque no le quedaría mas remedio que salir aquella tarde con él, todo por su trabajo. Pensaba que quizás simplemente con eso todo volvería  a la normalidad, y fingiendo un poco su madre volvería a permitirme poder ir a trabajar a la pastelería.
 
Rodó sus ojos observando la colcha esmeralda que cubría su cama, y los paró sobre una caja que estaba al otro lado de donde él se encontraba. Era blanca, de color brillante. Tenía una cinta rosado pálido que la rodeaba y hacía un bonito lazo en su zona superior, justamente en el centro. Su madre la había puesto allí hacía breves momentos, mientras que no hacía caso del sollozo de Hizaki. Pues ella sabía que había dado en el clavo al poner en juego la pastelería, y gracias a eso podía estar casi segura que su hijo aceptaría la salida con Gackt aquella tarde. Hizaki le había intentado decir unas palabras, pero la rabia y angustia que llevaba en aquel momento podían más que sus cuerdas vocales. Él realmente se sentía muy desanimado como para tener que soportar por quien sabe cantas horas a aquel individua a quien tanto rencor guardaba. Realmente de aquello no se podía esperar nada bueno.
 
Desanimado, se levantó tomando la caja por ambos lados y depositándola sobre su cómoda para tenerla a mejor aturar y no están agachado,. Después de dispuso a deshacer el atareado lazo rosado el cual resultó mas lioso de lo que parecía. Pues habían bastantes nudos y enredo por un simple lazo. Una vez conseguir sacar aquel puzles de cintas, retiró todo tirándolo sin cuidado y enredándolo más sobre su cama. Al levantar la tapa que se quedó asombrado ante aquello que tanto brillaba y llamaba la atención, entonces por un momento pensó, que su madre estaba loca ante aquello, pues no entendía como se le ocurría darle una pieza tan bella para lucirla ante alguien de tan mal agrado como Gackt.
 
Suspiró cansado, secándose las lágrimas con el dorso de su mano, para seguido comenzó a desabrochar los botones de su vestido. Este cayó al piso, dejando su cuerpo completamente expuesto, excepto por la pequeña prenda que cubría su entrepierna. Tomó entre sus manos aquella joya ante sus ojos, y comenzó a ponérsela. Para su suerte, era un vestido de dos partes, en l cuales la parte superior y la inferior estaban separadas. La falda portaba de muchos volantes, todos con finalidad en negro, y unos lazos en el mismo color y dorados, realmente grandes. Se movía con encanto dejando ver parte de su interioridad la cual era llena de encajes blancos. Tenía hilos que lo hacían brillar de forma esplendida, y alguna que otra piedra salteada. La parte superior también tenía muchos detalles en negro y dorado. Era estilo chaqueta, con las solapas detalladas en adornos color oro. Sus mangas caían a partir del codo, estilo campana, decoradas en negro y con un lazo de este mismo color en donde cada una nacía. El resto del hermoso vestido era blanco, con una cruz bordada en la espalda. Una vez su traje puesto se dispuso a ponerse las medias, y rápidamente unas botas negras con el mínimo tacón posible y de corsé.
 
Se sentó frente a su tocador, y sin ánimo ninguno comenzó a maquillarse. Un maquillaje poco cargado, dando más protagonismo a sus hermosas y esponjosas pestañas largas y negras. Puso un poco de colorete en sus coquetas y gorditas mejillas, pintando después sus labios de un tono rosado pálido, volviendo estos más brillantes y provocativos, aunque sin intensiones de que esto sucediera. Peinó con poco espero su fleco, dejándolo lacio y luego coloco de forma cuidadosa sus ondulaciones castañas con destellos rubios, esponjándolo un poco de arriba, y colocando dos pequeñas rosas blancas a cada lado, las cuales estaban atadas a una cinta dorada, haciendo conjunto con su vestido.
 
Como accesorios finales colocó un anillo en su dedo anular de la mano izquierda, el cual era de oro con una perla rodeada de pequeñas piedras preciosas brillantes y negras. Usó unos pendientes del mismo estilo, pero con cadenas largas y terminantes en gotas negras las cuales eran de cristal. En su cuello, se colocó un precioso collar pegado a este, como una cinta negra llena de pequeños brillos blancos y polvo dorado, de la cual también salían pequeñas cintas cubiertas de perlas y de piedras negras de cristal al igual que sus pendientes.
 
Embriago su cuerpo en una fragancia hipnotizadora, entre rosas y fresas, volviendo todavía más agradable el ambiente y su persona con este líquido color rosa claro. Una vez listo, se dispuso a mirarse en el espejo.
 
Se observó detenidamente por varios minutos, preguntándose si de verdad iba ha aceptar la invitación de salida del porcino de Gackt. Pero en efecto, así era. Todavía su enfado no había pasado, y las palabras dañinas que su madre le había dicho tampoco. Una cita, a cambio del trabajo, o eso al menos él espera. Pues no era de sabios el saber, que su madre lo que le había dicho era que se comprometiera con Gackt de forma legitima, para volver a recuperar de su trabajo, pero como Hizaki ya había oído bastantes veces decir, “De ilusiones se vive” y esa no sería la excepción.
 
Miro a través del cristal de su ventana el entorno. Estaba nevando. Por un momento se fijo en cada copo de los cientos que caían a su vez lentamente. ¿Sería el como un copo? Cayendo lentamente desde quien sabe qué, sin tener otra elección que caer en la nieve que se iba amontonando en el suelo, y la cual después era deshecha con el sol… Quién sabe cual sería su suerte. Ser un copo, que cae en la nieve, es como ser un humano, con un final no deseado y sin remediarlo. Se sentía de alguna forma identificado con aquellas pequeñas bolitas de nieve y hielo. Su vista giró hacía la calle, observando como ante la puerta de su casa estaba l carruaje de Gackt. Rodó los ojos con fastidio ante aquello, pues se suponía que solo sería una salida rápida, nada de largos caminos ni mucho tiempo. Lo menos que quería era perder el tiempo en algo tan absurdo como aquello, pero no tenía alternativa.
 
- ¡Hizaki! – La voz de su madre resonó en su habitación a pesar de encontrarse en el piso inferior. Suspiró cansando y dolorido, y después se dispuso a salir de su habitación, no sin antes por alguna extraña razón girándose junto a la puerta, observándolo todo con detallismo.
 
Cuando llegó a la sala de estar allí estaban todos, su madre su padre y… Gackt. Esté último le sonrió con chanza y picardía, cosa que resultó repugnante para Hizaki, girando su rostro para otro lugar observando nada a su vez.
 
Akane comenzó a remover su vestido, apretándolo más de o que ya lo tenía, consiguiendo que su hijo pusiera sus ojos en blancos y bufara del fastidio, cosa que a su madre le molestó, pero que esta por no volver ha formar un escándalo pasó por todo lo alto. Revisó también su pelo, colocando sus ondulaciones, soportando ver a su frente el rostro desagradable de Hizaki. La mujer caminó hacía uno de los percheros, volviendo con una capa azul marina casi negra de la profundidad del color, con capucha incluida en el mismo color, y bordes bordados en dorado, haciendo juego con los adornos de su vestido. Fuera estaba nevando, y no quería que la nieve destrozara el pelo de su hijo, menos ante alguien de tan alto prestigio como Gackt. Una vez listo la mujer sonrió.
 
- Espero que te comportes como es debido. – susurró mirando a su hijo con victoria.
- Puedes estar segura que sí. – aun con su sangre hirviendo y el enfado y odio apoderándose de su cuerpo, Hizaki también sonriendo, mostrando mas victoria todavía que su madre.
- Creo, que será mejor que nos retiremos ya. – fue ahora la voz de aquel ser odioso la que sonó, mientras que este se levantaba del sofá carmín con adornos blancos.
 
Fue entonces en ese momento, cuando Hizaki sintió miedo.
 
Una extraña sensación de miedo y terror invadió todo su cuerpo, cuando se fijó en la mirada fría y triunfante de Gackt.  Había algo en aquellos ojos azules que al hermoso muchacho no le gustó en absoluto. No era algo que siempre había visto, pero en aquel momento podía jurar que eran los ojos más diabólicos en los que alguna vez había parado su vista.
 
- Yo opino lo mismo. – sonrió Akane acercándose a Gackt para abrazarlo. – Espero que tengáis una linda velada. – Hizaki sintió su estomago revolverse y convulsionarse. ¡Aquella mujer estaba loca! En la vida pudo imaginar aquellas palabras tan enfermizas. Pero mucho menos que fuera aquella persona con la que pasaría su “linda velada”. Sin duda alguna aquello sería un infierno.
 
El frío azotó sus tersas y maquilladas mejillas, tomando rápidamente la cama con sus bellas manos y cerrándola más a su cuerpo. Bajaron unos escalones de piedra, hasta llegar junto a carruaje, poniéndose tenso al sentir la mano de aquel hombre tocar su espalda, acompañándolo hasta el carruaje de este. Era de color negro, teniendo tallado en la puerta el símbolo de la familia de Gackt, en color plata. Los caballos eran negros al igual, y el del medio blanco. Un hombre de baja estatura y mirada fría igualmente estaba sentado frente a ellos, con las riendas en sus manos. Levantó su mirada del suelo al oír el ruido de la pequeña puerta abrirse, y ve a Gackt junto a esta, invitándole con su mano a entrar. El interior era oscuro, de un verde intenso, con cortinas entonos negros y piedras igualmente verdes. Sentía un gran nudo en la garganta, como si aquel carruaje fuese una nueva puerta. Un objeto el cual pasaría una página de su vida, a otra nueva. Una diferente. 
 
Era suerte decir que gracias a su vestido se podía apreciar el temblor de sus piernas. Realmente aquella sensación no había sido nunca experimentada. Sacudió su cabeza, y respiró con profundidad aquel aire helado como la misma muerte. El dióxido de carbono salió por sus labios entreabiertos, acompañados de un humo blanco y frio. Miró al frente, sus ojos se cristalizaron. Como un autómata sus piernas caminaron. Su hermoso vestido apenas rosaba el suelo ya que lo sujetaba con una mano mientras que con la otra agarraba fuertemente su capa protegiéndose del frío. La cola de este, si arrastraba un poco de nieve, mojando sus encajes con la preciosa escarcha.
 
Gackt le tendió su mano, pero Hizaki la negó. Apartándolo hacia un lado con un choque de hombros, y subiendo simulando confianza a aquel oscuro carruaje, consumido por el pánico.
 
Se sentó junto a la puerta, y los próximos instantes los dedico a mirar a su padre y a su madre. Sin entender, el porque de esto. Allí no había simplemente miedo, había duda y confusión. Realmente no entendía el porque de todo aquello, pero sobre todo no entendía por que a su vez, sentía que su destino estaba a punto de cambiar.
 
A su frente se sentó Gackt, cerrando la puerta tras de si, y dando un leve golpe en a madera que se encontraba sus espaldas, haciendo entender a el conductor que ya podía partir, a saber quien sabe donde. Pero aun así no importó, Hizaki siguió mirando a través de la cortina a sus padres y su hogar, viendo como cada vez se perdían más en la lejanía. Se sentía como un pobre ingenuo, el no sabía que todo se le estaba escapando de las manos. Quien sabe por cuando tiempo…
 
Pronto el paisaje ante sus ojos se volvió negro con piedras verdes, pues de un bache la cortina se había rodado. Podía apreciar, como la incomodidad era lo que reinaba allí dentro. Incluso el mismo aire le apestaba, por muy extraño que pareciese. A pesar de no poder más que fuera disfrutar de un paisaje blanco y hermoso, no separaba sus ojos almendra de aquellas cortinas, entreteniéndose en sus piedras con formar ovaladas y puntiaguda, las cuales a su vez brillaban mucho. Hasta que un sonido llamó su atención, haciéndole rodar los ojos. Gackt abría una botella, la cual tenía una etiqueta con la palabra whiskey grabada en dorado, sobre la fecha de aquel mismo año, 1773. Un año frio, pero que para Hizaki había sido hasta el momento reconfortador. Pues la pastelería comenzaría ese mismo año unas obras para poderla agrandar, pero que e aquello, el si no cumplía su parte no podría disfrutar.
 
- He de reconocer, que siempre estáis hermoso. Pero que hoy vuestra belleza, es sin duda alguna insuperable a las otras veces. – habló mientras vertía el líquido color té dentro de dos copas, ambas talladas con el símbolo de la familia de Gackt. El mismo símbolo que llevaba el carruaje. Hizaki simplemente, no hizo caso alguno de las palabras del otro. – Realmente, y aunque parezca mentira, jamás he entendido vuestro odio hacia mí. - estiró uno de sus brazos, invitando a Hizaki a tomar entre sus manos la susodicha. Pero este simplemente la miró con cierta duda, para luego rodar sus ojos hasta el hombre que se encontraba casi a su frente. El cual sonrió al acertar en sus sospechas. – No sería tan vil y cruel, de aprovecharme de ti de esta forma tan baja para alguien como yo. – dio un sorbo de la copa, sin despegar su mirada azul y diabólica del bello muchacho.
- ¿Para alguien como tu, Gackt? – sonrió con ironía. – Realmente, tú me das pena. – la voz del menor se agravó en lo dicho finalmente, al igual como su mirada se oscureció, sin haber desaparecido todavía el miedo de su interior. Pero algo le decía, que allí pasaba algo, y las últimas palabras dichas por Gackt, habían levantado tanto sus sospechas, como el mantenerse a alerta de lo que pudiese pasar.
- Tan bello, y con carácter tan fuerte y provocativo sin contar que es sensualmente atractivo. – Dio otro sorbo, tragándose de una vez todo el contenido fuerte y amargo de aquella repugnante bebida alcohólica, pero volviendo a poner un poco mas de aquella bebida de fuerte olor. – Mi querido Hizaki, ¿nunca te has preguntando si alguna vez te meterías en la boca del lobo? – Hizaki enmarcó una ceja, Gackt estaba utilizando un juego de palabras, que ni el mismo comprendía. Y eso, era una de las cosas que a él más le aterraba de aquello.
- Y tú nunca te has preguntado ¿Si el cazador cazará alguna vez al lobo? – era el último sorbo de aquella exquisita bebida, según Gackt, y la había desperdiciado por culpa de aquella pregunta, la cual lo había tomado por sorpresa.
 
Levantó sus ojos azules con odio hacía Hizaki, quien había dado en el clavo al preguntar aquello, pero quien al ver aquel odio en aquellos ojos claros no pudo hace más que comenzar a temblar.
 
Gackt apretó la copa por su lado mas ancho, rompiéndola, mojando su guante de aquel contenido amarillento. Hizaki podía apreciar todos los cristales en el suelo, destrozado y mojados por la bebida, mientras que del guante el mayor caía de poco en poco tiempo una gotita, la cual cada vez lo ponía más nervioso.
 
<<Meterse en la boca del lobo >> ¿Quién no había oído nunca eso? Hizaki lo había hecho. Gackt estaba utilizando aquella frase, referente a si mismo, pero involucrando a Hizaki. Se veía a él como el lobo, y a todo lo que con su persona tenía que ver, mientras que el hermoso joven no era más que una presa. Un pedazo de carne que se estaba metiendo cada vez más en un problema, el lobo. Pero que  su vez tenía otro nombre Gackt. Y que mayor ofensa para este último, que decirle que no todo podía salir como el lo esperaba. Eso, era lo que realmente había enfadado al de ojos claros. El que Hizaki, lo superase en aquel juego que el había comenzado. 
 
Sin pensarlo dos veces, se lanzó contra el menor colocándose encima, juntando sus bocas a la fuerza, para después lamer el labio inferior del menor, quien todavía se encontraba en estado de shock por aquello. Hizaki estaba asustado y petrificado a su vez, pero movió con fuerza sus manos, interponiendo estas entre Gackt y el, haciendo presión en el pecho del mayor. Pero la fuerza del otro le era mayor, más porque se encontraba escachando su cuerpo, que aunque no fuera menos fuerte allí llevaba desventaja. En un intento por mover sus piernas su vestido rosó con la cortina del carruaje la cual se movió, logrando el menor ver que a su alrededor no había más que arboles y nieve. Entonces lo entendió todo.
 
Empujó con sobre fuerza a Gackt, quien calló sobre el haciendo donde en un principio este se encontraba sentado. Hizaki estiró su mano hasta lograr tomar el manillar de la puerta, pero esta no cedió. Escuchó la risa procedente de aquel maldito hombre  y lo miró con furia, preguntándose que qué haría ahora. Pues no tenía muchas salidas, y con aquel vestido le sería un poco difícil pelear.
 
- Y dime Hizaki, ¿Qué pasaría si ahora yo te digo, que el lobo se puede también comer al cazador? – comenzó a desabrochar los botone de su casaca oscura mientras miraba al otro con burla. – Pero que antes… Es mejor disfrutar a una bella presa. – Tiró su casaca a un lado quedando simplemente con una camisa blanca y holgada, abierta dejando ver su pecho hasta su ombligo, dejando ver su marcado pero o deseo cuerpo.
 
Volvió a levantarse de su lugar, y se acercó de nuevo al menor quien estaba a punto de llorar, mientras que la angustia lo estaba comiendo vivo. Lo tomó a la fuerza de su cintura atrayéndolo hasta el, por más que Hizaki pataleó y estiró sus brazos, no pudo evitar que las manos de aquel hombre tocaran su cuerpo en contra de su voluntad. Pues el miedo le vencía, pero peor era quedarse quiero. Debía de buscar soluciones, y no dejar que las cosas fuesen a mayores. Pero lo veía todo oscuro, y más sabiendo que a saber en que lugar se encontraban o a donde lo llevaba. Pues el carruaje no había parado de estar en marcha, a pesar de oírse desde fuera los golpes.
 
Gackt lo empujó contra el suelo del carruaje, tomando fuertemente sus muñecas y subiendo ambas por encima de su cabeza, bloqueando sus brazos. Se lanzó como el lobo que se creía contra el frágil cuello del menor, comenzando a succionar y besar toda la piel que le fuera posible, mientras que Hizaki luchaba por intentar sacárselo de encima y separar sus muñecas, liberándolas de las manos de aquel ser, pero le era imposible. El mayor subió hasta su boca, besándolo con ferocidad, sintiendo como las lágrimas de Hizaki no paraban de salir y empapaban su rostro también, pero pasando todo aquello por lo alto, sin siquiera importarle en absoluto. Hizo más fuerza sobre su mano derecha contra las muñecas del menor, liberando su mano izquierda, peo sin soltar las de Hizaki. Con solo una mano comenzó a subir el precioso vestido, dejado las piernas de Hizaki cada vez más expuestas y desnudas. Metió entre medio de estas su rodilla, haciendo fuerza hasta que dolieran, teniéndolas que abrir el menor pues no soportaba el dolor, teniendo Gackt mas acceso y comodidad, colocándose entre sus muslos.
 
Acarició de una forma nauseabunda los muslos del menor, quien lloraba pidiendo contra la boca de aquel sujeto que parara, pero nadie haciendo caso alguno a sus suplicas. La mano viajo desde su tobillo por toda su pierna, disfrutando después de la piel tersa de sus mulos, comenzando a tocar la cara oculta de estos, hasta apretar su ingle.
 
- Tú tienes que ser mío. – se inclinó sobre su cuerpo sin liberar a Hizaki se su agarré, y llevó su mano izquierda al cierre de su pantalón, abriendo su cremallera y semi bajando un poco la prenda. Apretando más sus muslos y comenzando a rosar su entrepierna con la del menor, quien no podía hacer más que llorar y sentirse asqueado, perdido y temeroso.
 

Los ojos de Hizaki eran un mar de lagrimas, y sus mejillas los ríos por los cuales las lágrimas descendían sin parar arrastrando todo el miedo y el odio que en aquel momento emanaba su ser, volviendo ambos mas fuertes e intensos, imposibles de controlar. Imposible de hacer algo por su dignidad y por darse a respetar. Totalmente asustado, pues el, estaba punto de ser violado.


- - -


No odien a Gackt (?) Nah, odienlo xD 
En fin ~ Espero que les haya gustado *3*
Si alguien tiene cuenta en amor yaoi, busquemne por; Geneviev, tengo muchos Fics *3* bueno, quizás no tantos pero sí tengo xD 


Bye ♥ ~
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Re: Bewitched Rose

Mensaje por Shizuka Miwa (Queena) el Mar 25 Jun - 0:14

Pobre Hizaki chan plzz pero no puedo odiar a Gackt fuera del fanfic, (fuera lo amo y su canción "Vanilla" me causa hemorragia nasal cada que la escucho) pero en la historia lo odio tanto como amo a Versailles!!!!!! (solo dentro)
PD: el carruaje me recordó a mi casa de Hogwarts (Slytherin) negro, verde y plateado son sus colores, bueno el negro no. SERPIENTE DE CORAZÓN!!!!!
espero el siguiente me encanta
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Re: Bewitched Rose

Mensaje por Eternal Rose el Mar 25 Jun - 21:55

Ah!! maldito Gack (no han notado que en la mayoria de fanfics de Versailles lo ponen de villano?? ) Ah, no m  e dejes asi, ecesito leer mas!!
Espero el siguiente n.n
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Re: Bewitched Rose

Mensaje por Shizuka Miwa (Queena) el Mar 25 Jun - 22:12

eternal rose escribió:Ah!! maldito Gack (no han notado que en la mayoria de fanfics de Versailles lo ponen de villano?? ) Ah, no m  e dejes asi, ecesito leer mas!!
Espero el siguiente n.n
Segun yo a Gackt lo ponen como el chico malo dentro de Versailles porque suele tener la cara y reputación de "yo obtengo lo que quiero" pero yo no olvido sus canciones como "Mizerable" o "last Song" pero sus fotos sinceramente dicen otra cosa, en cambio las de Versailles son "Angelicales" como un poco "incomprendidas" pero insisto en que Gackt es una linda persona, aunque si tiene su compertamiento de diablillo
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Re: Bewitched Rose

Mensaje por Geneviev el Mar 22 Oct - 13:57

Gracias por los comentarios ♥

~~

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Capítulo IV – Incertidumbre

Cayó exhausto sobre la nieve, con un tenue sudor perlando su frente.

Miró a su alrededor viendo más de lo mismo. La nieve se apoderaba de los troncos que sobresalían de ella, de todos marrones casi grises y con sus ramas adornadas del ligero hielo del invierno. Cuando sintió este mismo frío apoderarse de sus manos las separó rápidamente de la nieve, observando como habían tomado un tono más rojizo y le era un poco difícil moverlas, terminando por envolverlas en la tela de su vestido para que pudiesen entrar en calor. Con sus labios entreabiertos y una respiración más que notoria miró al cielo nublado apreciando los tonos grisáceos de este, sintiendo en su cara caer los finos, débiles y pequeños copos de nieve que nacían en aquellas nubes que parecían tan violentas pero tan acogedoras a las vez.

Observó el paisaje escarcha detenidamente, comenzando a formarse en su interior el sentimiento de la angustia y el miedo. Con delicadeza un leve sollozo se dejó oír de su parte, pues estaba allí, solo y sin saber a dónde ir. Rodó sus acuosos ojos al que era un hermoso vestido, ahora salpicado por sangre, rajado y arrugado. Sabía que en su cuello tenía las marcas de las manos de aquel hombre, y que de su labio inferior había brotado un leve hilo de sangre al recibir un fuerte golpe momentos antes, manchándose seguramente su barbilla de aquel ligero líquido escarlata.

<< El rostro del menor fue tomado con brusquedad por las manos del contrarió, el cual pasó su lengua por los labios ajenos de forma forzada y grosera. A pesar de las lágrimas que Hizaki derramaba por su culpa, Gackt no se detuvo aprovechando un momento de queja por parte del menor para profundizar aquel repulsivo beso metiendo su lengua en la cavidad bucal del asustado castaño. Fue entonces cuando este se percató de que tenía una mínima posibilidad de escapar y, aunque el carruaje fuera demasiado rápido rompiendo el hielo del camino profundizando sus ruedas en la nieve, pidió a alguna divinidad que lo que iba ha ser sirviera de algo. Sin pensarlo logró sacar sus manos del fuerte y doloroso agarre a las que estas eran sometidas desde minutos atrás, sumergiéndolas en el pelo de Gackt para así tener un mayor contacto y poder profundizar aún más el beso hasta el punto que él quería.

Sorprendido por la reacción de Hizaki, el malhumorado mayor comenzó a acariciar con frenesí y sin pausa las suaves piernas del otro, quien pese al asco que sentía por aquello se dejaba ser tocado por el otro esperando el momento justo. Gackt soltó sus labios para encaminarse por el blanco y puro cuello, mientras que sus manos se removían bajo el hermoso vestido ya arrugado, pero todavía sano, comenzando a acariciar la parte interna de los mulos de Hizaki para después dirigir las manos hacia atrás, rozando las ligas que mantenían sus medias sujetas a sus piernas.

Hizaki echó su rostro hacia atrás para así tener al contrario lo más entretenido posible aunque tuviera que hacer el sacrificio de darle su cuello para ello, el cual era besuqueado y babado, sintiendo esto repugnante y asqueroso, pero más que nada por quien lo hacía. Tuvo la suerte de que a pesar de tener sus ojos llorosos esto no fuera ningún inconveniente para poder mirar la puerta, localizando después el fecho de esta. Lo observó y estudió por un momento para cuando ya estaba completamente seguro de que sedería jalar los cabellos de Gackt para que este volviera a subir a la altura de sus labios, besándolo de nuevo a pesar de la repulsión que esto suponía.

El mayor comenzó nuevamente a lamer sus labios, pero pronto su lengua fue atrapada por los dientes del menor quien la profundizó en su boca para cuando más profundo comenzaba a ser el beso morderla con gran fuerza.

Notó a Gackt quejarse contra su boca, soltando el agarre de sus muslos y subirlos hasta su cuello, donde comenzó a apretar haciéndole difícil a Hizaki la tarea de respirar. El menor sentía como las inmensas ganas de llenar de oxígeno sus pulmones comenzaban a ser desesperantes. Podía ver en la expresión del rostro del mayor la ira y a la vez una sonrisa diabólica, mientras que de su boca brotaba sangre debido al mordisco. Cuando ya el menor creyó que era el final y comenzaba a ver borros, una de las ruedas del carruaje pisó una piedra, lo que hizo que se tambalease y Gackt se despistara un poco descendiendo su fuerza. Hizaki reunió toda la fuerza que pudo después de una intensa bocada de aire y con dificultad consiguió dar un fuerte rodillazo en el estomago y empujar al mayor, estampándose así la espalda de este contra el lado contrario del interior del carruaje. Rápidamente el joven muchacho se dio la vuelta poniendo sus piernas al lado contrario y dando una patada certera en el fecho de la puerta, consiguiendo que su tacón diese fuerte en cierre abriéndolo y soltando algunos de los tornillos debido al estallido de la madera. La puerta se abrió y debido a la velocidad que llevaba el carruaje se trabó en una de las ramas que sobresalían por el camino arrancándola en el choque. Hizaki miró hacia fuera dándose cuenta de que lo único que se lograban ver eran cientos de troncos repletos de hielo y nieve, al igual que lo demás.

Puso ambas manos en cada lado de la madera aguantándose de esta para impulsarse adelante y caer en la nieve, pero Gackt lo sujetó con fuerza por su cintura y lo empujó de nuevo a dentro. Cayó sobre el susodicho y a pesar de intentar zafarse varias veces de nuevo se veía en peligro con aquel hombre que estaba hecho furia viva.

—No se puede negar que debajo de vuestra bella apariencia hay un hombre —Sonrió sarcástico el mayor mostrando sus dientes manchados de una sangre menos roja debido a la intervención de la saliva, pero en efecto así era. Gackt no se esperaba aquella forma de defensa que tenía el menor, y aún menos que fuera capaz de dar patadas tan certeras.
—¡Qué pena que no hayas contado con eso¡ —dijo Hizaki con rabia.

Cuando el joven iba de nuevo a decir un par de cosas, el puño del mayor se estampó brutalmente en torno al lado izquierdo de su rostro, pero descargando más violencia sobre su labio inferior rompiendo la piel de este para seguidamente comendar a salir sangre, aguándose sus ojos a los pocos segundos debido al fuerte dolor que esto supuso. Intentó llevar una de sus manos hasta su hereda, sin embargo esto le fue imposible por la intervención del mayor, quien puso su dedo sobre la apertura labial causando un dolor punzante en el menor.

—Oh, Hizaki, os veis tan frágil —susurró riendo—. Es divertido veros así de asustado, sin absolutamente nadie que os defienda ni que os intente rescatar —dijo comenzando a reír de forma malévola—. Decidme, ¿qué haréis ahora? No está vuestra ridícula madre, ni vuestro padre, estáis solo, y sé que muy asustado. No tenéis ni idea de en donde os encontráis…

El menor se concentro un momento en no escuchar aquellas palabras que le causaban más que angustia y en no sentía el dolor que incluso llegaba hasta su huesos. Miró al techo del carruaje y después movió sus ojos hasta sus pupilas dar con la única salida que tenía, viendo como lo único que pasaba a través de esta era la nieve y los tantos troncos de árboles sin hojas. Movió su mano de forma lenta hasta llegar a la casaca del mayor —quien se encontraba susurrándole al oído miles de cosas para nada buenas de lo que pensaba hacer con él, después de violarlo y matarlo— y con sumo cuidado metió la mano en el bolsillo donde sabía que Gackt llevaba siempre un cuchillo que tenía en la empuñadura de plata tallada una serpiente con los ojos de piedras de rubí. En un movimiento rápido lo sacó y sin saber en que zona sería clavado, apuñaló a Gackt de forma profunda oyendo un grito de este.

Se sacó al mayor de encima como pudo, observando como este llevaba desesperado sus manos a la altura de su pelvis, sobre el muslo derecho donde yacía el cuchillo y bastante sangre.

Dejando aquel hombre atrás, y antes de que las cosas empeoraran más, saltó del carruaje sin ningún miedo, con la suerte de no haber chocado contra un tronco o caído sobre algunas rocas que se asomaban por entre la nieve. >>

Hundió entre sus manos su marchitado rostro de hinchados y morados labios. Sentía el frío apoderarse de su blanca piel sin tener nada que poner para evitar esto. Separó sus manas mojadas por las lágrimas y las llevó a su ahora desastroso pelo, el cual ya no se encontraba perfectamente peinado e intacto y tampoco tenía ninguna de las rosas ni la diadema. Lo desenredó sin parar de sollozar y sin ningún tipo de ánimo, poniéndolo después alrededor de su cuello y por encima de su clavícula, intentando de esta manera cubrirse un poco las zonas de piel más expuestas. Frotó sus brazos e intentó dejar de temblar, pero esto le resultó inútil.

Decido a no seguir allí e intentar regresar. Se levantó después de haber descansado lo suficiente, y comenzó a caminar de manera difícil, ya que sus pies se hundían en la espesa nieve y sus zapatos tampoco ayudaban mucho, más que su pierna derecha estaba hecha un completo caos de heridas y sangre. Hubiese podido haber seguido las huellas que dejaban las ruedas del carruaje al avanzar, pero eso ya era ir por un camino donde era más que seguro que daban con él, y por si fuera poco ni siquiera sabía en dónde se encontraba y cuan lejos estaba dicha ruta.

<<Rodó por la nieve uno o tal vez dos metros cuando se lanzó, pero pudo haber sido mucho peor si el carruaje hubiese seguido en marcha y no estuviese parado. Estuvo a punto de caer a la faz de un tronco bastante grueso y del cual sobresalían pequeñas ramas congeladas, cubiertas por un hielo que terminaba en un fino pincho que parecía amenazante. Tan rápido como pudo se incorporó de nuevo, y tuvo la pequeña suerte que el chofer —el cual no se había dado cuenta que la puerta izquierda había desaparecido— fuese a abrir la puerta por el lado en el que Gackt se encontraba. Gracias a esto pudo comenzar a correr entre los troncos, totalmente desesperado, pero un grito lo detuvo en seco un momento.

—¡Hizaki! —gritó el mayor desde el carruaje con su pierna hecha un completo lago de sangre—. ¡Ni te creas que escaparás! —habló nuevamente.

El nombrado se giró y pudo ver como Gackt le daba nuevas órdenes al chofer y señalaba en su dirección, mientras que el otro hombre de vestimenta totalmente negra y larga capa con fondo morado desempuñaba un cuchillo de su propio cinturón y, como otra peligrosa fiera, comenzó a correr en su dirección.

El joven muchacho huyó lo más rápido que pudo mientras era perseguido. Se arañó con ramas, tropezó con piedras y resbaló con hielo, pero nunca se detuvo. A pesar de tener la suerte de que su vestido no le era impedimento para correr, el aire que le comenzaba a faltar si, y fue gusto cuando paró en seco en el filo de un pequeño risco para tomar aire, cuando sobre la nieve que estaba se derrumbó haciéndolo caer. Uno de los extremos de su hermoso vestido se rajó desde la altura de su cadera hasta el suelo, quedando su pierna totalmente herida y llena de golpes, con la sangre bañando desde su rodilla hasta su pie.

Al ver aquel espectáculo de sangre y al joven desmayado, el chofer de Gackt sonrió con maldad, dando por más que muerto al muchacho. Se giró sin preocupaciones, sabía que tarde o temprano el hermoso cadáver de Hizaki sería devorado por los lobos o osos, y conociendo lo buen actor que era su jefe, estaba seguro de que ya tendría alguna buena escusa para hacer creer a los padres del chico y demás personas de la aldea que la muerte de Hizaki había sido un accidente, o incluso asesinato por algún maleante.

Sintió como algo le hacía cosquillas en su cara y con un leve gruñido intentó moverse pese que esto le resultó muy doloroso. Una pequeña ardilla lo olfateaba mientras que con sus patas delanteras intentaba hacer fuerza para salir de debajo de la cabeza del muchacho. Hizaki la levantó un poco dejando libre al animal, pero este en vez de irse se sentó en la nieve y se le quedó mirando por un momento. Acercó su mano hasta la ardilla, pero esta en vez de irse se dejó acariciar por el joven.

Cuando se intentó levantar y vio el estado de su pierna no pudo más que comenzar a llorar fuertemente. El imaginarse allí, sin poder caminar o ni siquiera levantarse lo aterró por completo. Como pudo se irguió y comenzó caminar sin descanso, mientras que la ardilla, de rojizo pelaje, perseguía al muchacho saltando de tronco en tronco. >>

El punzante dolor de su pierna le dificultaba bastante el caminar, por lo cual se cansaba antes y cada vez soportaba menos.

El observar los copos caer tan lentamente le transmitía tranquilidad dentro de su temblorosa persona, más lo relajaban y de algún modo ellos le daban un consuelo, por muy leve que fuera. No sabía que debía hacer ahora ni a dónde ir, era consiente de que estaba perdido y de que posiblemente jamás regresaría a su casa. Recordar que si no hubiese caído por aquel lugar lo hubiesen matado le producía alivio, pero a la vez el miedo y temor de morir en medio de un bosque y ser devorado por una fiera le producía terror.

Según caminaba malamente y sin despegar su vista del suelo cubierto de nieve, no podía dejar de pensar en lo que le había sucedido aquella tarde ni en sus padres. Para su madre, Gackt era más que ejemplar y qué decir de su padre que ya incluso había hablado con el maldito señor adinero sobre dónde celebrar la boda de ambos. El pueblo también amaba a su casi asesino y violador, pues este había donado dinero para alguna que otra obra, como arreglar la fuente o reparar la iglesia, pero Hizaki sabía que sólo lo hacía ese tipo de cosas para quedar bien con todos, pues esa bestia no podía tener un corazón tan honrado. Ahora estaba más que seguro de esto.

De nuevo la inseguridad y las lágrimas que ya había cesado se hicieron presentes cuando se dio cuanta que si Gackt se inventaba alguna historia sobre su muerte, y más si fingía algún papel, todos lo creerían y no irían en su búsqueda.

Se apoyó en un árbol de corteza más que congelada y sin importar todo el frío que brotaba de su tronco también apoyó su frente, siendo sus lágrimas lo único cálido que su piel y demás sentidos podían percibir.

Ya calmado decidió seguir caminando por más que le costase, y fue entonces cuando oyó el ruido de agua correr. Giró en todas las direcciones rápidamente intentado adivinar cuál era la dirección de la que procedía el sonido, y una vez seguro emprendió camino por el lado derecho, usando los troncos de apoyo para poder llegar cuanto antes a la orilla del que sabía era un río. Sabía que se trataba de esto, ya que a unos seiscientos metros de la aldea pasaba un río, y estaba convencido que no podía ser otro.

Según se iba acercando a la orilla el espesor de árboles era cada vez menos y esto le permitía poder ver mejor, aunque ya no tenía troncos muy fuertes que usar de apoyo. Casi saltó cuando vio el gran caudal del río más que elevado. Cojeando llegó a su orilla y on cuidado se sentó en ella. El agua estaba a mucho más de menos cero grados, pero esto no fue impedimento para que con cuidado y soportando el frío hundiese sus manos en ella sintiendo como toda su piel se erizaba por la temperatura tan baja y helada de esta, bebiéndola luego pues estaba más que sediento. Sin embargo lo fría que estaba —que incluso su esófago ardió un poco— no fue impedimento para que arrancara uno de los lazos dorados del que fue su elegante vestido y lo sumergiera en el agua para después con suavidad limpiar su pierna de toda la sangre, pasando ese trozo de tela color oro sin apretar por su piel.

Tenía en toda la superficie muchísimas cortadas y rasguños, pero lo que más le llamó la atención fue ver como su media se había rajado y había desaparecido de medio muslo hasta el robillo, quedando sólo su finalidad de encaje y la que quedaba en su pie que no había podido salir debido a su zapato. No pudo evitar reírse un poco con eso, pues le pareció gracioso.

Lavó su cara y mojó su nuca ya que a pesar del frío no podía negar tener un poco de calor después de todo lo que había caminado. Ahora estaba más animado, pues Hizaki estaba seguro de que sí seguía el sentido en el que corría el agua del río podría llegar a la aldea, aunque esto le costara tener que caminar incluso de noche. No obstante, todo esto se fue de su mente al levantarse y darse cuenta de que justo en la próxima curva que formaba el gran río, había un puente que lo cruzaba y que por entre los arboles, tres grandes torres de lo que parecía ser un castillo sobresalían con elegancia.

El puente se encontraba unos cien metros de él, pero no muy convencido decidió acercarse, además que le gustara o no para seguir río abajo tendría que pasar por al lado de este.

Se puso en marcha cojeando y casi sin que su pierna respondiera, pues el agua tan fría la había adormido y le cortaba mover sus articulaciones para caminar. Usaba las delgadas ramas de la fina vegetación que adornaba la orilla para poder seguir en pie y con la ayuda de estas avanzar lentamente.

Casi cayéndose alcanzó a sostenerse en una de las hermosas estatuas de león que se encontraban a cada lado del puente de piedra. Tomó aire de manera difícil ya que estaba casi asfixiado para luego elevar su cabeza en dirección a donde el puente llevaba, quedando petrificado al ver aquello.

El castillo se estaba cayendo a pedazos, de eso no había duda, pero era más que majestuoso. Tenía una seria de escalones en la finalidad del puente los cuales daban a una enorme puerta de madera tallada. Los ventanales eran grandes y algunos tenían cristales rotos, pero eso no le sacaba lo fascinante de aquella obra arquitectónica gótica. Sus torres terminaban en varios pinchos, y en lugar de redondas como las que siempre había visto en los dibujos eran cuadradas, con hermosos rosetones que se podían apreciar que eran de muchos tonos de colores violetas y rojos, aunque sobre la puerta predominaba uno de muchos colores. Había dos balcones a cada lado, pero sólo uno daba a una habitación que tenía las puertas abiertas por las cuales salían unas cortinas largas y rojas, movidas por el viento.

Ver aquellas cortinas y la puerta del balcón abierta, fue lo que al bello joven hizo más feliz. Por su mente pasó que quizás allí vivía alguien que se había aislado de la aldea, pero que aún así lo podría ayudar a regresar.

Tardó en cruzar el puente una media de diez minutos debido a las pausas que tomaba para que su pierna no doliese tanto. Cuando llegó sus ojos se pasaron por la delicada piedra en la que estaba hecho el castillo. Todo el estaba tallado de forma cuidadosa y perfecta. Algo que le llamó la atención fue ver todas aquellas rosas congeladas y repletas de nieve por todos lados, más dudando de que fueran reales debido a que el invierno marchita ese tipo de flor tan delicada y hermosa. Acarició una de ellas y como si fuera magia, el hielo de la flor se derritió en un abrir y cerrar de ojos, volviéndose sus pétalos esponjosos y de un rojo intenso, comenzando a desprender un aroma. Un perfume que Hizaki juraba haber olido en algún lugar.

Un dolor punzante se hizo presente en su otra pierna, justamente en su muslo, asustándolo de inmediato. Se subió su destrozado vestido y vio como bajo su media se formaba una marca. Desató la liga que mantenía esta sujeta y la bajó rápidamente, quedando atónico con lo que veía. Una rosa se estaba dibujando en su piel, con sus pétalos rojos y su tallo verde. Asustado por aquello pasó su mano intentando limpiarse aquel dibujo, pero lo tenía fijo en su piel. El ver aquellos colores pintados en su muslo le causó mareos y por un momento se sintió agonizante, tanto así que su cuerpo se fue hacía delante y sin querer dio un leve golpe en una de las hojas de la puerta.

Apoyó su espalda contra la pared de piedra y cerró sus ojos fuertemente derramándose las lágrimas de estos sin poder impedirlo, pues aquel dolor era peor que el de su pierna derecha, y la fuerza de este se debía a que dentro de aquel dibujo se estaban definiendo los detalles. Sus pétalos se tornaban reales obscureciéndose los colores en las zonas de sombras y aclarándose en los de luz. En el tallo sucedió lo mismo, definiéndose sus espinas y dándoles a estas un toque amenazante. Era como si el muslo del joven fuera un bloque de hielo y dentro de este estuviese presa una delicada rosa roja, sólo que era un simple tatuaje trazado a dolor en la piel más tersa y fina.

Oyó como la puerta se abría con un leve y molestoso chirrido. Como pudo se arrastró por las paredes sin casi mover ambas piernas, sosteniéndose después de la puerta para poder pedir ayuda a quién fuera que estuviera tras de esta, pero su sorpresa fue cuando al llegar, no se encontró con nadie.

Entro al interior del que no podía apreciar absolutamente nada, pues la oscuridad más lo cegado que lo tenía el dolor y el cansancio le impedían ver algo.

—¿Hola? —preguntó casi sintiendo su cuerpo flaquear con esa leve acción de habla.

Escuchó unas pisadas que se marcaban de forma elegante detrás suya, pudo deducir dentro de todo su trance que se trataban de unas botas de grueso tacón, ya que las suyas casi ni se oían cuando pisaba.

—Por favor, ayúdeme —suplicó susurrando y llorando a quien fuera que estuviese allí.

Se giró decidido a buscar a esa persona, sin embargo el tiempo se paró y un grito murió en su garganta cuando sus ojos marrones chocaron con dos luceros cegadores de un azul celeste más claro que el cielo, los cuales lo observaban desde la oscuridad. Sentía como si una bestia lo estuviera mirando, y estaba más que claro que aquel par de bellos ojos no podían ser humanos.

Sintió como todo daba vueltas, y de repente todo lo que aquel día había sucedido pasó por su mente con una velocidad sorprendente, llevando sus manos a su cabeza y suplicando que parase. Cuando llegó al momento actual todo lo que pudo ver fue negro, desplomándose su cuerpo, pero antes de que llegase al suelo unos fuertes brazos lo sujetaron, y los extraños ojos azules lo miraron. A pesar de estar desmayado aquel perfume de embriagador aroma fue captado por sus sentidos, tornándose todo en su sueño de una forma especial, casi perfecta.

~~

Espero no tardar en actualizar ^^


Última edición por Geneviev el Sáb 23 Nov - 14:44, editado 2 veces
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Re: Bewitched Rose

Mensaje por Shizuka Miwa (Queena) el Miér 23 Oct - 0:48

rosa!!! te extrañe!!!, y no te preocupes a todas nos pasa, pero creo qie si tardaste mucho a pesar de eso :Exhausted: Kamijo!!! por fin!!!
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Re: Bewitched Rose

Mensaje por JanG ♪♫♪ el Dom 3 Nov - 22:10


:colapso:  ~paro cardíaco~
hmmm ese Gackt es un malvado!
pobre Hizaki plzz 
pero wooo! al fin apareció Kamijo!! me encanta esta historia! y el tatuaje de rosa fue genial!  
me gusto mucho! ya quiero leer la continuación! :3
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Re: Bewitched Rose

Mensaje por Geneviev el Sáb 23 Nov - 14:45

Estoy en exámenes, así que por esto no había podido actualizar antes…
No tengo mucho que decir sobre el capítulo. Le estoy tomando de nuevo cariño a este fic, mucho mejor dicho. Le tengo mucho empeño, y nuevas ideas para ponerle. Así que supongo que ya está más que decidido que no lo dejaré de lado.
Gracias por vuestros comentarios ♥
Sé que este capítulo les gustará. Lo tengo más que claro :P


~~

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Capítulo V – Huésped


“La fría suavidad de aquellas pálidas manos lo estremecía en su máximo esplendor. No entendía como sus sentidos podían sucumbir al sentir la helada suavidad sobre la frágil piel de su sudoroso muslo, más encaminándose con delicadeza sobre el bello dibujo que en este se plasmaba. Por su parte, sus manos recorrían la espalda ajena, de tacto gélido y gruesa piel. Una espalda ancha por la que sus uñas arañaban gustosas, más sus heridas pronto sanaban. Podía sentir la respiración ajena contra su cuello, de escalofriante aliento y ligeros besos provenientes de unos labios no muy gruesos, pero si un poco espigados al tacto.

La tenue luz de las velas que poco a poco iban cubriendo con su blanca y derretida cera la superficie en la que se encontraban colocadas, daba un aire más sensual en aquel momento de intimidad donde el bello pastelero no sabía ni cómo ni cuándo había llegado a ocurrir lo que estaba viviendo. Su mente estaba en blanco y su cuerpo sólo era capaz de percibir lo que sus sentidos deseaban, más aquella gran sensación de placer que le llenaba cuando su cuerpo se hundía en las sábanas rojas que vestían la elegante cama. Apresadas, sus manos fueron subidas a la altura de su cabeza, donde su enorme pelo se apoderaba de los almohadones también escarlata, siendo ambas manos apretadas al mismo tiempo que su cuerpo era llenado de aquel tan placentero y clandestino cariño.

El fino pañuelo de seda negra que cubría sus ojos no le permitía ver quien era el embaucador que estaba robando su castidad y desbordando su cuerpo de caricias y besos, pero la seguridad que a través de estos le lograba transmitir lo hacía sentir seguro y totalmente de acuerdo con aquel delito que se estaba haciendo con su cuerpo. Suspiraba cuando tenía que suspirar, siendo esta la mayor prueba de su complicidad en aquello.

Los aullidos de los lobos llegaban sus oídos, y el airé helado chocaba contra su cuerpo dentro de aquella burbuja de calor que emanaba su ser, rompiendo las leyes de la física. Pues la calidez de su cuerpo no se apoderaba de la del otro tan fría, ni tampoco a la inversa. Eran el frío y el calor por separado, pero unidos en un enredoso nudo formado por la inmensa pasión del momento. Ni las frías manos de su ladrón podían congelar la calidez que habitaba en él, ni esta podía derretir el hielo del contrario.

Su agotado ser tembló al alcanzar el límite y exhausto se acomodó entre las sábanas de llamativos colores, para acto seguido sentir los rasposos labios sobre los suyos, masajeándolos con cariño.

El fino pañuelo fue retirado y lentamente abrió sus párpados, encontrándose con los ojos más brillantes y hermosos que jamás había visto.”


Abrió de golpe sus ojos y antes de poder ver nada primero escuchó su agitada respiración.

El sentir las sábanas y mantas sobre su ser lo hizo sentir protegido, y entonces, por un momento, pensó que todo lo que había vivido había sido simplemente una pesadilla. Que nada de aquello había sucedido. Seguro de esto se acurrucó en las calientes cobijas, intentando llevar su respiración a la normalidad después del sueño que había acabado de tener, sin siquiera saber en qué categoría clasificarlo, pues había sido un poco extraño.

Se quedó quieto por un corto tiempo y después se irguió con rapidez, dándose cuenta de que no estaba equivocado, y que cada una de las cosas que le había sucedido eran ciertas.

Asustado miró a su alrededor.

La habitación era bastante grande. Habían unos hermoso ventanales —con algún que otro cristal roto— decorando toda la pared que tenía a su derecha por los cuales se filtraba la hermosa luz violeta anaranjada, no sabía si de la mañana o de la tarde, y por donde se podía apreciar la nieve caer. Estos eran cubiertos por unas finas cortinas blancas, las cuales estas estaban rotas. Los muebles del lugar eran de madera oscura. Había un enorme armario con los manillares color oro. La cómoda tenía un jarrón del cual salían telarañas que se perdían en el espejo que estaba cubierto por una sábana blanca y en la madera de dicha cómoda. Con las mesas de noche pasaba lo mismo. Hizaki pudo deducir que los candelabros que estaban situados en el medio de estas eran de tallados elegantes y hermosos, pero era tal la exagerada cantidad de polvo que gobernaba la habitación que dificultaba ver las cosas. Los cuadros que colgaban de la pared también estaban tapados por trozos de telas blancas y la gran lámpara de velas que debía de ir en el techo estaba hecha añascos en medio de la habitación, sobre una alfombra en la que se podían percibir un poco sus tonos canelos. Había algunos sillones también cubiertos de polvo y con los cojines y demás rajados y comidos por los ratones.

Las telarañas cubrían gran parte del techo, sin embargo aún así no podía lograr ver ninguno de esos espeluznantes insectos que no le gustaban en absoluto. Aparte de telarañas, también se encontraban alguno de los alambres que aún tenían alguna que otra piedra de cristal de la majestuosa lámpara estallada en el piso. Todo estaba abandonado, frío y sucio. Había hojas secas sobre la alfombra y el resto de los muebles. Realmente le parecía imposible que en aquel lugar, en alguna época —quién sabe cual—, el lugar había sido habitado.

Pasó sus oscuros ojos por la cama y fue cuando se dio cuenta de que esta parecía intacta, sin una pizca de polvo o suciedad. Las sábanas aterciopeladas y esponjosas la cubrían elegantemente, cayendo por sus extremos unos flecos dorados que seguramente llegarían al suelo. A sus espaldas era imposible contar cuantos almohadones y cojines de delicadas telas se hallaban. De cada una de las patas de la cama salía una barra de madera en forma circular y con delicados dibujos tallados, que se única a un dosel de madera del cual caían cortinas rojizas.

Un sonido peculiar llamó la atención de Hizaki, buscando desde su posición la chimenea en la cual estaba ardiendo la leña, dando con ella justo detrás de los sillones. Al erguirse un poco para intentar ver si junto a dicha chimenea o cerca había alguien, un dolor punzante en su espalda baja se hizo presente adormitando un poco sus piernas. Llevó una de sus manos al lugar de donde provenían las punzantes clavadas, acariciando su espalda desnuda. En ese momento por fin se había percatado de que su ropa había desaparecido. Subió con sospesa las sábanas hasta su cuello y se echó hacía atrás cayendo de lleno sobre los almohadones.

No estaba asustado, pues se sentía a salvo allí, pero el recordar todo lo vivido y aquellos ojos azules que parecían sacados de un cuento de terror y misterio su piel se erizaba. Estaba confuso en cuanto al día y la hora que era. No sabía en las condiciones que se encontraba en función a su salud y tampoco si sus heridas había mejorado, por lo que decidió inspeccionar levantándose de forma cuidadosa y muy despacio, retirando un poco las cobijas después.

Primero observó su pierna derecha. Estaba prácticamente morada por la zona de su muslo, donde reposaba un paño blanco húmedo que escondía una herida un poco profunda la cual había sido cosida, y su rodilla estaba llena de arañazos y caspas que ya se encontraban sanando. Podía apreciar unos morados mucho más oscuros en su tobillo que parecían unos dedos que habían apretado esa zona con gran fuerza, y sobre este otro paño húmedo que mantenía la hinchazón baja. La verdadera impresión llegó a su cuerpo cuando miró su pierna izquierda. No tenía heridas, más el tatuaje de aquella rosa lo dejó perplejo. Al igual que en su sueño cubría la zona exterior de su muslo y estaba gusto en el centro. Parecía real, tal cual una de verdad. Sintió una gran angustia la ver aquello, pues no sabía ni se podía explicar cómo había sucedido, pues él simplemente había tocado una de las rosas de la entrada. Una rosa normal y corriente. Miró su desnudo cuerpo por varios momentos, encontrando arañazos en sus brazos y alguna que otra uña rota, lo que lo molestó sin duda. Estaba limpio, sin rastro de sangre ni suciedad. De su piel brotaba un agradable aroma y su pelo brillaba, cepillado y suave, sin nudos en sus hilos castaños.

Volvió a tumbarse lentamente, y como un pequeño asustado ocupó su mente en pensar qué había pasado con sus joyas, su vestido —o lo que quedaba de el— y demás. Se dio cuenta, tras comprobarlo, que no tenía maquillaje, pasando sus dedos por sus párpados. Así que eso significaba que su belleza masculina estaba a la luz. Pues no era muy femenino sin maquillaje, aunque su elegante porte siempre lo mantenía.

La imagen de quien se encontró en el vestíbulo cuando llegó al castillo, azotó su mente.

Sólo podía recordar aquellos ojos azul blanquecino, tal cual como los del sueño del que había despertado. Provocándole esto cierta culpa y vergüenza de tan descarado sueño.

Un olor agradable impregno el ambiente, y casi como un robot se giró dentro del nido de sábanas buscando el lugar proveniente de aquel aroma. Sobre una de las mesas de noche había una bandeja. En ella había una taza de porcelana, un poco rota, pero finamente pintada en flores de diversos colores. De esta salía el humo de gran olor, lo cual era un té de colores malva. A su lado se hallaba un plato de la misma vajilla, que contenía un racimo de uvas.

Eso sí lo había asustado.

Momentos antes había estado observando el lugar, y sobre las mesas de noche no había absolutamente nada. Ahora, en un abrir y cerrar de ojos aparecía aquello allí. Sin duda alguna eso lo había aterrado más que todo lo que le había sucedido anteriormente.

—¿Será que hay fantasmas? —susurró con miedo tapándose hasta la altura de su boca.

Cerró fuertemente sus ojos y los abrió de golpe, pensando que quizás había sido un mero ilusionismo. Giró su rostro y de nuevo se encontró con la bajilla en el mismo sitio, sólo que ahora junto a la taza de té había una cucharita plateada con finalidad en un bonito tallado de rosa. Su cuerpo templó. Lo que estaba pasando no era normal.

Sin embargo, el miedo real invadió todo su ser cuando se percató de que por uno de los ventanales ya no entraba tanta luz, y en la pared de su derecha estaba reflejada la sombra de una persona. “Fue entonces cuando un relámpago iluminó toda la habitación, reflejando en la pared la espelta y elegante figura.” La escena que había tenido en el sueño vino a su cabeza de golpe tras ver la sombra, tan idéntica a la de la pesadilla que había tenido el día en que lo todo sucedió. Igual ha como recordaba era alta, esbelta y se notaba de porte elegante. El pelo era largo —incluso más largo que el suyo—, ya que al parecer uno de los ventanales había sido abierto y el viento merodeaba el lugar. No se atrevía a mirar al otro lado. Simplemente no era capaz de hacerlo.

—Quizás y los hay —oyó a su derecha.

Fue tal su sobresalto que giró automáticamente en la cama y se levantó de golpe apoyando su cuerpo en todos los cojines y almohadones. Las sábanas, mantas y el majestuoso edredón de terciopelo rojo cayeron hasta la altura de su cadera, tapando su entrepierna, y su pelo fue el que se encargo de caer a ambos lados de su pecho. El cuadro que ofrecía la imagen de él joven pastelero asustado, con su cuerpo totalmente desnudo entre las sábanas rojas y su largo, castaño y brillante pelo tapando su tan clara piel, era sin duda una obra de arte merecida de ser plasmada en un lienzo dotada de una majestuosa, hermosa y exquisita sensualidad y belleza. Llevó sus manos al hombro contrario y las dejó reposar ahí, tapando con sus brazos su torso, a pesar de que no tenía pechos ni nada por el estilo.

El abrigo de la persona que le daba la espalda estaba cosido en una tela negra, pero repleta de diminutos brillos. Su enorme pelo ondulado llegaba hasta más debajo de su cintura, y era de una castaño claro, casi rubio. Era mucho más alto que él. De vez en vez el viento movía el abrigo que arrastraba un poco en el suelo, y dejaba ver unas botas realmente altas y algo de su pantalón negro.

—Lamento el desorden. Realmente hace mucho tiempo que no residen huéspedes aquí. De hecho, pensé que nunca llegaría el día en el que alguien pisara mi castillo.

Su voz era baja, casi como un susurro. Sin embargo, se podía percibir en ella el tono ronco y de acento afrancesado. Su manera de hablar era seca y fría, Hizaki casi estaba a punto de caer en la duda de cuánto tiempo había pasado de que aquel hombre había hablado por última vez. Pero entonces el castaño se percató de lo primero que había dicho, antes de sobresaltase. Estaba seguro de que los sucesos que le estaban pasando eran paranormales, y fue entonces cuando creyó que aquel hombre era un fantasma.

—Esto no puede ser real —susurró al borde del aterramiento.
—¿Qué duda ronda vuestra cabeza, joven? —cuestionó al mismo tiempo que se giraba.

Los ojos celestes blanquecinos se clavaron en los color avellana del muchacho por segunda vez. Hizaki sintió todo el bello de su cuerpo ponerse de punta cuando las orbes azules se pasearon por su desnudo cuerpo, que era tapado con su cabello y brazos.

—No tenéis la necesidad de cubríos. No veré nada que no haya visto ya —dijo.

Hizaki tomó con velocidad las sábanas rojas y las subió hasta la altura de cuello. Aquel hombre o lo que quiera que fuera se estaba regocijando en ver su desnudes, y como no en los colores del rostro del menor que ya comenzaba a tornarse sonrosado. Una media sonrisa se formo en los labios del extraño ser, dejado ver la punta de sus extraños colmillos hundirse un poco y sin dañar en su labio inferior.

Hizaki quedó estático al ver aquello, pues los colmillos si eran puntiagudos, pero no tan largos ni picudos. Recordó de nuevo la leyenda que su abuela le había contado y las ganas de tocar su cuello lo vencieron, pero no tocó ni notó nada extraño.

—Siempre las malditas leyendas —oyó susurrar ahora a su izquierda.

De nuevo otro sobresalto, cara de terror y estaba vez incluso alguno de los cojines cayeron al suelo.

—¡¿Pero qué sois?! —preguntó sobándose su cabeza intentando aliviar el dolor del taponazo que se había dado con la cabecera de la cama después de tal susto.
—Lleváis aquí cinco días —dijo evitando contestar a la pregunta.
—¡Cinco días! —Volvió a sobresaltarse.
—Hacía mucho tiempo que no veía una curación tan lenta y real —habló de forma suave mientras que revolvía con la pequeña cuchara el té, sin despegar su vista de este.

Ahora que lo podía tener más cerca, Hizaki se fijo mejor en él. Su mandíbula era definida y su nariz perfecta. Sus labios eran delgados, un poco carnosos y de un tono un tanto fuerte. Su piel era tan blanca, que el bello pastelero pensó por un momento que si lo fuera un poco más podría ver el interior del hombre. Tenía su camisa blanca desabrochada hasta casi la mitad de su pecho, y fue imprudencia del joven mirar por pocos segundos la piel expuesta del mayor, quien seguía en lo mismo.

Evitando no contactar miradas para no aterras al menor, el de ojos claros le pasó al otro la bonita taza de té para que más que fuera Hizaki pudiera tomar algo. Suponía que debía estar hambriento, ya que cinco días sin comer debía de ser algo casi insoportable.

Pero no estuvo todos esos cinco días durmiendo.

Todos los días el castaño susurraba palabras sueltas mientras deliraba. Abría sus ojos y busca a su alrededor llamando por “mamá” y decía cosas como: “ten cuidado”. Él le daba pequeñas cucharadas de té de diferentes sabores para que mantuviese el azúcar en buen estado, y no tuviera bajones ni subidas que le pudiesen causar la muerte. Revisaba con frecuencia la pierna derecha del joven, sin embargo no quería ni se atrevía a mirar la izquierda. Le peinaba el pelo todos los días y lo perfumaba con colonias de mujer. En ocasiones se quedaba horas junto a Hizaki, lo miraba sin cansarse. No conseguía ver nada en él que lo atrajera ni mucho menos, simplemente sentía fascinación por lo cerca que tenía a otra persona.

El menor tomó entre sus manos la taza, casi cayéndose estar cuando rozó con sus dedos la helada piel del contrario. Quería hacerle preguntas y recibir respuesta, pero le resultaba difícil formar una simple frase.

El misterioso hombre tomo el borde de las sábanas y mantas y los echo hacia un lado, dejando la pierna derecha de Hizaki al descubierto. Este por su lado, sintió como su cara se ponía roja de nuevo.

—La inflamación ha bajado —susurró el extraño mientras tocaba su tobillo y rodilla—. ¿Qué os pasó para que llegarais a mi castillo en aquellas fatales condiciones?
—No es de su incumbencia —contestó.

Lo menos que el muchacho quería era contar su trágico suceso. Sabía que le había respondido de mala manera a una persona que lo había ayudado cuando pensó que quizás moría y lo había cuidado todos aquellos días. Pero era la vergüenza a decir que había estado a punto de ser violado y humillado para después ser asesinado, lo que hacía que contestase de aquella forma tan grosera.

—Si no me lo decís por las buenas, lo sabré por las malas —dijo en tono amenazante el extraño.
—He dicho que…

La taza desapareció en cuestión de segundos. Sus manos fueron apresadas por las muñecas y subidas hasta ambos lados de su cabeza a una velocidad casi inexplicable. El peso del otro aplastó con suavidad no sólo su cuerpo, sino sus labios también. Por más que intentaba forzarse, Hizaki no podía con toda la fuerza que el hombre estaba ejerciendo sobre él, y mucho menos con la fragilidad que sus labios estaban siendo besados.

Una a una las escenas de lo que el bello castaño había vivido se fueron proyectando en la mente del de ojos claros, quien entendió el por qué de que el chico no quisiera decir nada. Por sus venas corrió la misma ira que Hizaki había sentido, no porque él la estuviera sintiendo realmente, sino porque también podía sentir lo que sentían los demás en algún momento o en algún lugar.

Hizaki tenía sus ojos bien abiertos de la impresión, aunque ya se habían consumido todas sus energías al intentar forcejar el agarre. No sabía ni siquiera cómo se sentía. Primero porque estaba totalmente desnudo, entre sábanas de terciopelo rojo, con un hombre más que misterioso y aterrador —y que no conocía de nada— sobre sí besándolo. Y segundo porque sentía que su cuerpo no aguantaría más, o bien se echaría a llorar o pegarle al ajeno en cuanto la fuerza disminuyera, o sucumbiría de nuevo y estaría otros cinco días dormido. Con Gackt pudo defenderse, pero aquella fuerza era sorprendente. Sin embargo no conseguía herir sus muñecas ni nada semejante. Era algo simplemente raro.

Los fríos labios ajenos se sentían tal cual como en su sueño, o para su maldita suerte, incluso mejor. A pesar de que no era un beso deseado por Hizaki, no podía negar que prefería esos labios helados y morados a los de Gackt. Se atrevía a jurar que incluso la saliva de aquel hombre era dulce, a comparación con la del otro cerdo. Los besos del niño mimado de familia rica eran sucios, groseros, ordinarios y de mal gusto. Y por mucho que lo intentara de disimular, en el fondo Hizaki se sentía mal de que hubiese sido Gackt el primero en besarlo, más de aquella manera. Podía incluso sentir la repulsión que le causaba de tan solo recordarlo.

Dejó de sentir la presión sobre sus labios, y tan rápido como se dio cuenta abofeteó la mejilla del contrario con fuerza, y subió las sábanas hasta taparse de nuevo. El extraño giró su rostro con brusquedad, cambiando sus ojos a un azul más llamativo. Pero extrañamente se logró contener, levantándose.

—Tenéis prohibido levantaros hasta que estéis mejor —habló encaminándose a la majestuosa puerta.
—Pero he de volver. Mi familia debe de estar preocupada, y…
—No —dijo de manera cortante.
—¡¿Cómo que no?! —gritó—. ¡No sois nadie para impedirme volver a mi casa!
—Ahora estáis en mi castillo —Giro el manillar de la puerta—. Aquí se hace lo que yo digo. Además, debéis de estar agradecido. No todos salen con vida de una experiencia como la vuestra. Os salvasteis de ser violado y asesinado, y yo os he cuidado. Me debéis un favor, y lo pagaréis con vuestra compañía. —susurró lo último.

Hizaki quedó por un momento perplejo ante lo que el hombre sabía, pero de igual manera no se calló.

—¡¿Encerrado en esta habitación?!
—Podría ser peor, Hizaki.
—Al menos decidme como os llamáis. Sabéis mi nombre, exijo saber el vuestro.
—Louis. Pero en las leyendas que seguramente os han contando, soy conocido como Kamijo.

Salió de la habitación y cerró la puerta tras de sí con un leve golpe. Hizaki oyó la llave girarse y el fecho cerrase. Tomó la cucharilla color plateada de la taza y la lanzó con todas sus fuerzas en dirección a la puerta ya cerrada. Esta acción hizo despertar de nuevo el dolor en sus músculos, pero antes de intentar tranquilizarse tomó el racimo de uvas y lo devoró en cuestión de pocos minutos, pese a que esta fruta no era de su total agrado.

—Kamijo —susurró acurrucándose en las sábanas.

Recordó la historia que su abuela le había contado y abrió sus ojos de inmediato. Ya no sólo era su sueño y la misma sombra en la pared. Pues Kamijo era el mismo nombre que tenía la bestia a la que todos en su pueblo temían.


~~

No sé, me está gustando muchísimo escribir este fic, más que nada porque ellos no se llevan bien. ¡Eso es divertido! Acostumbrada a que en mis Fic —y en casi todos los que hay— a que ellos sean puro amor, esto hasta es muy entretenido.
Se que gozaron con el inicio, a mí no me engañan (¿) Gocé hasta yo xD Es sexy imaginarse la mano de Kamijo pasearse por el muslo de Hizaki, muy sexy —babea—. Yo me lo imagino todos los días D: xD Enserio que sí ~
¡¡Gracias por leer!!

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Re: Bewitched Rose

Mensaje por Shizuka Miwa (Queena) el Dom 24 Nov - 1:05

jaja, nos conoces princess xD si lo amé locamente!!! yo quiero que Kamijo me rescate!
Hiz, yo sé que lo uieres a mi no me engañas x3

y que crees?...
te lo agradezco mucho!!! gracias a tu fic la inspiración para seguir el mío ha regresado!!!

sigue rosa!!! sigue!!! amo locamente tu fic
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Re: Bewitched Rose

Mensaje por Gekkakou el Vie 13 Dic - 20:36

wooo......  :Flower_For_You: en verdad me encanto y demasiado 
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Re: Bewitched Rose

Mensaje por Geneviev el Sáb 18 Ene - 21:32

¡Siento mucho haber desaparecido por tanto tiempo!
Veréis, se me juntaron los exámenes de fin de trimestre, las navidades, y el nacimiento de mi nueva sobrinita ♥ y para colmo de males ya retomé las clases y tengo nuevos exámenes prontos.
Gracias por haber sido pacientes y esperar mi actualización ♥

~ ~

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Capitulo VI – Venganza

Endureció sus mandíbulas al apretar sus dientes. Frunció las cejas y volvió el azul blanquecino y cristalino de sus ojos más obscuros de lo normal. Apretó un poco sus puños, arrugando el papel que yacía en una de sus manos. Y allí, parado en la puerta, miró hacia la esquina derecha del final de la habitación. En ella se encontraba el suave y esponjoso edredón de terciopelo rojo hecho una autentica bola, y el ondulado y castaño cabello de su único huésped sobresaliendo por uno de los lados. Estaba cansado de decirle y repetirle que el suelo no era lugar para dormir, más no entendía cual era la obsesión del muchacho por dormir siempre en aquella esquina si en la cama se mantendría más cómodo y caliente. Bufó molesto y soltó el papel sobre el colchón de la cama para encaminase por quién sabe qué vez a dicha esquina y recoger el dormido muchacho.

Podía sentir su respiración tranquila y deducir que por primera vez después de muchas noches no tenía pesadillas. Kamijo estaba cansado de que el muchacho siempre se despertara de golpe, gritando y llorando. Le gustaba el silencio, y aquel humano malcriado molestaba su tranquilidad. Ni siquiera, las veces que lloraba, lo hacía calmadamente y esto era algo que le desesperaba. Aunque estaba seguro de una cosa, y era que a pesar de llorar en sueños, era duro de soltar una insignificante lágrima despierto con aquel carácter tan fuerte e insoportable.

Se agachó y pasó uno de sus brazos por donde sabía que estaban las rodillas de Hizaki, para colocar el otro en la espalda de este y levantarlo. El edredón rojo semi-cayó dejando gran parte del denudo cuerpo del joven descubierto, como sus piernas y gran parte de su torso. Su enorme pelo también caía en todas las direcciones, y el tatuaje de la rosa se mostraba más que reluciente en aquella blanca piel. Aún en sueños, el menor se irguió un poco y como quien sabe que lo cargan, se sujetó al mayor rodeando su cuerpo con uno de sus brazos y acurrucándose más contra él, sin despertar. A pesar de esta cercanía, Kamijo ni se inmutó y tampoco bajó su mirada al joven que dormía plácidamente en sus brazos. Hizaki le era simplemente indiferente. Un humano más con un trágico suceso que marcaba su vida y un carácter difícil, nada fuera de lo común.

Lo depositó en la cama, en la cual las sábanas se tendieron y ordenaron por si solas tras ser observadas por los poderosos ojos de Kamijo. A regañadientes, el muchacho soltó el agarre que tenía en el cuello del mayor y se dejó caer en la cama, para luego ser cubierto por las sábanas y el edredón. El mayor observó que temblaba un poco y se cubría a más no poder para intentar mantener el calor.

Se dio la vuelta y se encaminó al majestuoso armario de manillares dorados que había en el fondo de la habitación. Lo abrió despacio, evitando que las puertas hicieran cualquier ruido que despertara a la fiera. Los elegantes y hermosos vestidos yacían todavía colgados en sus respectivas perchas, esperando para ser lucidos de nuevo. A diferencia de la última vez que fueron vestidos y lucidos por alguien, ahora estaban polvorientos, pero esto no quitaba lo lujosos y valiosos que se veían. El extraño ser, sacó un par de mantas de punto y piel de animal sin pararse a mirar los bellos ajuares y vestidos, cerrando después las puertas. Se acercó de nuevo a la cama sacando el edredón, dejando así al pobre chico tiritando. Extendió mejor las sábanas de franela hasta sus hombros y luego colocó las dos mantas, poniendo el edredón encima de ellas de nuevo. Se fijó en que algunas de las almohadas estaban esparcidas por toda la cama, y las colocó acomodando mejor a Hizaki.

Maldijo por lo bajo observando al humano, pues a pesar de que prácticamente no lo soportaba, no podía evitar cuidarlo y preocuparse por él. Se veía tan relajado mientras dormía que por un momento pasó por su mente el querer dormir de nuevo, pues incluso ese pequeño placer ya era desconocido para él. De alguna manera deseaba volver a experimentar aquella incomodidad al despertar y que el sol diese justamente en su cara, y el malhumor al tenerse que levantar temprano.

En un papeado había ido a la mesa donde había dejado el papel, lo había cogido y ya yacía sentado de nuevo en la cama con el papel en mano.

Era una esquela funeraria. La había encontrado a orillas del río por la mañana. En ella estaba dibujada la foto del muchacho que dormía plácidamente. Al principio no se lo podía creer, ya que estaba más que seguro que ni siquiera había ido en su búsqueda lo suficiente, aunque también sabía que no lo encontraría. Bajo el dibujo había una pequeña biografía del joven, dónde ponía su edad y poco más. A Kamijo le resultó un tanto sorprendente el hecho de que sólo tuviese diecinueve años, aunque ahora que lo miraba dormido se notaba bastante que sus rasgos eran muy jóvenes. Unas palabras dichas por su familia se encontraban a continuación, y por último nombres de personas que daban sus condolencias a su familia. Pero de todos los que había, sólo miró uno. Uno que recordaba haber oído nombrar a Hizaki cuando hablaba en sueños. Gackt.

Dejó el papel de lado, y apoyó cada una de sus blanquecinas manos a cada lado de la cabeza del felino salvaje, y sin pensárselo dos beses unió sus fríos labios con aquellos tan cálidos y suaves. Intentaba buscar en las memorias de Hizaki aquel nombre, pero algo estaba interfiriendo. Abrió un poco sus ojos, y ahí estaba el problema. A pesar de que Hizaki estaba totalmente dormido, sus brazos estaban alrededor de su cuello y sus labios se movían contra de los suyos buscando un mayor contacto. Kamijo rodó los ojos y bufó molesto, ya que aquello lo sentía repugnante. La saliva del menor era caliente, y al roce con sus labios fríos no era muy agradable que digamos. Hizo un poco de presión en los labios ajenos y los mordió con sigilo, notando como dentro de su sueño el joven muchacho se molestaba y dejaba de querer besarlo.

A medida que los recuerdo eran procesados a su ser, iba haciendo de aquel beso de sólo un roce uno más intenso. Podía ver una pastelería que lucía acogedora e incluso sentir el dulce olor a pásteles que amena en ella. Se escuchaba la voz de Hizaki, pero de alguna forma no entendía del todo lo que decía, más bien parecía que cantaba. Pudo sentir el leve sonido de un cascabel y el rechinar de una puerta al abrirse. El cuerpo de Hizaki estaba tenso en el recuerdo y pudo sentir como el ambiente se tornaba desagradable, molesto. Junto a dicha puerta había un hombre un tanto alto de pelo oscuro y ojos azules. Aquel hombre se veía arrogante y la forma en la que le sonreía a Hizaki no era nada grata. El sujeto se acercaba al pastelero y fue entonces cuando los ojos de Kamijo se volvieron a abrir de par en par, pues aquel hombre era el mismo que había intentado violar y asesinas a su huésped.

Se frotó un poco sus ojos he hizo el último intento volviendo a besar al joven.

<<—¡Gackt! ¡Que sorpresa teneros por aquí!>> Una mujer con un parecido muy similar a Hizaki se acercó al hombre sonriéndole. Kamijo también sintió un aura no muy severa por parte de esa mujer, y de golpe abrió los ojos.

Se sentó en la cama y miró de reojo al muchacho dormir. Por un momento sintió pena por él. Prácticamente era un niño al que habían puesto en bandeja de plata a las garras de una bestia; pues si bien él también era un ser despiadado y conocido como bestia, estaba seguro que nunca se atrevería a ponerle un dedo encima a alguien con la intención con la que Gackt lo había echo. Ahora él sabía dos cosas. La primera; quien era el hombre que había casi abusado de Hizaki y tenía planes de asesinarlo. Y la segunda; que vengaría al muchacho.

Pese a que la relación entre ellos no era nada buena —y dudaba que algún día lo fuera—, lo que Gackt le había querido hacer a Hizaki era algo inhumano. Y lo mejor era que tenía una gran idea para vengarse.

Se levantó de la cama, de nuevo cruzando la habitación hasta llegar al armario. Abrió las puertas de par en par, y con sólo una mirada de sus endemoniados ojos todos los vestidos se sacudieron a la vez, desapareciendo el polvo después. Un destello rojo viajó entre ellos en todas las direcciones; perfumándolos así de un embriagante y seductor aroma a rosas.

Kamijo buscó entre ellos uno que luciese digno de una ocasión especial. Rebusco y los examinó uno por uno. De alguna forma le dolía ver los vestidos, más recordar a la persona que una vez los llevó. Rodó sus ojos a un cuadro de los que estaban en la pared, el cual era cubierto por una gran sábana blanca. Se sintió melancólico al recordar a la persona que estaba pintada en su lienzo, y por un momento no pudo creer que hubiesen pasado tantos años desde que todo había ocurrido.

Tomó un vestido que en su parte delantera era de un azul apagado y no muy claro, pero en lo que era su cola —la cual era un tanto larga—, costados y mangas los colores revivían en una bonita tela con flores grabadas en sus hilos. Los bordes del vestido eran de colores que hacían juego con las telas. Era adornado con un lazo a la altura de su cintura que tenía en su centro pedrería brillante y reluciente. Con dos lazos a cada lado de las mangas —las cuales terminaban en unas bonitas campanas de volantes— y otro en su espalda baja. Rebuscó dentro del armario en un gran baúl de terciopelo rosado que guardaba miles de joyas; cada una en su respectiva caja. Escogió un collar lleno de hermosas piedras preciosas y unos pendientes a juego. Después volvió a mirar los vestidos y sacó uno azul claro, un abrigo que parecía complementar, blanco con líneas azules. Tenía algunos adornos en su corsé y unas mangas largas y abrigadas. También sacó un juego de lencería que servía como ropa interior, y sin más cerró la puerta del armario.

Se acercó nuevamente a la cama donde Hizaki descansaba y dejó a los pies de esta el último vestido que había sacado y la lencería, esperando que el muchacho se diese cuenta de que lo ponía allí para que se lo pusiera, no para que le armara un posible alboroto.

Sin más, salió de la habitación cerrando con seguro la puerta.

El castillo era sumamente obscuro y frío, pero era más que obvio saber que hubo una vez en la que no fue así. Ahora las telarañas y el polvo se habían apoderado de cada candelabro, mueble, cuadro, espejo, adorno… Toda la elegancia que una vez había tenido se había esfumado una efímera noche de invierno, junto con él y todo lo que un día tuvo y quiso con todo su ser.

Cruzó por varios pasillos sin necesidad de luz hasta que llegó a una puerta que se encontraba entre dos bellos ventanales parecidos a los de la arquitectura gótica, girando el manillar y oyendo como la puerta hacía un ruido agudo debido a su estado, e ingresó en la habitación.

Al lado de la del humano, aquella habitación cambiaba totalmente. La penumbra era la principal protagonista allí. Cargada de una enorme inquietud que estaba acompañada de un tono triste y sin luz. Cortinas rasguñadas y vidrieras rotas, sin un bonito papel de pared y con esta más que dañada. Sólo sus ojos podían divisar donde estaba cada mueble u objeto, ya que a ojos normales allí simplemente no se podía ver nada. Sin embargo, una apacible luz roja provenía de detrás de una de las cortinas que colgaban del techo. Era una luz emblemática, sumamente seductora y de un rojo sangre. El aroma a rosa y sangre se mezclaba en aquel lugar, justo detrás de dicha cortina.

Kamijo soltó de lleno las cosas sobre una vieja cama, que se hallaba sin sábanas ni mantas, simplemente en un simple colchón malgastado y polvoriento. Caminó hasta la cortina y la corrió un poco, observando lo que esta escondía.

De las maderas rotas del suelo brotaba un tallo tan verde que parecía hecho de esmeraldas. Las espinan que lo decoraban se veían más que puntiagudas y finas al igual que las hojas. Su hermosa corona roja se complementaba por finos pétalos parecidos a rubís, pero de un aspecto aterciopelado y suave. En su centro los pétalos eran sustituidos por un líquido carmesí obscuro; sangre. Toda la majestuosa rosa que estaba protegida con un aura de luz roja y destellos blancos, formaba una copa que contenía la sangre de Louis, más no la de Kamijo. La sangre que una vez había corrido por las venas de un hombre enamorado de una hermosa mujer. Una mujer que lo de hermosa también lo tenía de cruel y despiadada. Una mujer que atormentaba sus recuerdos y por la cual ahora estaba cargando con una maldición que él no se merecía. La odiaba, pero su amor por ella no se había esfumado, y dudaba que algún día lo hiciese.

Cerró la cortina con rabia y bufó molesto llevando las manos a su largo y ondulado pelo.

Se sentía cansado de todo aquello. Estaba harto de su mísera existencia y vida, y lo peor era que no podía morir de ninguna manera. No tenía nada por lo que seguir en pie y aún así lo hacía, ni siquiera el mocoso que dormía en una de las habitaciones de su majestuoso castillo en ruinas le hacia gracia en ningún sentido. Se arrepentía por momentos de haberlo acogido allí…

<<Era otro día de un aburrido invierno, como todas las estaciones en sí. Leía al pie de una vieja chimenea uno de esos libros que no te cansas de leer, pero que él ya había releído una y mil veces. Aunque a simple vista parecía que su cabeza estaba en el lugar que los reglones estaban no era así, seguía pensando en lo mismo de siempre, dándole vueltas a un asunto que no merecía la pena.

El dulce aroma a juventud fue la gota que derramó el vaso, desviando la mirada por completo de los párrafos que narraban tal maravillosa historia y fijando su mira en uno de los grandes ventanales. Inhaló de nuevo el embriagante olor. Un aroma exquisito, con una mezcla de dulzura y un toque de dificultad. Más que el aroma de un perfume, el de un veneno. No podía dudar, que de donde fuera que viniera ese olor, sin duda alguna era una bestia difícil de domar. Pero no una bestia cualquiera, una hermosa. Pues aroma tan puro y a la vez tan bravo no podía pertenecer a cualquiera.

No aguantó más y dejó el libro de lado acercándose a la ventana. Sus ojos viajaron por el paisaje, hasta que se toparon con una joven que intentaba cruzar el puente que llevaba a la entrada de su hogar. La miró, y en aquel momento se juró que podía mirarla un millón de veces más, hasta tal punto de ni siquiera sacarle los ojos de encima.

—Fascinante —dijo sin dejarla de mirar.

Podía apreciar desde donde estaba su blanca piel y su pelo castaño. Decir que sentía su miedo era quedarse corto, pues el sin fin de sensaciones que le causaba eran inexplicables. Parecía haber una unión entre ellos, algo que los mantenía conectado aunque el pastelero no lo pudiera sentir. No supo cuanto tiempo estuvo perdió en ella, pero pasados unos momentos un grito lo alteró, llegando en un par de segundos a la puerta principal.

Giró el manillar y la abrió decidido a salir en la búsqueda de la tan bella dama, pero cuando se dirigía a hacerlo se echó para atrás, quién sabe porqué. Se escondiendo en las sombras que las altas horas de la tarde ya le otorgaban. Sin embargo, cuando la hermosa doncella abrió la puerta, todo cambió. Se recriminó a sí mismo por no haber visto antes las condiciones n las que esta se encontraba. Parecía moribunda y llena de dolor. Quiso acercarse cuando la mujer pidió ayuda, pero no s ele pasó por la mente torna el color de sus ojos un poco más natural, por lo que esto alteró a la dama, cayendo desmaya al momento.

La tomó entre sus brazos con fuerza antes de que el golpe llevara, y la tumbó con cuidado en el suelo.

Tenía algunos mechones de pelo castaño ante su pálido rostro, los cuales apartó quedando anonadado con tal belleza. No recordaba cuando había sido la última vez que sus ojos habían tenido el gusto de contemplar semejante obra de arte. Llevó sus ojos al ropaje ajeno, observando como la sangre se apoderaba de el. Estaba prácticamente destrozad, sucio y faltaban pedazos de la tela. Una de las piernas de la joven estaba al descubierto, y sin importarle si era insensato o no, guió su mirada hasta ella, contemplando las cientos de heridas que tenía en su piel.

Aquella mujer había sufrido de una forma horrible, de eso estaba más que seguro.

Se levantó con cuidada la vez que la tenía sostenida entre sus brazos. Cerró la puerta del castillo con uno de sus pies y se encaminó escaleras arriba, por primera vez en bastantes años caminando de manera tranquila para no hacerle más daño. Aquel cuerpo se sentía cálido, perfecto entre sus brazos.

Tardó en decidir en que habitación hospedarla, hasta que eligió una.

Con sólo una mirada la puerta se abrió y las sábanas de la cama se sacudieron por sí solas hasta quedar como nuevas. La recostó con cuidado, como soltar una pluma sobre una superficie de algodón. Después de mucho tiempo sin hacerlo, prendió la chimenea de esa habitación, más no observó el lugar en sí. Los recuerdos era mejor que se quedaran latentes en sus memorias.

Calentó agua en un cuenco de hierro y lo depositó junto a la cama, cerca de un trozo de tela limpio.

—Hermosa —susurró acariciando la mejilla de la joven.

Lo primero que hizo fue retirar los zapatos de la señorita, las joyas y lo que quedaba de adornos en su pelo. Después encaminó sus manos hasta el cierre de su vestido, desasiéndolo con agilidad y retirando la parte superior, quedando perplejo con lo que había acabado de descubrir. No había pechos… En su lugar, un blanco torso sin músculos definidos, pálido como la nieve.

Kamijo recapacitó un momento y todo lo que había pensado con anterioridad sobre la “hermosa dama” se esfumó.

Limpió con desagrado sus brazos, torso y cuello. Tragó saliva cuando se dispuso a retirar lo que quedaba de la falda, teniendo él mismo que sujetas las piernas del muchacho para ayudarse a retirarla más fácilmente.

Se dio cuenta de que una de sus piernas estaba en estado grabe, por lo cual soltó la liga que lo unía a su prenda interior y retiró las medias, sin saber como se sentía realmente cuando sus gélidas manos rozaron la suave piel de esta. De nuevo, la limpio con cuidado, encontrándose con problemas en algunos tendones y un ligamento a punto de romperse en su rodilla. Tenía parte del hueso del fémur un poco estallado, un tobillo doblado y su piel más que herida. Se dispuso a curar los tendones y desdoblar el tobillo. En lo otro, inyectó con una ajuga hiervas curativas mezcladas con un poco de su sangre, sabiendo que esto dejaría sus huesos como nuevos.

Cuando se dispuso a atender la otra pierna del joven se aterró por segundos. No por el hecho de que quizás estaba peor que la otra, lo cual no sucedía, sino por aquel tatuaje, que enmarcaba a la perfección la misma rosa que estaba oculta en sus aposentos.>>


Tras recapacitar y recordar sobre el día que conoció a Hizaki, se volvió a replantear la situación llegando al punto en el que admitía que en realidad no había cometido un error en hacer lo que hizo. Si no hubiera sido por él, el pastelero ahora estaría muerto, probablemente los lobos se lo hubiesen comido o saber qué cosas. Tampoco negaba el hecho de que cuando lo vio, realmente se sintió fascinado por semejante belleza, pero que eso había cambiado nada más descubrir su verdadero sexo. No obstante, estaba casi seguro de que nunca podría llegar a congeniar con Hizaki, ese carácter tan fuerte simplemente lo hartaba.

—Y ahora voy a hacer lo que voy a hacer… —Se dijo para sí mismo y no pudo evitar reír un poco.

Intentó dejar atrás sus pensamientos melancólicos y se sacó su largo abrigo negro de cola. Acto seguido desabrochó su camina y la lanzó quién sabe dónde. Su cuerpo no era del todo con musculatura definida, ni de esos que provocaban suspiros nada más verlos, sin embargo no estaba de nada mal.

Tomó el elegante vestido entre sus manos y como pudo se lo puso. Le parecía complicado incluso encontrar las mangas. Ajustó su cierre en forma de corsé, y acarició la tela por encima de su vientre sintiéndose más que extraño. Dio unos pasos por el lugar para verificar que no tropezara con tanta tela, y una vez esto aprobado se sentó ante el espejo roto de su guarida.

Maquilló sus labios de un rojo intenso con un fino pincel, definiéndolos por fuera para hacerlos más grandes y de parecencia carnosa. Aplicó una base de polvo para que su piel adquiriera un color no tan pálido y aplicó un poco de colorete en sus mejillas. Lo que más le costó de aquello fueron sus ojos, el hecho de que cuando uno quedaba bien el otro quedaba mal lo estaba empezando a enfadar, pero no se rindió hasta que lo consiguió. Tomó su pelo entre sus manos y con pequeñas pinzas fue formando un bonito peinado de ondulaciones rubias, dejando algunas cayendo por su hombro izquierdo. Colocó unos guantes azules y las joyas, para dar su toque final con una capa también azul que <<protegería a la dama del frío>>.

Rebuscó entre la oscuridad hasta dar con un baúl, en el cual aún guardaba el vestido y las joyas con las que Hizaki había llegado a su castillo, tomando un trozo de tela entre sus manos y cerrándolo después.

Se miró al espejo por última vez, y sonrió forzosamente intentando hacerlo como una mujer.

A los momentos cruzaba el puente completamente nevado de su hermoso castillo, con dos objetivos en mente: El primero llegar a la aldea donde vivía la familia de Hizaki. Y el segundo dar con el famoso Gackt.

- - -

Tengo las fotos de los vestidos, pero no como link, así que desde que pueda los pongo por aquí, o en las notas del capítulo cuando suba el próximo...
Quiero aclarar, como siempre, que aunque parezca que en los recuerdos de kamijo parece enamorado de Hizaki no lo está. Tampoco por lo que hará próximamente, que será muy divertido.
Como podréis ver, no puse que la rosa estuviera enuna vidriera de cristal ni nada similar, de hecho sólo es la idea básica. Puede que en el próximo capítulo salgan nuevos personajes, al igual que la película de Disney, aquí también pueden que hayan personajes secundarios, no al estilo taza y tetera pero sí xD
Tenía algo más que decirles pero no lo recuerdo ._______.
Gene~
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Re: Bewitched Rose

Mensaje por Shizuka Miwa (Queena) el Dom 19 Ene - 1:02

Rosa!!! muero por tu fic! ya me imagino que es lo que el travieso de Kamijo hará
espero el siguiente con ansias!

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Re: Bewitched Rose

Mensaje por Gekkakou el Dom 19 Ene - 17:41

waaa......si es correcto lo que pienso lo que hará kamijo no puedo esperar por el sig. cap. esta muy bueno :Big_Hello:
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Re: Bewitched Rose

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